Política

Carteros, los improvisados fedatarios y custodios electorales del 12-J

Los empleados del servicio público reclaman refuerzos y criterios claros para la nueva función de guardianes de votos emitidos que les ha asignado la Junta Electoral para los comicios en Euskadi y Galicia del 12-J.

Una empleada de Correos clasifica parte de los envíos.

Una empleada de Correos clasifica parte de los envíos. EFE

No son notarios ni presidentes de mesa pero en cuestión de días miles de carteros de Euskadi y Galicia deberán ejercer casi como tales. Desde el pasado 19 de mayo las oficinas de Correos y la página web del servicio postal público se saturan con ciudadanos solicitando el envío de la documentación por correo. Convocar unas elecciones en plena pandemia y en uno de los meses estivales por excelencia ha disparado las peticiones. Las elecciones del 12 de julio registrarán cifras hasta ahora desconocidas de voto por correo. Sin duda lo más sorprendente no será eso sino ver cómo muchos ciudadanos entregan en mano a los carteros su papeleta electoral. Desde ese momento, los carteros se convertirán no sólo en fedatarios de que el proceso se ha cumplimentado con garantías -deberán entregar un acuse de recibo de que el proceso se ha completado de modo satisfactorio- sino en custodios y responsables de miles de papeletas electorales destinadas a la elección de los candidatos de las Cámaras vasca y gallega.

La responsabilidad no es baladí. Sobre estos funcionarios la Junta Electoral Central ha depositado una función inédita hasta ahora y que amplía su tradicional tarea de entrega a domicilio de la documentación requerida para el voto por correo. En cuestión de días, los carteros comenzarán a entregar los sobres con todas las papeletas pero también a recibirlas, si así lo estiman los solicitantes, los electores.

Esta medida excepcional inquieta a los trabajadores de Correos que por el momento desconocen con qué garantías y soporte judicial llevarán a cabo una labor tan sensible. En el caso de Euskadi, el pasado viernes había convocada una reunión en la que se debían abordar las cuestiones más complicadas. No se celebró, se ha aplazado a este próximo martes. El marco por tanto sigue sin estar definido pese a que la petición de voto por correo está activa desde hace más de dos semanas, el pasado 19 de mayo. Los electores podrán hacer la petición de las papeletas hasta el 2 de julio.

La posibilidad de que en el mismo momento de la entrega los votantes puedan solicitar al funcionario de correos que haga llegar la papeleta seleccionada ha generado dudas sobre aspectos como la posible pérdida de papeletas, las medidas de seguridad para protegerlas o la demora en el reparto que requerirá incluir este servicio en la ronda diaria de miles de trabajadores de Correos en Euskadi y Galicia. En muchos casos, la posibilidad no sólo de extravío de papeletas sino de dudas sobre su trazabilidad pueden suponer un riesgo en el recuento electoral.

En territorios como Álava, la asignación de escaños se convierte con frecuencia en una batalla de apenas un puñado de votos. En las últimas autonómicas vascas, el PNV perdió un escaño en Vizcaya, en beneficio de Bildu, por un margen de apenas 500 votos: “Es algo que no se había hecho nunca. Ahora las papeletas se entregan en la oficina de Correos. La Junta Electoral permite que el funcionario espere a la puerta del solicitante a que éste complete la documentación para volvérsela a entrega correctamente cumplimentada. Eso puede suponer diez o quince minutos de espera y afectará al servicio”, asegura Eduardo Diosdado, representante de UGT en Correos Euskadi.

Proteger los votos

La cuestión que se quiere aclarar es cómo se reforzará el personal para hacer frente a esta demanda y el procedimiento de blindaje y seguridad con el que contarán esas papeletas de voto para que el proceso no pueda ser puesto en cuestión. Actualmente la mayoría de los carteros trabaja con sencillos carros de reparto o con motocicletas que incorporan pequeños cofres, “es verdad que tienen una zona con cierta protección, una llave, pero no sabemos si es lo idóneo para garantizar un servicio tan sensible”.

Deberán ‘dar fe’ del proceso de votación y entregar un justificante de la emisión de su voto al elector

En las pasadas elecciones autonómicas cerca de 40.000 gallegos votaron por correo. En el País Vasco la cifra fue algo superior, 47.000. La previsión que ahora se maneja es que esas cifras se superen con holgura. La persistencia del riesgo de contagio, sumado a la coincidencia del periodo estival -poco propicio para una cita con las urnas- favorecen que un buen número de los 1,79 millones de vascos y 2,69 millones de gallegos llamados a votar opten por hacerlo con antelación. Sólo en las dos primeras semanas transcurridas para poder solicitar el voto, las oficinas de Correos y las web oficiales se han saturado. En el caso de Euskadi la petición de sufragio por correo se ha multiplicado por ocho y entre el electorado gallego ha aumentado un 50%.

La Junta Electoral Central convirtió a los trabajadores de Correos en fedatarios del proceso. Así, en el acuerdo adoptado señala que deberán «dar fe» de haber recibido las papeletas tras comprobar la identidad del ciudadano mediante la exhibición de algún documento público que lo acredite. Establece además que esa labor avalada por el funcionario hará innecesario que el elector “firme personalmente la entrega”.  Les insta además a informar en el mismo momento de entregar la documentación para votar de la posibilidad de que en ese mismo momento le puedan entregue, si lo desean, la documentación cumplimentada. Una vez completada la operación deberá hacer entrega de un justificante acreditativo del depósito de su voto.  

En este contexto, los notarios han ofrecido su colaboración desinteresada. El Consejo General del Notariado ha puesto a disposición del Gobierno un sistema de apoderamiento a través de la sede electrónica notarial. Recuerdan que agilizaría el proceso. Los notarios brindan de modo gratuito el acceso a la autorización de poderes notariales. Se podrán otorgar por videoconferencia o bien a través de otro dispositivo electrónico que el propio Consejo brindara. De este modo se evitarían desplazamientos y se ofrecería un servicio útil en unas circunstancias singulares como las actuales.

Por el momento las oficinas de correos ya han completado el regreso precipitado a la normalidad. El adelanto electoral anunciado por el lehendakari Urkullu y el presidente Feijóo para el 12 de julio ha precipitado la desescalada. Además de la incorporación de gran parte de su personal –sólo en el País Vasco cerca de 1.900 empleados- se ha procedido a la apertura de oficinas por las tardes. De este modo se podrá absorber la avalancha de peticiones de voto por correo que ya ha provocado algunas colas en oficinas de Correos.

Uno de los problema en cambio estará en el voto de los residentes en el Extranjero. El censo determina que el País Vasco cuenta con 76.000 votantes con derecho a voto pero que residen en el extranjero. En el caso de Galicia ese número de votos del CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes) es muy superior: 463.000. El impacto que la pandemia está teniendo en los diversos servicios de correos, en particular en los países de Sudamérica, en muchos casos suspendidos, podría dificultar el proceso electoral.

Sin criterios claros

Tanto en Euskadi como en Galicia los trabajadores advierten de que la carga de trabajo se ha incrementado y lo hará de modo importante en los próximos días. Por ello requieren un reforzamiento de las plantillas que ahora desconocen si se hará: “Se debe asegurar los medios suficientes, no sólo para llevar a cabo el tabajo sino asegura también la salud. Por el momento, no sabemos si se reforzará. Las reuniones mantenidas son más informativas que de negociación de las condiciones con los representantes de los trabajadores”, asegura Isabel Garrido, representante de CC.OO. Apunta que ni siquiera están bien definidos los protocolos de actuación para garantizar la salud ante el riesgo de contagios, “es una cuestión que sigue en un borrador, poco más”.

La suspensión de los servicios de correo en países Sudamericanos siembra de dudas los casi 539.000 votos del extranjero

Los trabajadores de correos tienen prohibido el acceso a los domicilios. En la mayoría de los casos su relación con el destinatario de la carta o el paquete a entregar se limita a la firma de un acuse de recibo. En esta ocasión temen que el perfil de avanzada edad de muchas de las personas que solicitan el voto por correo requiera de ellos un papel más activo: “Muchas son personas mayores. Deben completar una documentación y a veces les cuesta. Nosotros tendremos que estar esperando a que lo hagan, quizá nos veamos obligadas a ayudarles. Todo eso debe estar claro en cómo se va a poder hacer”, asegura Diosdado.

Es precisamente esa intervención y la función de custodia de los votos la que inquieta en algunas formaciones. Así, el BNG ya ha advertido del riesgo de “pucherazo electoral” que conlleva habilitar a los trabajadores de Correos y depositar sobre ellos la responsabilidad de actuar como fedatarios y guardianes de papeletas electorales. Ha advertido que se trata de un derecho fundamental que debe ser protegido suficientemente, empezando por el refuerzo del personal. A esta vía de voto se suma el procedente del extranjero. Las dudas sobre cómo funcionarán y las garantías sobre la eficacia del sufragio del voto extranjero (CERA) y el voto de los residentes puntualmente en el exterior (ERTA) también se han puesto sobre la mesa.  

Comentar ()