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La Organización Mundial de la Salud, eje del choque geopolítico entre EEUU y China

El presidente de EEUU culpa a la OMS de encubrir a Pekín al estallar la crisis del coronavirus, y elude su responsabilidad

El director general de la OMS, Tedros Adhanom, con el presidente chino Xi Jinping.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom, con el presidente chino Xi Jinping. EFE

¿Es la Organización Mundial de la Salud un organismo al servicio de China, como ha planteado Donald Trump? ¿Por qué sitúa el presidente de Estados Unidos a la OMS en el objetivo de su ira a propósito de la crisis del coronavirus? ¿Es la OMS culpable de que la epidemia haya derivado en pandemia?

Con su anuncio de suspender la aportación de su país a la OMS, a la que acusa de encubrir datos sobre el Covid-19, renuncia una vez más a que Estados Unidos desempeñe un papel en la gobernanza global y deja el espacio libre a otras potencias, sobre todo a China. El régimen de Xi Jinping sí se ha dado cuenta de la relevancia que tiene ahora aparecer como un adalid del esfuerzo conjunto contra ese enemigo invisible y desconocido que es el coronavirus.

Pero Trump no está pensando en que Estados Unidos sea un actor global, ni en buscar soluciones comunes, como asegura el empresario Bill Gates, creador de Microsoft y ahora el mayor filántropo del mundo, que es la única vía posible. Trump tiene en su cabeza su reelección y por ello busca chivos expiatorios. Los demócratas han criticado el anuncio de Trump. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha declarado que la decisión es «peligrosa, ilegal y será desafiada próximamente».

Bill Gates, que a través de su fundación ha dedicado miles de millones de dólares a la lucha contra la malaria y otras pandemias, ha sido contundente sobre la decisión de Trump sobre la OMS.

«El mundo necesita a la OMS más que nunca», asegura Bill Gates, quien en una charla TED hace cinco años ya predijo que el mundo podría tener que enfrentarse a una pandemia en breve y debería prepararse para ello.

De hecho, las fundaciones ligadas a Bill y Melinda Gates aportan más fondos a la OMS que Estados Unidos, el Estado miembro que hasta ahora tenía una contribución mayor. A través de la Fundación Bill y Melinda Gates ha dado 531 millones a la OMS y por medio de la Gavi Alliance, dedicada a la vacunación, también de los Gates, suman otros 370 millones.

En total, 900 millones más del doble de lo que hasta ahora aportaba Estados Unidos, que aún así duplica la contribución de China. El presupuesto global de 2018-2019 de la OMS fue de 5.623,6 millones de dólares.

Con más de 622.000 casos positivos en coronavirus, uno de cada cuatro en el mundo, más de 9.000 muertos, y la economía en caída libre, Trump quiere asegurar a toda costa su reelección. Y como buen populista necesita culpables. Siempre que puede habla del «virus chino», y ahora culpa a la OMS de «encubrir» a China cuando se originaron los contagios.

No solo Donald Trump sino que otros dirigentes como el viceprimer ministro japonés, Aso Taro, han apuntado al sinocentrismo de la OMS. Aso Taro llegó a decir en su Parlamento que la OMS debería llamarse «OCS (por Organización China de la Salud)».

Había hecho caso omiso la OMS a una información procedente de Taiwán que daba cuenta en diciembre de 2019 de una neumonía atípica en Wuhan. Taiwán no es miembro de la OMS, por presión de China.

Con Taiwán el director general de la OMS ha tenido más de un rifirrafe. El etíope ha acusado a Taiwán de orquestar una campaña de difamación en su contra y les ha reprochado su racismo. La presidenta Tsai Ing-wen ha rechazado estos reproches, y ha recordado a la OMS cómo es Taiwán quien sufre discrimanación al ser excluidos de las organizaciones internacionales.

«Quiero invitar al director general Tedros a visitar Taiwán y experimentar cuán compromietidos estamos en la lucha contra el coronavirus», añadió la presidenta.

El presidente de EEUU ha recordado un tuit de la OMS del 14 de enero. Decía entonces la OMS: «Las investigaciones preliminares llevadas a cabo por las autoridades chinas no han encontrado evidencia de la transmisión entre humanos del nuevo coronavirus». Ese mismo día la Comisión de la Salud de Wuhan decía lo mismo, aunque el gobierno chino no excluía el riesgo de transmisión a humanos, si bien veía una baja probabilidad.

Tres meses después, en el mundo se han sobrepasado los dos millones de contagios, y cerca de 133.000 personas han perdido la vida. Encabeza la trágica lista Estados Unidos, seguida de Italia y España.

En enero, en Wuhan los médicos ya sabían que se transmitía entre humanos, y algunos lo sabían por experiencia propia. El doctor Li Wenliang fue acusado de expandir rumores al intentar alertar a otros colegas de la gravedad del contagio por coronavirus. Murió víctima del Covid-19 a los 33 años. Ahora China lo considera un mártir.

Seis días de mutismo chino

Según una investigación de la agencia de noticias Associated Press, el 14 de enero la Comisión Nacional de Sanidad recibió información de las autoridades de Hubei, la provincia donde se encuentra Wuhan, sobre el coronavirus, con el fin de recibir instrucciones del presidente Xi Jinping. «La situación es muy compleja y grave, el desafío más importante desde el SARS en 2003, y es probable que se convierta en un acontecimiento de salud pública relevante», dice la transcripción del documento.

Hasta el 20 de enero el presidente chino no reconoció públicamente la gravedad de los hechos. Fue entonces cuando el epidemiólogo Zhong Nanshan reconoció por primera vez que se daba transmisión entre humanos. Esos seis días pudieron ser clave para la propagación del virus.

Justo ese momento en el que China cerró los ojos a la evidencia de la que hablaban médicos como el doctor Li Wenliang coincidió con el Año Nuevo chino, un momento en el que suele haber muchos desplazamientos internos, de modo que el virus se propagó más de lo habitual.

China puso en cuarentena a Wuhan, donde viven 11 millones de habitantes, a mediados de enero, y el 22 de enero la OMS convocó una reunión de urgencia para decidir si declaraba la emergencia sobre el coronavirus. No lo hicieron. El director general, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, decidió esperar y ver.

El 28 de enero Tedros Adhanom Ghebreyesus, que fue ministro de Exteriores de Etiopía, se reunía en Pekín con el líder chino, Xi Jinping, que finalmente autorizaría que observadores de la OMS viajaran a Wuhan. Finalmente lo hicieron el 13 de febrero. La OMS había declarado la alerta global el 30 de enero, siempre con mensajes de apoyo a China.

La OMS se lo tomó con calma en un principio. Aun así, el 30 de enero ya había declarada una alerta global. Quince días más tarde, en la conferencia de seguridad de Múnich el director general de la OMS elogiaba a China por «comprar tiempo al mundo» al actuar como lo hizo contra el coronavirus.

Con más de 4.500 muertes y más de 120.000 positivos en todo el mundo, el 11 de marzo la OMS consideraba que estábamos ante una pandemia.

Los bandazos de Trump

¿Cómo reaccionó Trump? El presidente de Estados Unidos ha dado tumbos desde que empezó a saberse del coronavirus. Elogió a China en enero, luego habló del «virus chino», aseguró que todo estaba bajo control y hasta llegó a prever que el virus desaparecería gracias a un milagro.

El 29 de enero el asesor de Comercio de Trump, Peter Navarro, ya advertía del riesgo de que el coronavirus se propagara y causara cientos de miles de muertos y pérdidas archimillonarias. Navarro fue muy crítico con la OMS por su inacción, pero tampoco se escucharon sus avisos.

«La falta de protección inmune o de cura o de vacuna dejaría a los estadounidenses indefensos en el caso de que el coronavirus fuera una pandemia y se extendiera por EEUU. Hay riesgo de pandemia, lo que pone en peligro la vida de millones de estadounidenses», añadía Navarro en su nota, según informó The New York Times.

El 24 de febrero, cuando los mercados ya daban señales claras de alarma, Trump decía que todo estaba bajo control. Veinticuatro días después de la alerta global de la OMS. El 29 de febrero moría la primera persona en Estados Unidos, víctima de coronavirus. Ahora, solo en Nueva York, hay más de 10.000 víctimas mortales. Hasta el 21 de marzo el Departamento de Sanidad no hace un encargo masivo de mascarillas.

Pongan en cuarentena las acusaciones de politización en la OMS. Tenemos muchos cadáveres ante nosotros», ha dicho el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus

A las críticas de Trump, el director general de la OMS respondió el 8 de abril con un llamamiento a no politizar la organización. «Por favor, pongan en cuarentena las acusaciones de potilización en la OMS. Tenemos muchos cadáveres ante nosotros… Estados Unidos y China deberían trabajar conjuntamente para luchar contra este poderoso enemigo», dijo el etíope.

Tedros Adhanom Ghebreyesus sustituyó en el cargo a Margaret Chan, chino-canadiense, en mayo de 2017. Chan, que estuvo una década como directora general, había recibido el apoyo directo del que fuera presidente chino, Hu Jintao.

El actual director general fue ministro de Sanidad (2005-2012) y de Exteriores de Etiopía (2012-2016. La muerte de su hermano or sarampión marcó su vocación científica. Es biólogo especializado en inmunología, que tiene en su haber logros como haber mejorado el sistema sanitario de Etiopía, aunque también le critican por ocultar la dimensión de varios brotes de cólera. Milita en el Frente de Liberación de Tigray, de origen marxista.

Consiguió la elección, por primera vez con varios candidatos en liza, por 133 votos de un total de 186. Recibió el respaldo de la Unión Africana, y también contó con el visto bueno de China, que es un gran inversor en su país de origen, Etiopía.

Sin alternativas a la OMS

La OMS, creada el 7 de abril de 1948, es una organización débil, pero es lo que hay para afrontar una crisis global como la que abordamos. Su labor es apreciada en los países con sistemas sanitarios deficientes, sobre todo. Y cuenta con técnicos de gran valía. Es cierto que políticamente es muy frágil.

Desde todas las latitudes se ha respaldado a la OMS tras la acometida de Trump, que desde que llegó al poder ha dado numerosas muestras de su desprecio a las organizaciones y tratados internacionales.

Según explica a El Independiente, Gonzalo Fanjul, director de Policy de ISGlobal, financiado por la Caixa, la OMS es «vulnerable, como cualquier organismo multilateral que depende de los gobiernos. No puede trabajar un país sin permiso de ese país. Son cautos, pero no se puede decir que sea una herramienta de China más que de otros países donantes, como el Reino Unido o Francia».

Si queremos enfrentarnos con garantías a una epidemia, necesitamos una institución como la OMS o algo mejor. Si no nos gusta, es mejor trabajar para que haya una alternativa», dice Gonzalo Fanjul

Gonzalo Fanjul sí destaca que la OMS «no está al servicio de Estados Unidos, que tiene mayor protagonismo en otros organismos». Trump ha buscado, a su juicio, «una víctima propiciatoria».

«Desde el punto de vista del interés común es grave lo que ha hecho Trump… Si queremos enfrentar con garantías a una epidemia, necesitamos una institución como la OMS o algo mejor. Pero si no nos gusta, es mejor trabajar para que haya una alternativa. Lo que hace Trump debilita la estrategia internacional», añade Fanjul. «Si se trata de hacer frente a la estrategia de China, la retirada no tiene sentido. EEUU pierde capacidad de actuación».

En un debate online sobre Coronavirus, orden internacional y salud global, organizado por CIDOB e ISGlobal este miércoles, Eduard Soler, investigador del CIDOB, apunta: «No tenemos un marco de gobernanza internacional alternativo. No hay actores con capacidad para sentar las bases de un orden nuevo. El actual está más cuestionado. Hay un desplazamiento de la centralizad del poder: de Occidente al resto; de Estados Unidos a China, pero es un fenómeno que la crisis del coronavirus intensifica pero no crea». 

En ese pulso que libran de forma soterrada Estados Unidos y China la estrategia de retirada de los organismos internacionales que abandera Trump puede tener un efecto bumerán y provocar más involución en su país, especialmente cuando el desafío es tan descomunal como una pandemia que ha obligado a echar el cierre al mundo.

En un artículo titulado Una estrategia mundial contra el Covid-19, publicado en El País, Bill Gates, afirma: Llevo 20 años pidiendo a los líderes mundiales que inviertan en la salud de las poblaciones de los países más pobres, argumentando que era lo correcto, y lo es. Pero las pandemias nos recuerdan que ayudar a los demás no solo es lo correcto, sino que es inteligente… En esta pandemia todos estamos conectados. Nuestra respuesta también debe estarlo».

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