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América Latina, crónica de una pandemia a cámara lenta

El factor demográfico, el cierre al exterior, y el confinamiento explican que la penetración del virus sea todavía baja

Ecuador-coronavirus

Una mujer entra en el mercado de San Roque, en Ecuador a través de una zona de desinfección. EUROPA PRESS

«El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. En ese claroscuro surgen los monstruos». Estamos en esa fase de transición a la que se refiere Antonio Gramsci después de que la pandemia del coronavirus haya transformado la vida tal y como la conocíamos en todo el planeta. Todo comenzó en Wuhan a finales de 2019 y el Covid-19 se propagó rápidamente desde China a Italia, epicentro de la pandemia en Europa, España, Francia, Reino Unido, los principales focos de movilidad. En abril es Estados Unidos donde se concentran uno de cada cuatro contagiados en el mundo, con especial incidencia en Nueva York, la gran urbe global. La pandemia entra a cámara lenta a América Latina.

A pesar de los lazos económicos entre China y América Latina, el coronavirus llegó a América Latina desde Europa. Y desde Estados Unidos. China sigue presente con ayudas a diferentes países, así que mantiene su capacidad de influencia en la región.

En Ecuador, el país de América Latina que en términos relativos afronta una situación más grave, el Covid-19 entró a través de una inmigrante residente en Torrejón de Ardoz, Madrid, que fue a Guayaquil a pasar las vacaciones de enero con su familia. Otro foco fue en torno a una pareja de clase alta que había estado de vacaciones en Italia y luego asistió a una boda en Guayaquil.

América Latina y el Caribe han superado este sábado los 150.000 contagios. Más de 7.400 personas han muerto en la región, es decir, tres veces menos que en España. Brasil, donde habitan 210 millones de personas, figura en cabeza con cerca de 53.000 positivos y 3.670 muertos.

En número de muertos el segundo país es México, con 1.221. En Ecuador se duplicó el número de casos al procesarse miles de test antes no tratados. Hay más de 22.000 contagios y 576 muertos. Después figura Perú (21.648 contagios y 634 fallecidos) y Chile (12.858 casos, 181 víctimas mortales).

Colombia, con una población similar a la de España, y unos dos millones de desplazados venezolanos, registraba, hasta el 25 de abril, 233 muertos y 5.142 personas contagiadas. El presidente, Iván Duque, que comparece a diario para dar cuenta de la evolución de la pandemia, decretó el confinamiento el 24 de marzo, cuando aún no había fallecidos. Este sábado acaba de anunciar una desescalada progresiva.

Todo hacía prever que en América Latina la propagación sería rápida y la situación aún más dramática que en Europa o Estados Unidos. Sin embargo, y con toda prudencia, de momento el monstruo avanza más lentamente de lo esperado.

Los sistemas sanitarios nada tienen que ver con los europeos, la economía en más del 53% es informal, según la OIT, de modo que si se alcanzaran los contagios que estamos sufriendo en Europa la región sufriría los estragos del coronavirus de forma exponencial.

Hay varios factores que explican que el Covid-19 avance lentamente. Al ver lo que estaba pasando en Europa, siendo conscientes de la intensa relación con algunos países del Viejo Continente, muchos gobiernos aplicaron medidas de confinamiento y cerraron las conexiones de vuelos internacionales, especialmente con las zonas más afectadas.

América Latina se porta de forma diferente a la esperada. Hay algunas buenas noticias: sectores económicos que siguen activos y Estados que han demostrado su capacidad», dice Francisco Sánchez

«América Latina se porta de forma diferente a la esperada. Hay algunas buenas noticias: se ha reducido mucho la actividad económica pero hay sectores que todavía siguen activos. El confinamiento no ha sido tan fuerte. En otras ciudades sigue habiendo economía informal. Es cierto que hay problemas con la información que dan muchos gobiernos, y el caso más extremo es Nicaragua que no reconoce casos», afirma Francisco Sánchez, director del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca. «El escenario del susto ha pasado», remarca Sánchez.

Otra buena noticia es que hay Estados que han demostrado su capacidad para afrontar el reto como Argentina, Uruguay y El Salvador, por ejemplo», agrega Francisco Sánchez. Destaca especialmente el caso de Uruguay, donde se han unido gobierno y oposición para vencer a la pandemia.

Más jóvenes, un factor favorable

Hay otra circunstancia muy relevante que puede jugar muy a favor de América Latina. Se trata del factor demográfico. Si observamos las zonas donde el coronavirus ha hecho estragos, suelen ser regiones con alta densidad demográfica (en general, grandes ciudades), donde hay mucha movilidad, y quienes más sufren esta enfermedad de nuevo cuño son los mayores de 70 años, y quienes padecen patologías como diabetes, hipertensión u obesidad.

La incidencia en zonas urbanas y rurales será muy diferente en América Latina. En las grandes ciudades hay mayor hacinamiento, pero también los servicios sanitarios son mejores. En las áreas rurales son inexistentes, o bien la población solo acude en caso de emergencia. Hay comunidades indígenas que se han cerrado totalmente por temor al coronavirus.

Un factor negativo es la alta incidencia de casos de obesidad, muy común en muchos países latinoamericanos por las deficiencias alimentarias. México es el país con un mayor número de diabéticos y altas tasas de obesidad.

El perfil demográfico hará que haya menos muertes que en Europa. Y muchos jóvenes se infectarán pero no se sabrá: no irán al hospital», dice Alberto del Rey

«En América Latina ha empezado más tarde porque hay menos movimiento. El perfil demográfico hará que haya menos muertes que en Europa. El hecho de que se trata de una población joven significa que mucha gente puede infectarse pero lo pasará en su casa. Muchos casos no saldrán a la luz porque la gente joven no irá al hospital y no será diagnosticada. En América Latina se conocerán los datos al ver la sobremortalidad el próximo año», afirma Alberto del Rey, doctorado en Demografía, y profesor de Sociología en la Universidad de Salamanca.

Del Rey explica que, según razones demográficas, los países donde la mortalidad será más baja son los centroamericanos. Los más expuestos serían los del Cono Sur: Argentina, Chile y Uruguay.

Hasta ahora las tasas de mortalidad por millón de habitantes son mucho más bajas que en Europa: En Brasil, 17; Ecuador, 34; mientras que en Bélgica son 596 y en España, 489.

Brasil es un continente en sí mismo con sus 210 millones de habitantes y una extensión que duplica la de toda la Unión Europea. Es el país con más casos, con más fallecidos, donde se concentran las urbes más pobladas como Sao Paulo y Río de Janeiro. A ello se suma que su presidente, Jair Mesías Bolsonaro, hace gala de combatir el virus a pecho descubierto y sigue acudiendo a concentraciones populosas.

Está en guerra abierta con los gobernadores que están en contra de su total desprecio por la realidad. Acaba de perder a uno de sus ministros más representativos, Sergio Fernando Moro, el juez que dictó sentencia contra Lula da Silva y que fue uno de los fichajes estrella de Bolsonaro. Estaba al frente de Justicia.

También advierte Alberto del Rey que en América Latina los mayores viven con sus familias. No es común el recurso a la residencia de ancianos como en España. Es un factor que ayudará a reducir la mortalidad.

Mayor visibilidad de la pobreza

Uno de los grandes temores se debe a las grandes bolsas de pobreza que existen en América Latina. Según la CEPAL, la desaceleración económica puede aumentar la cantidad de pobres de 185 millones a 220 millones en una población global de 620 millones. Quienes sufren pobreza extrema podrían aumentar hasta 90 millones desde los 67,4 millones actuales.

Francisco Sánchez, en un artículo titulado América Latina en tiempos del Covid-19, afirma cómo «a pesar de la reducción de la pobreza ocurrida en la época del boom de las materias primas, América Latina sigue siendo una región profundamente desigual y no cabe duda de que esta crisis será especialmente dura con los más pobres. Hay que tomar en cuenta que se trata de personas que no cuentan con una red suficiente y efectiva de atención sanitaria por parte del Estado y que, por su carencia de recursos, ven limitada la atención en el sector privado, lo que las hace más vulnerables en el caso de contraer la enfermedad».

Sin embargo, Marta Lagos, directora del Latinobarómetro, mantiene, en entrevista telefónica con El Independiente, desde Santiago de Chile, que en realidad esta pandemia produce más igualdad. «La muerte cae a todos. Y la pérdida de riqueza afectará más a los ricos. Pocos van a terminar inmunes, que recuperen lo que pierdan, que no pierdan a nadie.. Por una parte, habrá un bajón que nivela y produce pobreza como consecuencia, pero América Latina tiene un doctorado en pobreza».

Los más pobres en América Latina perderán poco porque tienen poco que perder. Va a ganar porque por primera vez se verá desnuda su realidad», señala la directora del Latinobarómetro

Y añade Lagos: «Una parte de América Latina, 150 millones de habitantes, perderá muy poco, porque no tiene nada que perder. Va a ganar porque por primera vez se verá desnuda su pobreza y esto obligará a enfrentarla de manera mancomunada. La pobreza dejará de ser la bandera de la izquierda y pasará a ser una bandera universal». Es una visión realista a corto plazo, y optimista a medio y largo alcance.

El grave problema serán los recursos de los Estados, que irán a la baja, debido a que los precios de las materias primas como el petróleo, están decreciendo. Es una tendencia que se va a agravar, y que conlleva un descenso sustancial de los ingresos de muchos de estos países latinoamericanos.

Según Marta Lagos, «esta lucha por esta nueva época donde a la larga ganarán los que tienen menos no será gratis. Habrá protestas, habrá caídas de gobiernos, elecciones, cambios de élites, intentos de autoritarismo… son los monstruos de lo inmediato». 

A su juicio, habrá países que saldrán de forma más equilibrada, como Uruguay, Costa Rica, Chile, Argentina, mientras que tendrán más dificultades México o Bolivia.

Una crisis que pasará factura

Esta crisis es un examen imprevisto para muchos gobiernos. La mayoría de los procesos electorales han quedado suspendidos sine die. En América Latina así ha pasado con el referéndum constitucional de Chile y las legislativas en Bolivia. De momento, los ratios de popularidad no han cambiado sustancialmente.

Sin embargo, en los países más afectados, Brasil y México, sus gobernantes, Bolsonaro y AMLO, son los que pueden quedar más tocados.

«Esta crisis pasará factura para lo bueno y para lo malo. Quienes respondan bien se verán reforzados. Quienes no lo hagan pueden correr peligro. Bolsonaro puede ser una de las víctimas políticas de la pandemia. No tiene un partido fuerte, sino que depende de una coalición de intereses. Y acaba de perder a una figura clave, Sergio Moro», apunta Anna Ayuso, investigadora en el CIDOB.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, conocido por las siglas, AMLO, cuenta con más apoyos, si bien a medio plazo tendrá que hacer frente a las dificultades económicas derivadas de la pandemia. Cuenta a su favor la falta de alternativa.

La crisis da una tregua a Maduro. Ahora está mal visto presionar cuando se trata de salvar vidas. Para la oposición supone que se aborta la vía de la calle», dice Anna Ayuso

Sobre Venezuela hay opacidad en relación con los datos de contagios. «La crisis da una tregua al líder chavista, Nicolás Maduro. Ahora está mal visto aplicar sanciones y presionar en una situación en la que hay que salvar vidas. China, además, está enviando ayuda humanitaria. Pero esto no va a resolver los problemas. Para la oposición se aborta la vía de la calle», añade Ayuso.

Por un lado, de momento, Maduro no convocará elecciones legislativas, y se abre la vía a la cooperación entre chavismo y oposición sobre la vía humanitaria. «En cualquier momento, Maduro puede dar un giro y convocar legislativas. Es su estrategia: descolocar a la oposición y así dividirla», añade la investigadora del CIDOB.

Sociedades bipolares

Hay procesos que ya estaban en marcha que han quedado en suspenso. Por ejemplo, en Chile, apenas hay protestas, pero precisamente la causa sigue más vigente: las quejas eran por la pritavización de sistemas como el sanitario o el educativo.

Prevé Marta Lagos que haya revueltas, pero no hambruna. Destaca cómo se está produciendo un fenómeno interesante en América Latina. Habla de sociedades bipolares.

Los políticos han dejado de conducir. Conducen las sociedades. Los políticos siguen como hace 20 años. Pero la sociedad demanda resultados», dice Lagos

«Sucede algo extraño. La política sigue su camino como si no pasara nada y son las sociedades las que están haciendo el cambio. Los políticos han dejado de conducir. Conducen las sociedades. Los políticos hacen unas leyes, discursos, anuncios… como hace 20 años. Pero la sociedad demanda una diferencia sustantiva en resultados», comenta Lagos, que ha participado en un foro online organizado por Casa América sobre la crisis del Covid-19 en la región.

«Al político le importa el resultado para él, no para nosotros. Así no se puede liderar nunca más. Hay una brecha entre la población y el político. Son dos mundos completamente separados sin cruce donde encontrarse. Las sociedades latinoamericanas van a salir a la calle. En Chile, por ejemplo, el gobierno anunció que se iban a abrir los comercios y al final del día el grito fue tan grande que se paró la medida. Fueron las organizaciones sociales, los líderes de opinión, las asociaciones de mujeres, los sindicatos. Pararon al presidente. Pero también a la oposición la dejaron fuera de juego».

Evoca Marta Lagos a Gramsci para explicar cómo van a venir monstruos pero «la humanidad va a salir mucho mejor de esta pandemia, como ocurrió después de las dos guerras mundiales. Nos viene encima un orden mundial distinto con sociedades más maduras y más reflexivas».  

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