J. CATALÁN

Política

La historia del FRAP: del maoísmo a la española al terrorismo

«¡Muera la dictadura fascista de Franco! ¡Fuera los yanquis de España! ¡Adelante la unidad y la lucha revolucionarias del pueblo español! ¡Viva el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota!». Esta proclama cerraba el primer manifiesto oficial del Comité Pro Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, creado el 23 de enero de 1971. Desde aquello ha pasado ya casi medio siglo, pero el grupo terrorista FRAP, que surgió en los últimos años de la dictadura y desapareció entrada ya la democracia -los registros oficiales apuntan al año 1978- vuelve a estar de actualidad y a copar el debate de un hemiciclo donde reina la polarización y la crispación.

El contexto es el siguiente: la diputada y portavoz parlamentaria del Partido Popular en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, intervenía en una interpelación urgente al vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, sobre «acuerdos con el nacionalismo radical». La réplica y contrarréplica de ambos dirigentes fue subiendo de tono hasta que el también dirigente de Podemos se dirigió a ella como «marquesa», y esta respondió espetándole que Iglesias era «hijo de un terrorista».

Álvarez de Toledo sostenía su afirmación mostrando el obituario que escribió Pablo Iglesias en septiembre de 2012, con motivo de la muerte de Santiago Carrillo, ex secretario general del PCE y figura clave de la historia del comunismo español. «Siendo hijo de un militante del FRAP y habiendo militado donde milité, tiene su mérito admirar a Carrillo», escribía. Con todo, la contienda terminará en los tribunales, por lo que padre e hijo consideran una «calumnia» de parte de la diputada del PP, que se reafirma en que el progenitor del vicepresidente militó en una «organización terrorista» y, por tanto, «es un terrorista».

Desde entonces, la disputa no ha dejado de tener repercusión y de registrar múltiples matices tanto ideológicos como morales. ¿Era el FRAP una organización terrorista desde sus orígenes? ¿Se es terrorista si se milita en la organización pero no se ha participado en los asesinatos? ¿Todos los que militaron en las filas del FRAP deben ser considerados terroristas?

El embrión de lo que fue el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota comenzó a gestarse con reuniones clandestinas hacia 1970, pero el momento que se referencia en los libros de historia ocurrió a comienzos de 1971, cuando el ex ministro de Estado republicano durante la Guerra Civil, Julio Álvarez del Vayo, se reunió con otros amigos y disidentes de la línea oficial del PCE de Carrillo, que se había decantado ya por la facción más pragmática del comunismo para dar forma al FRAP, que Vayo lideraría hasta su muerte en mayo de 1975. Anécdota curiosa es que lo hicieron en París, en la casa del dramaturgo estadounidense Arthur Miller, ex marido de Marilyn Monroe. «Justo ahí nace lo que podemos considerar como el brazo armado de la escisión del PCE, el PCE marxista-leninista con dos líneas maestras: destruir la dictadura de Franco y crear una República Popular y Federal a través de la lucha armada. Este era el fin», referencia el historiador José Manuel Azcona, coautor del libro Después del 68: la deriva terrorista en Occidente.

Fragmento del primer número de ‘¡Acción!’, periódico clandestino del FRAP | J. CATALÁN

La escisión radical del Partido Comunista en la que militaba Javier Iglesias surgió en la década de los 60, con motivo del proceso de desestalinización de la URSS, cuando entraron en conflicto el comunismo soviético del PCUS -abrazado en España por Santiago Carrillo- y el comunismo maoísta chino, que profesaba el PCE marxista-leninista y que defendía la lucha revolucionaria y el belicismo como máxima para instaurar su propio régimen frente a la política de reconciliación nacional de Carrillo, que perseguía un fin pacífico de la dictadura. A partir de 1976 el maoísmo perdería fuerza en el PCE (m-l) en favor del modelo del dictador comunista y aislacionista de Albania, Enver Hoxha.

La escisión del modelo pro-chino se consumaría en 1964 y el nacimiento del FRAP años después se enmarca, según los entendidos, en un símbolo del carácter frentista del partido y un elemento indispensable de su tesis, que en suma buscaba reunir a todos los que aún estuviesen dispuestos a consumar la revolución en España. El manifiesto fundacional hacía, de hecho, un «llamamiento a todas las fuerzas, organizaciones y personalidades auténticamente antifascistas y patriotas (…) a fin de llegar en el plazo más breve posible a la proclamación del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota como auténtico representante del pueblo español».

El maoísmo en España calaría especialmente entre los estudiantes universitarios, donde Estado y Revolución de Lenin, el El Libro Rojo de Mao y el odio al trotskismo eran el abecé de las tesis comunistas radicales por aquel entonces. Se definían como «patriotas» con la fe depositada en la bandera republicana. De hecho, criticaron duramente a Carrillo cuando éste asumió la bandera constitucional en la Transición.

«Nosotros éramos tan enemigos de Franco como de Carrillo», relata, en conversación con El Independiente el escritor y ex miembro del FRAP José Catalán Deus. «Les considerábamos unos traidores, unos revisionistas, precisamente por no apoyar nuestras ideas radicales. Éramos enemigos», recuerda.

Primero de mayo del 73

Las acciones violentas del FRAP darían comienzo, oficialmente, el 1 de mayo de 1973 cuando, en el marco de una manifestación convocada por el Frente en el Barrio de las Letras de Madrid, es asesinado a puñaladas el subinspector de la Brigada Político Social franquista, Juan Antonio Fernández Gutiérrez.

Para aquel entonces, el padre de Pablo Iglesias se había afiliado a la Federación Universitaria Democrática de España (FUDE). Y tal y como referencia el propio Francisco Javier Iglesias en eldiario.es en 2018, cuando sucedieron los altercados de mayo del 73 él estaba en la cárcel. «Me detuvieron el 26 de abril de 1973. Fue por repartir propaganda ilegal para el 1 de mayo, y estuve en la cárcel hasta junio», en concreto en la prisión madrileña de Carabanchel. Anécdota curiosa es que uno de los abogados que defendió a Javier Iglesias ante los tribunales franquistas fue el ex ministro socialista José Bono. En la vista oral ante el Tribunal de Orden Público, su representante legal fue Gregorio Peces-Barba, futuro presidente del Congreso. Tanto Bono como Peces-Barba trabajaban en el despacho del futuro alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván.

«Nunca llegó a ser juzgado por terrorismo. Y nunca participó en acciones terroristas este militante». Catalán Deus militó en la organización desde el 69 hasta 1976, «buena parte de mi juventud». A diferencia de Iglesias, él sí fue detenido por los altercados del primero de mayo y el asesinato del policía. En aquel entonces, Deus era miembro del Comité de Madrid del PCE (m-l), donde asumía tareas de coordinación del FRAP. «El 1 de mayo fue muy complicado. Ocurrieron cosas muy graves, hubo grandes redadas y cayó prácticamente toda la organización», recuerda. «En un principio yo no fui detenido, pero lograron localizarme. Estuve preso desde julio a noviembre del 73», cuenta.

Concentración del FRAP en 1973. | J. CATALÁN

Catalán difiere en considerar aquel asesinato como el primer atentado terrorista de la organización, que no llegarían hasta cometerse acciones «muy puntuales» a partir del año 1975, durante los últimos meses del franquismo.

El «salto» terrorista: verano de 1975

Entre julio y septiembre de 1975, casi en los estertores del caudillo, se producirían los atentados «premeditados» del FRAP contra cuatro policías y un guardia civil. En concreto, se trata de Francisco Jesús Anguas Barragán; Lucio Rodríguez Martín; Antonio Pose Rodríguez, Juan Ruiz Muñoz y Diego del Río Martín. Fue entonces cuando se dio el «salto» terrorista de la formación, que «no se produjo de la noche a la mañana». «El paso de la actividad puramente dogmática o ideológica al campo del terror se fraguó en reuniones en pisos francos, con gente más proclive a la violencia, al chantaje, a la muerte», afirma José Manuel Azcona.

José Catalán vivió aquel episodio de violencia desde su exilio en Albania, aunque admite que conocía todos los pasos dados por la dirección de la organización, incluidos los atentados. «En su momento, estaba de acuerdo absolutamente», narra. «Consideraba que había que luchar contra el régimen, que había que derrocarlo por la fuerza, que había que iniciar una revolución y un levantamiento armado y que aquello era lo correcto. No participé en nada porque estaba exiliado, pero entonces sí apoyé totalmente aquellas acciones».

El 27 de septiembre de 1975 fueron condenados a muerte por estos hechos once militantes del FRAP, de los que tres fueron fusilados. Estos, junto a dos miembros de ETA, se convirtieron en los cinco últimos ejecutados por la dictadura franquista.

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Décadas después, el escritor mira al pasado con un prisma completamente diferente. «Cuando rompí con la organización -apenas un año después de los asesinatos- me di cuenta de los errores y de las creencias terriblemente equivocadas que teníamos en aquel período de nuestra juventud», admite. «Siempre he defendido posteriormente que actuamos muy mal. Todos deberíamos reconocerlo, tomar esa responsabilidad. Pero hay muchos militantes de entonces que no lo terminan de aceptar, y siguen pensando que hicieron bien», lamenta.

Su experiencia le ha valido para un ambicioso proyecto: en 2009 empezó a escribir la historia del FRAP y lo que comenzó como un «tímido gesto» se ha convertido en una historia de once tomos de su Crónica de medio siglo, en la que Catalán lleva trabajando nada menos que una década.

¿Fue o no una banda terrorista?

El FRAP se disolvió hace 42 años, y las opiniones sobre si puede ser considerada o no una banda terrorista a día de hoy difieren según dónde se pregunte, ya que ciertos sectores defienden los asesinatos como acciones dentro de la lucha y resistencia contra la dictadura franquista.

«Cualquier organización política, social o sindical que utiliza el terror o la violencia para conseguir un fin político, se convierte automáticamente en una organización terrorista, por definición. Esto es tan obvio que cuestionarlo pertenece al disfraz político que a veces utilizan quienes nos gobiernan», defiende el historiador Azcona. Y no duda en ubicar al padre de Pablo Iglesias dentro de una banda terrorista. «Esto es indiscutible». Luego «la justicia es la que ha dictaminado que él no participó en los asesinatos y que estuvo en la cárcel por repartir octavillas, pero de una organización terrorista».

Difiere en esa consideración José Catalán. «El FRAP fue una organización revolucionaria, partidiaria de la lucha armada contra el franquismo», defiende. «Sólo en un momento muy concreto de su historia tuvo acciones que se pueden considerar como ‘terroristas’, pero en su conjunto, aunque era muy radical nunca pasó de acciones de baja intensidad».

Por ello, considera «equivocada», como la de Hermann Tertsch en su día, la afirmación de Cayetana Álvarez de Toledo, aunque lanza un mensaje que hace también extensible al líder de Podemos: «Nunca un hijo es responsable de las acciones de su padre. Ni las ideas van impresas en su genética. Ni por ser marqués, ni por ser nada».

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