«Habrá momentos difíciles pero sigo siendo un europeísta convencido», sostiene Cees Nooteboom, el escritor holandés actual que mejor conoce España. Para explicar esas diferencias recurrentes entre el norte y el sur de Europa recurre a la ética protestante nórdica y a su diferencia con el estilo de vida del sur. Lo ideal sería que hubiera un intercambio mutuo. Nooteboom, que acaba de ganar el Premio Formentor, es europeo por ser holandés, y a la vez su corazón late en español. A partir de este viajero paneuropeo llegaremos a ver si hay un abismo insalvable entre Países Bajos y España e Italia, entre Mark Rutte, primer ministro holandés, y Pedro Sánchez, y Guiseppe Conte, jefes del gobierno en España e Italia. Nooteboom apunta en sus entrevistas que Europa o será unida o no será.

Los desencuentros entre los Países Bajos y los países del Sur vienen de largo en el seno de la Unión Europea. Los ministros holandeses de Finanzas se han hecho conocidos en España, a pesar de que sus nombres nos suelen resultar impronunciables.

Primero fue Jeroen Dijsselbloem, quien fuera jefe del Eurogrupo, que en tiempos de la anterior crisis en referencia a los países del Sur, dijo: “No puedo gastarme el dinero en alcohol y mujeres y después pedir ayuda”. Ahora ha sido Wopke Hoekstra, quien ha sugerido, en plena crisis por la pandemia del coronavirus, que algunos países pedían dinero para hacer frente a la pandemia por derrochadores. Y su primer ministro, Mark Rutte, le dejó hacer.

En el debate sobre el fondo de reconstrucción, que a Pedro Sánchez le gusta denominar el Plan Marshall europeo, Italia y España demandan que se financie por medio de eurobonos (o coronabonus), algo a lo que se oponen radicalmente Países Bajos y Alemania. Francia respalda a Italia y España.

En la última reunión del Consejo Europeo, el pasado 25 de abril, se aprobó la creación del fondo pero está por determinar su cuantía y si será deuda o transferencias. Alemania también rechaza los coronabonos pero es más flexible que Países Bajos y sus aliados nórdicos y bálticos.

El actual ministro de Finanzas holandés luego reconoció que había mostrado «falta de empatía». En el gobierno español quien reaccionó de forma más contundente fue la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, con un tuit que incluye guiño cinematográfico.

«Hemos chocado contra un iceberg. Ahora todos corremos los mismos riesgos. No hay tiempo para discusiones sobre supuestos pasajeros de primera o segunda clase. No es momento de defraudar a nuestros ciudadanos», dijo Laya. Y añadió: «La pandemia nos afecta a todos. A todas nuestras economías».

Al jefe del gobierno español se le ha reprochado su tibieza con el primer ministro holandés, Mark Rutte, y con su ministro de Finanzas. Mientras el líder portugués, Antonio Costa, tildaba de «repugnante» la salida de tono del ministro, Sánchez era más suave. Sánchez reconoce su cercanía con Rutte, y por ello reconoció a un periodista holandés que echó de menos «un mensaje personal» tras el comentario despectivo del ministro de Finanzas.

Lo último se ha convertido en un mensaje viral y sí ha tenido como protagonista a Mark Rutte. En su visita a un centro de procesamiento de basuras en La Haya, un empleado interpela a Rutte. «Por favor, no des ese dinero a los italianos y a los españoles», le dice, según difundió la cadena de televisión holandesa NOS. Rutte se ríe y reitera «no, no, no» para despedirse levantando el pulgar. De nuevo las espadas en alto.

Rutte se debe a su público

La imagen traslada bien cómo Mark Rutte (La Haya, 1967) y su ministro de Finanzas tienen a gran parte del electorado pendiente de lo que hagan en las negociaciones de los planes de ayuda en las instituciones europeas. Y en Países Bajos hay elecciones el año próximo. Ya en 2017 se temió que la ultraderecha impidiera repetir mandato al liberal Rutte, que finalmente logró la victoria. Lleva en como jefe del gobierno desde 2010.

Pero Rutte sabe que si acepta concesiones a España o Italia no serán comprendidas por muchos holandeses, esos que se inclinan hacia la ultraderecha en las urnas especialmente. Es tiempo de solidaridad, pero si en Países Bajos se jubilan a los 65 no entienden los planes de prejubilaciones de países como Francia o España.

En Países Bajos las pensiones no suben con el IPC, por ejemplo, de ahí que los holandeses no entenderían que se prestara ayuda a un país que la necesita pero que no introduce las reformas necesarias. Lemas como «ni un euro más fuera de nuestro país» causaron furor en pasadas elecciones.

Mark Rutte, quien quería ser concertista de piano en su juventud, ha de hacer equilibrismo entre quienes le piden que mire por los holandeses, olvidando que todos vamos en el mismo barco, y quienes desde su propio gobierno le demandan concesiones. Rutte encabeza una coalición de cuatro partidos.

Italia está arruinada. En lo que a nosotros concierne, el primer mensaje sería: vamos a ayudaros», dijo Gert-Jan Seggers, de la Unión Cristiana, en el gobierno

Dos de las cuatro formaciones se han distanciado de Rutte y de su ministro de Finanzas, Wopke Hoekstra. No van tan allá como para apoyar los coronabonos, pero se toman muy en serio las demandas de ayuda de Italia y España.

«Italia está arruinada. En lo que a nosotros concierne, el primer mensaje sería: vamos a ayudaros», dijo Gert-Jan Seggers, líder de la Unión Cristiana, en el gobierno de Rutte. El líder del liberal D66, Rob Jetten, añadió que esa mentalidad de contable amenazaba con causar «un desastre diplomático», según informó Financial Times.

Apenas unos días antes, 12 políticos italianos habían publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung una carta a página completa en la que pedían a Países Bajos solidaridad y acusaban al país de aprovecharse de ventajas fiscales a costa de otros Estados miembros.

El paraíso de las ‘empresas pantalla’

Países Bajos reprocha al Sur su afición al derroche. Es el calvinismo del Norte frente al despilfarro católico. Sin embargo, uno de los países que más se beneficia de su pertenencia al club comunitario es Países Bajos, que es el paraíso de las empresa pantalla.

En el último informe sobre la economía holandesa, la Comisión Europea señalaba cómo es sede de 15.000 empresas pantalla (o letterbox, en inglés, porque solo tiene el apartado de correos allí), que suponen 4,5 billones de euros de balance al año, seis veces el PIB de Países Bajos. También un informe del FMI apunta que es el segundo país, detrás de Luxemburgo, en entidades de propósito especial, creadas ad hoc para gestión de activos.

«El documento de la Comisión Europea menciona que el 25% de los pagos de dividendos, y el 45% de los pagos de intereses, y el 75% de los royalties van a paraísos fiscales desde Países Bajos. Los holandeses son conscientes de estas irregularidades, pero van lentos», explica Enrique Feás, investigador en el Real Instituto Elcano.

Con Irlanda las empresas practican una fórmula para eludir el pago de impuestos que se denomina el sandwich holandés. «Como en Irlanda los pagos a paraísos fiscales se permite a las empresas extranjeras dentro de Irlanda lo que hacían era un camino adicional al llevarse los beneficios a Países Bajos y luego a Irlanda. Es posible porque entre empresas europeas no hay retención», añade Feás.

A juicio del experto, es una demostración de las deficiencias del mercado único, algo que España debería apostar por cambiar.

Eficiencia más que solidaridad

Hay empresas muy conocidas que prefieren establecer su sede en Países Bajos por estas ventajas. Uno de los casos es Google. Esta multinacional desvió en 2014 unos 11.000 millone en beneficios a Irlanda y de ahí a Bermudas, a través de Países Bajos. De ese dinero, solo 2,8 millones de euros se quedaron en Países Bajos como impuestos. El beneficio es para las empresas, y las pérdidas para el país donde están las subsidiaria, según ha publicado El Confidencial.

También cuenta con sociedades cabeceras en Amsterdam Mediaproducción SL (Mediapro), la empresa de Jaume Roures y Josep María Tatxo Benet, aunque la parte visible se radique en Esplugues de Llobregat. Desde el punto de vista fiscal esto supone ventajas y permite que solo haya que comunicar al registro cuando un accionista tiene el 100%, es decir, no es fácil ver quién hay detrás de la empresa.

Según publicó Cinco Días, el principal accionista es una sociedad holandesa, Mediaproduction Properties B. V., radicada en Ámsterdam y titular del 75% del capital. Una participada de Mediaproduction Properties B. V., Equille Investments B. V., es la tenedora del restante 25%.

Un estudio del Tax Justice Network ha calculado que los países que más duramente han sufrido el impacto de la pandemia pueden estar perdiendo unos 10.000 millones de dólares por estas prácticas de los Países Bajos. De acuerdo con esta investigación, los países de la UE con más casos de coronavirus, como España, son los grandes perdedores frente a Países Bajos, que se opone a medidas de solidaridad que supongan mutualizar deuda.

Ahora más que nunca los países de la Unión Europea deben trabajar juntos para priorizar el bienestar de la sociedad antes que los intereses de las empresas más ricas», dice Alex Cobham

El director del Tax Justice Network, Alex Cobham, señala que «ahora más que nunca, los países de la Unión Europea deben trabajar juntos para priorizar el bienestar de la sociedad antes que los intereses de las empresas más ricas. La UE no puede reconstruir su economía con este tipo de trampas fiscales».

Según Enrique Féas, «si bien es inadmisible, resulta difícil medir lo que afecta, y no solo repercute en España. Además, entrar en ese juego es peligroso. No se debe usar como arma de cambio. Es una herramienta poderosa porque es una incoherencia dentro del mercado único. Es un tema de eficiencia. Hemos de competir en igualdad de condiciones».

A juicio del investigador, España solo debería responder al argumento moral si lo utilizan los holandeses. Si nos acusan de derrochadores, habría que responder que se llevan parte de los beneficios con estas prácticas, pero esta vía conduce a un callejón sin salida.

«No es cuestión de solidaridad. Es eficiencia. Hay distorsiones del mercado único. Nosotros también somos responsables. No hay mercado único bancario, por países que lo bloquean, o de servicios, por regulaciones complejas. Deberíamos defender la reforma del mercado único y ganarlos como aliados. No puede haber 27 impuestos de sociedades. España debería liderar ese debate», añade Enrique Feás.

La solidaridad y la eficiencia y el funcionamiento del mercado único van íntimamente ligados», afirma Enrique Feás

«La solidaridad y la eficiencia y el funcionamiento del mercado único van íntimamente ligados. No puedes reclamar a nivel europeo lo que parece que no estás dispuesto a hacer», sostiene el experto.  

En suma, si bien el fondo europeo no puede financiarse con deuda, porque eso condenaría a la zona euro a una crisis financiera, algo que no interesa ni al Norte ni al Sur. «Hay que combinar esas políticas con reformas estructurales para lograr la sostenibilidad a largo plazo, y hacerlo, no por imposición de fuera, sino por interés nacional. Es complejo pero hay que tener coraje. Es un debate más sano y ganaríamos aliados», concluye Feás.

Y así volvemos a Cees Nooteboom, ese nómada holandés que vive a caballo entre Menorca, Ámsterdam y Múnich. En su libro Cómo ser europeos, dice, evocando el rapto de Europa, que «Europa somos nosotros, y tendremos que raptarnos a nosotros mismos, lo que requiere un poder mágico que las meras leyes, directivas y uniones monetarias no bastan para suscitar».

¿Cómo nos convertimos en europeos? Primero nacemos en países como Países Bajos, España o Italia. Lo más complejo viene después. Cuanto más solidarios y eficientes seamos, más haremos por seguir siendo europeos, porque Europa exista y evolucione.