El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria que coordina el Instituto de Salud Carlos III esperaba, basándose en las estadísticas de años anteriores, que en Castilla-La Mancha muriesen 1.303 personas entre el 14 de marzo y el 7 de abril. Eso habría sido lo normal, lo previsible, en un mundo sin coronavirus y sin una pandemia extendida por España. Según los datos del MoMo -que se creó para controlar los efectos de las olas de calor-, sin embargo, las muertes notificadas en ese período fueron 3.998. Un desfase trágico de 2.686 defunciones que no alcanzan a explicar las muertes por coronavirus notificadas a diario por el ministerio de Sanidad, que en Castilla-La Mancha fueron ‘solo’ 1.249 en ese tramo de 25 días.

Eso deja, únicamente allí, 1.437 muertes huérfanas de explicación, que no son oficialmente víctimas de la pandemia pero que tampoco responden a ningún otro patrón lógico. No hay accidentes laborales, la mortalidad vial está reducida al mínimo. Un daño colateral del colapso sanitario al que aboca el virus es que las Urgencias puedan dejar de atender, o atender más lento, otras necesidades médicas. Pero eso no explicaría en ningún caso una explosión de más del 100% en la mortalidad esperada en una comunidad autónoma.

El enorme baile de números en Castilla-La Mancha se reproduce también en Castilla y León. Los registros de Madrid están colapsados y los desfases se observan igualmente en Valencia, Navarra o el País Vasco

La información recabada a iniciativa propia por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha es contundente. Durante el mes de marzo murieron 965 personas con un diagnóstico de coronavirus confirmado. Y otras 956 con síntomas sospechosos y compatibles con la enfermedad, pero que no habían sido diagnosticados. Sanidad, que recaba a diario los datos que le trasladan las Comunidades Autónomas, sólo toma en cuenta a los primeros y no incluye en las estadísticas oficiales a los segundos. «España no puede notificar casos que no estén diagnosticados porque estaría incumpliendo los protocolos», explicaba este miércoles en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados el ministro Salvador Illa.

Efectivamente, sin test masivos -que se han comenzado a distribuir esta semana- ni análisis postmortem es imposible clarificar las estadísticas ni tener una imagen precisa de la dimensión de la tragedia. Es equivocado asumir que todas esas 956 personas fallecieran tras contraer el coronavirus porque la insuficiente respiratoria es una causa común de muerte. Pero es igualmente falaz pensar que ninguna de esas 956 personas murió con una infección por el Covid-19 que no fuese detectada. Sin embargo, es la primera postura la que guía -por el momento- los datos oficiales.

Aunque preguntada por el tema la ministra portavoz, María Jesús Montero, trató de hacer ver que se trataba de un desfase «puntual» en una Comunidad Autónoma, lo cierto es que ni mucho menos es un problema único de Castilla-La Mancha. Lo sabe el ministerio de Justicia, que ha reclamado a los registros civiles la información actualizada sobre todas las licencias de enterramiento desde el pasado 14 de marzo. Pero eso no solucionará nada. Los muertos están muertos, en muchos casos ya enterrados o incinerados y los test llegaron tarde para ellos. Las defunciones ‘sospechosas’ o ‘con síntomas compatibles’ permanecerán así, salvo improbable redefinición de los casos.

Retraso en los datos de Madrid

Este mismo miércoles, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, confirmó que en las residencias de la Comunidad de Madrid han fallecido 4.750 personas entre el 8 de marzo y el 8 de abril. Lo habitual en un mes ‘normal’ es en torno a 1.000. De esas muertes, sólo 781 personas fallecieron con un test positivo por coronavirus. Otras 3.479 murieron con síntomas compatibles con la enfermedad, pero sin diagnóstico confirmado. Como en el caso de Castilla-La Mancha, esta enorme cantidad de personas tampoco entrará en las estadísticas por la tardanza en detectar a los positivos y por la imposibilidad de hacerlo ahora. Sólo esta semana el Gobierno ha comenzado a repartir a las Comunidades Autónomas los test rápidos con los que se pretende abordar la problemática en las residencias.

Curiosamente, según los datos del MoMo, Madrid es, junto a Cataluña, la única región en la que los datos oficiales de muertes por coronavirus ‘explican’ el desfase con la mortalidad de un año normal. El último análisis del ISCIII recoge datos para la región de entre el 10 de marzo y el 1 de abril, donde el exceso de mortalidad sobre la esperada fue de 3.918 personas. En ese tiempo murieron 4.154 personas por coronavirus en Madrid, según los datos de Sanidad. ¿Todo en orden? No: el propio MoMo reconoce un importante retraso en las notificaciones de los registros civiles de la Comunidad, desbordados por la cantidad ingente de fallecimientos.

El drama subterráneo en Castilla y León

El desfase en las cifras de muertos es dramático en Castilla y León, que vive una situación parecida a la de Castilla-La Mancha. Han muerto 3.437 personas en la región entre el 18 de marzo y el 7 de abril, 2.134 más de las que era esperable en una situación normal. En ese período han fallecido por coronavirus, oficialmente, 999 personas.

De nuevo, el saldo de fallecidos sin explicación aparente queda por encima de las 1.100 almas. Y es fácil ver la garra del coronavirus tras los números: el exceso de mortalidad registrada es de un 62,9% entre menores de 65 años, del 126,7% entre los de 65 a 74 años, y del 181,4% entre los más ancianos.

Son los ejemplos más extremos de una situación que se reproduce por toda España a distintos niveles. En la Comunidad Valenciana, los fallecidos huérfanos de explicación lógica son 319 entre el 23 de marzo y el 7 de abril. En Navarra, de 212 personas en casi las mismas fechas. Aragón (151), Andalucía (144) y el País Vasco (104) también presentan números significativos en este sentido.

En total, según el último informe del ISCIII, que ya avisa de que los datos en Madrid -también en La Rioja- no son fiables, el exceso de muertes en los períodos analizados es de 14.354 personas. 3.016 más de las que fallecieron por coronavirus, sin contar con la potencial influencia de Madrid toda vez que los datos se actualicen correctamente.

El dato, además, es parcial porque cada comunidad autónoma reporta datos de fechas distintas. Mientras que los de Castilla-La Mancha abarcan desde el 14 de marzo hasta el 7 de abril, los de otras comunidades comprenden períodos mucho más estrechos. Es el caso de Ceuta (del 28 al 31 de marzo), La Rioja (del 20 al 23), Murcia (del 27 al 31), Canarias (del 27 de marzo al 1 de abril) o Asturias (del 20 al 25).