El jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), teniente general Luis Martínez Meijide, junto a la ministra Margarita Robles.

El jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), teniente general Luis Martínez Meijide, junto a la ministra Margarita Robles. MINISTERIO DE DEFENSA

Política LUIS MARTÍNEZ MEIJIDE, jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME)

"Estamos psicológicamente mentalizados para una actuación larga"

La UME ha llevado a cabo más de 6.000 actuaciones desde que fue movilizada tras la declaración del estado de alarma para frenar la propagación del coronavirus, el desafío más importante al que se enfrenta desde su creación a finales de 2005

Han desinfectado centenares de residencias de mayores e instalaciones críticas, han trasladado a decenas de cadáveres hasta la morgue instalada en el Palacio de Hielo de Madrid, han levantado hospitales de campaña, han realizado labores de transportes logísticos y han formado sobre el terreno a voluntarios de Protección Civil y Cruz Roja. Son algunos de los servicios que la Unidad Militar de Emergencias (UME) viene prestando desde que se decretó hace casi un mes el estado de alarma para tratar de contener la expansión del coronavirus, el enemigo invisible que se ha cobrado ya la vida de más de 16.300 personas en España y que está causando la mayor catástrofe del último siglo.

La UME se enfrenta al desafío más importante al que ha tenido que hacer frente desde que, en octubre de 2005, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acordó la creación de unidad militar de alta cualificación para dar una respuesta rápida y eficaz en situaciones adversas como grandes incendios, inundaciones, nevadas, terremotos y riesgos biológicos, químicos o radiológicos. Difícilmente se podía imaginar entonces que, andando el tiempo, iba a ser esencial su concurso para luchar contra una pandemia.

«Los que diseñaron la UME hace 15 años tuvieron una visión estupenda. Tuvieron la visión de cómo organizarla, qué capacidades debía tener… Y ese regimiento de capacidades de riesgos tecnológicos y medioambientales ha sido la vida en esta misión. Es para decirles ‘chapeau’ porque lo hicieron muy bien», declara a El Independiente el teniente general Luis Martínez Meijide, al frente de la Unidad Militar de Emergencias desde que el pasado mes de octubre tomó el relevo del general Miguel Alcañiz.

La UME ha llevado a cabo más de 9.000 actuaciones desde que fue movilizada para luchar contra la covid-19, el mayor reto al que se enfrenta desde su creación en 2005

El pasado 15 de marzo, tan sólo unas horas después de que se publicara en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el real decreto por el que se declaraba el estado de alarma, el Ministerio de Defensa desplegó unos 350 militares de la UME en las provincias en las que esta unidad tiene batallones de intervención en emergencias: Madrid, Valencia, Zaragoza, León y Sevilla, base ésta que cuenta con destacamentos en Tenerife y Las Palmas. Se había puesto en marcha la Operación Balmis, en la que participan militares de los tres ejércitos, la Unidad Militar de Emergencias y la Guardia Real.

Desde entonces, unos 1.200 militares de la UME -un tercio de su dotación total- se echan cada día de media a la calle para llevar a cabo actuaciones diversas para combatir la covid-19 y ayudar a gestionar esta devastadora crisis sanitaria, superándose ya las 6.100 actuaciones (unas 270 al día). «El pueblo español ha entendido que tiene un instrumento que son sus Fuerzas Armadas. Mantenerlas es caro, pero cuando vienen mal dadas están ahí», defiende Martínez Meijide.

Integrantes de la UME, en instalaciones del Puerto de Barcelona.

No ha provincia en la que no hayan pasado ya en estas semanas integrantes de la UME, incluidas las vascas y catalanas. Sólo en Barcelona, esta unidad ha participado en la desinfección del aeropuerto de El Prat y del puerto y en la instalación de un albergue para 200 personas sin hogar en la Fira. Se trata del mismo complejo expositivo donde se celebra el Salón de la Enseñanza, evento en el que participa el Ejército y cuya presencia criticó la alcaldesa Ada Colau en 2016.

Han sido ahora los regidores de numerosos municipios catalanes los que han reclamado la presencia de los militares en esta comunidad, la segunda más afectada por el virus tras Madrid. Sin duda, los aplausos que los vecinos de Sant Joan de Vilatorrada (Barcelona) brindaron el pasado 3 de abril a los integrantes de la UME que desinfectaron un centro de atención primaria del municipio simbolizan el agradecimiento de la ciudadanía por el trabajo de estos servidores públicos con uniforme negro y boina amarilla.

Identificar el «eslabón débil»

Cuando han transcurrido más de tres semanas desde el inicio del despliegue, la UME trabaja con la mentalidad de que la intervención podría durar aún meses. «Psicológicamente estamos mentalizados para que sea una actuación larga. No es porque tenga un conocimiento claro de que esto va a durar meses, sino porque en el fondo necesitamos tener esa actitud a la hora de trabajar, de organizar el mantenimiento y los descansos. Si luego resulta que termina antes, mejor que mejor», explica el artillero coruñés Martínez Meijide, con tres misiones de paz en su hoja de servicios (Bosnia-Herzegovina, Afganistán y Kosovo) y una estancia de tres años en el Cuartel General del Eurocuerpo (Estrasburgo, Francia).

Inicialmente, las actuaciones se centraron en patrullas de presencia y labores de desinfección en aeropuertos, estaciones de tren, puertos y hospitales, dado el trasiego de personas y las probabilidades de que el virus estuviera circulando por esas instalaciones de uso colectivo. Entrenados para resolver problemas en tiempo récord, la eficacia de su actuación radica también en la rapidez para identificar en cada momento el «eslabón débil» en el escenario de actuación. Y en esta crisis uno era claramente el de las residencias de mayores.

Los aplausos de los vecinos de Sant Joan de Vilatorrada (Barcelona) simbolizan la gratitud ciudadana al trabajo de esta unidad, integrada por unos 3.500 militares

Estos centros pasaron a convertirse en una prioridad debido a los numerosos focos de contagio que empezaban a registrarse y los numerosos fallecimientos de residentes que comenzaban a contabilizarse. «Fue en ese momento un reto porque no podíamos imaginar que el problema iba a estar allí», confiesa el jefe de la UME. Y añade: «Yo creo que era la solución ideal para todos los que tenemos padres o abuelos mayores porque allí pueden socializar un poco más. Era una solución y sin querer estábamos llevando a nuestros mayores donde el virus se estaba cebando».

Para evitar esfuerzos reiterados y optimizar las actuaciones, la unidad ha diseñado una ficha electrónica en la que el jefe de la patrulla que acomete la limpieza de una determinada residencia anota toda las circunstancias con la intención de disponer de más información en caso de tener que volver a visitarla. Sin duda, este sistema se ha revelado de gran utilidad a la hora de establecer prioridades en las actuaciones y ordenar las intervenciones.

Un militar de la UME, en plenas labores de desinfección.

«Ha sido uno de los logros hacernos con este control y empezar a tener esas fichas, que se trasladan a nuestro cuartel general en tiempo real sin necesidad de esperar al final del día para analizarlas. Esa información la tiene el Mando de Operaciones, que es el que recibe las peticiones y quien ordena a dónde se va», precisa.

La Unidad Militar de Emergencias también se está encargando del traslado de cadáveres hasta el Palacio de Hielo de Madrid, convertido en morgue al no dar abasto los hospitales de la Comunidad por el cúmulo de defunciones. «A la memoria de todos vino la tragedia de Biescas [localidad oscense en cuyo campin murieron 87 personas por la riada provocada por una tormenta que desbordó el río Arás el 7 de agosto de 1996]. Se usó la pista de hielo de Jaca para clasificar los cuerpos», recuerda Martínez Meijide.

Liturgia de la muerte

Junto al de la Ciudad de la Justicia y la pista de hielo de Majadahonda, el del Palacio de Hielo es uno de los tres depósitos intermedios de cadáveres que se han acondicionado en la provincia de Madrid, la que acumula con diferencia más fallecidos de toda España: 6.084 (el 37 % del total nacional) y casi el doble de las muertes notificadas por China (3.339).

Con el apoyo del Ejército de Tierra, los militares de esta unidad se encargan de coger los cuerpos, embolsarlos, garantizar la estanqueidad, sellarlas, introducirlas en los ataúdes y trasladar los féretros en un vehículo de la UME de apariencia civil. «Los militares tenemos nuestra pequeña liturgia con los muertos y caídos y le puedo garantizar que el tratamiento que le damos es comos si fueran nuestros. El mismo tratamiento, el mismo ritual, el mismo respeto, el mismo aprecio y el mismo cariño», destaca.

El pueblo español ha entendido que tiene un instrumento que son sus Fuerzas Armadas. Mantenerlas es caro, pero cuando vienen mal dadas están ahí», dice Martínez Meijide

El teniente general Martínez Meijide no tiene dudas de que está siendo la actuación «más difícil» para la UME desde su creación en el otoño de 2005, periodo en el que ha intervenido en decenas de catástrofes tanto en España como en el extranjero. Una de esas misiones tuvo como escenario Lorca, localidad murciana sacudida el 11 de mayo de 2011 por un terremoto de magnitud Mw 5.1. Los vecinos de este municipio del Alto Guadalentín nunca olvidarán cómo se fajaron aquellos aciagos días los militares de esta unidad.

«Fue complejo pero el resto de España no lo sufrió y se volcó con Lorca. La UME entró, montó un campamento y solucionó, pero fue muy puntual. Fue muy intenso y traumático en esas primeras jornadas, pero éste es un golpe con carácter global que afecta a todos y con impacto social, económico, sanitario… Y encima a nivel internacional», razona el mando para subrayar la dimensión de la misión actualmente en ejecución.

El teniente general gallego está convencido de que la crisis del coronavirus va a reforzar el «vínculo» con la sociedad de la UME, en cuyo ideario están escritos con letras mayúsculas conceptos como ‘abnegación’, ‘valor’, ‘perseverancia’ y ‘espíritu de equipo’. «Han prometido dar hasta la última gota de su sangre por el pueblo español y estamos teniendo la oportunidad de que lo puedan ver y experimentar», apostilla Martínez Meijide.

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