«La primera noche ellos se acercan/y cogen una flor de nuestro jardín,/y no decimos nada./La segunda noche, ya no se esconden,/pisan las flores, matan nuestro perro/y no decimos nada./Hasta que un día,/ el más frágil de ellos,/entra solo en nuestra casa,/nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo,/nos arranca la voz de la garganta./Y porque no dijimos nada,/ya no podemos decir nada». «Nada», el poema de Vladimir Maiakovski, es un grito en verso que nos alerta de cómo hay que reaccionar en cuanto se producen abusos desde el poder. En España estamos viendo cómo Unidas Podemos, ahora partido de gobierno, ha emprendido una batalla contra los medios críticos que tiene como referente a la guerra que libra desde hace años el kirchnerismo contra la prensa que investiga sin descanso la corrupción.

Los pasos que dio el gobierno argentino los enumera la periodista y ex senadora Norma Morandini en un artículo que publicó en 2012. Sí, 2012, hace ocho años. Primero el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dejo de comparecer ante los medios de comunicación y de admitir preguntas de los medios críticos. Las entrevistas de CFK desde entonces son contadas y solo con periodistas afines.

Después CFK arremetió contra los que consideraba «monopolios mediáticos» y con el dinero de todos los ciudadanos fundó un monopolio estatal desde el que se atrincheran en el poder y desde ahí arremeten contra todos los que no piensen igual.

Denunciaba Morandini en ese artículo cómo se dejó de informar desde los portales del gobierno y se apropiaron de los derechos humanos y los reservaron solo para algunos. Ya entonces presagiaba cómo Argentina emprendía una «deriva venezolana».

¡Basta ya!

«De lo que se trata es de que todos aquellos que hasta ahora no dijeron NADA, salgan de la comodidad y entienda que cuando no se aprecia la libertad se termina actuando como esclavo o lo que es aún pero… el arrepentimiento ya no servirán para NADA! ¿Llegaremos a ser primero Venezuela («nuestros socios») y luego Cuba?», escribía la ex senadora, autora de La mala bestia.

En Argentina ha llegado el momento de decir ALGO. De gritar basta ya. Con la vuelta al poder del kirchnerismo, con CFK como vicepresidenta y Alberto Fernández en la Casa Rosada, las líneas rojas se están traspasando: de señalar a los periodistas incómodos han pasado a querer encarcelarlos.

En España, este pasado fin de semana el jefe del grupo parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, acusaba al periodista Vicente Vallés de actuar como «la derecha y la ultraderecha». En un tuit ha escrito Echenique: «Le produce sarpullido que las cloacas no consiguieran su objetivo y Unidas Podemos esté en el gobierno. Está en su derecho, pero no lo llamemos ‘informativos'».

Salía en defensa de su jefe, Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del gobierno, cada vez más enfangado por el caso de tarjeta del móvil de Dina Bousselham. Iglesias, en un acto en la campaña electoral vasca, ha señalado que «la ferocidad de los ataques» que recibe estos días con la ayuda de «las cloacas del Estado» sólo tratan de «desestabilizar y dividir» al Ejecutivo.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, no reprochó a Iglesias sus críticas a la prensa. «No voy a hacer valoraciones sobre un colega del Gobierno, en este caso el vicepresidente Iglesias», se ha limitado a decir Sánchez, en una rueda de prensa tras su encuentro con el primer ministro portugués en Lisboa.

Kirchnerismo, referente de Podemos

El movimiento fundado por los Kirchner es fuente de inspiración para Unidas Podemos. Lo reconoció Chantal Mouffle, quien fuera pareja del filóloso argentino Ernesto Laclau, pensador de cabecera de los Kirchner… y de Pablo Iglesias e Irene Montero.

En 2012 ya escribió Pablo Iglesias a CFK «reina». Escribió Iglesias: «Seguro que muchos esperaban que empezara mi monólogo hablando del Rey, pero quien querría hablar de un rey, cuando puedes hablar de una reina. Y la reina de esta semana ha sido Cristina Fernández de Kirchner, que no solo comparte con este canal (La Tuerka) la K de su apellido, sino también esa maravillosamente habilidad para desquiciar a la derecha española».

Cuando Macri asumió como presidente de Argentina, en 2015, CFK se negó a asistir a la ceremonia del traslado de banda presidencial. Este hecho refleja la profunda animadversión que CFK siente por todo aquel que no comulga con los postulados del kirchnerismo, y más aún, con el cristinismo.

Podemos repudió a Mauricio Macri en su visita oficial a España, como si el presidente, elegido democráticamente, fuera un autócrata. En 2016 Axel Kicillof, ahijado político de CFK y actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, ex ministro de Economía, viajó a Madrid para apoyar a Pablo Iglesias en las elecciones. Iglesias lo había invitado personalmente.

La Red de Colegios Profesionales de Periodistas, que agrupa a los nueve colegios existentes en España, considera «inaceptable que se utilice el menosprecio y el
señalamiento público para intentar coartar la libertad de los periodistas durante su
ejercicio profesional, lo que supone un ataque directo al derecho a la información que
tiene la ciudadanía».

Primero señalar, luego encarcelar

«El ‘movimiento nacional y popular’ eligió hace rato a la prensa independiente como el gran enemigo a derrotar y le declaró en consecuencia la guerra; juró en campaña Alberto Fernández que ese dislate no rebrotaría. Pero aquí están los primeros brotes verdes. Y en este triste revival, signado por un venenoso revanchismo, el Instituto Patria no dudará en usar fiscales y jueces oportunistas o amigos. Porque el objetivo es doble y directo: quiere criminalizar el periodismo de investigación y también a la opinión disidente en la Argentina. Para tan ígnea faena, aspira a meter preso a algún comunicador emblemático a modo de escarmiento, y procesar a intelectuales, científicos o artistas por el delito de opinión», escribe Jorge Fernández Díaz, en La Nación, un artículo titulado Periodista preso se necesita.

Varios dirigentes del kirchnerismo, encabezados por el líder sindical Hugo Moyano, que tiene un enorme poder en Argentina, han acusado al periodista Luis Majul, que le ha denunciado por corrupción, de formar parte de una red de espionaje ilegal durante el gobierno del ex presidente Mauricio Macri.

«Moyano afirma que yo tenía vínculos con espías de la AFI (Agencia Federal de Inteligencia). Que uno de ellos, Alan Ruiz, actuaba como productor ejecutivo del programa. Que otra agente, Mercedes Funes Silva, se encontraba dentro del estudio de América, durante la emisión de la Cornisa», explica Majul. Y agrega: «Todo son mentiras. Esa es la verdad».

Majul ya denunció escraches hace dos años. Ahora trata de defenderse para no ir a la cárcel. Recientemente la vicepresidente Cristina Kirchner en un video acusaba a varios periodistas de ser cómplices de asociación ilícita que la espió ilegalmente. A su vez, el senador Oscar Parrilli, del Frente de Todos, ha hostigado a periodistas como Jorge Lanata, Daniel Santoro y Nicolás Wiñazki, junto a Luis Majul.

«Todo esto ha sido algo más que cobertura mediática de los medios hegemónicos. Es sencillamente complicidad política», dice en el video CFK, en el que aparecen los periodistas incómodos. Kirchner se presenta como una víctima de redes de asociación ilícita.

CFK vincula a los periodistas que aparecen en en el video a una trama de supuesto espionaje ilegal que investigó el juez Federico Villena que dieron lugar a 22 arrestos de ex agentes de la AFI y ex funcionarios de Macri. La Cámara Federal de La Plata ha quitado el expediente al juez Villena «por falta de imparcialidad».

Unos 300 periodistas han firmado un manifiesto en el que repudian la intimidación a los medios de comunicación. «Los gobernantes, los legisladores y el resto de los funcionarios públicos no solo tienen que respetar la libertad de prensa, de expresión y de investigación, sino también ayudar a construir un clima púbico que permita el ejercicio de esos derechos». Firman el texto Jorge Lanata, Luis Majul, Marcelo Longobardi, Joaquín Morales Solá, María Laura Santillán, Magadalena Ruiz Guiñazú y Norma Morandini, entre otros.

Encabezan el texto con el siguiente párrafo: «Los abajo firmantes rechazamos enfáticamente las campañas de difamación pública y presiones contra periodistas profesionales desatadas en las últimas semanas desde algunos sectores del poder político, incluyendo a quienes tienen funciones de la más alta responsabilidad institucional».

Las asociaciones de prensa argentinas ADEPA, FOPEA y la Academia Nacional de Periodismo ya denunciaron los ataques del kirchnerismo. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) reclamado al presidente Fernández para que se pare «el hostigamiento y la estigmatización en contra de periodistas argentinos» y así evite que «se vuelva al pasado».

La democracia en riesgo

Como señalan Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en Cómo mueren las democracias, «el desmantelamiento de la democracia se inicia de manera paulatina. Para muchos ciudadanos, al principio puede resultar imperceptible. Al fin y al cabo, se siguen celebrando elecciones, los políticos de la oposición siguen ocupando sus escaños y la prensa independiente sigue publicándose. La erosión de la democracia tiene lugar poco a poco, a menudo a pasitos diminutos».

Levitsky y Ziblatt apuntan cómo lo que hacen los autócratas contemporáneos es «ocultar su represión tras una apariencia de legalidad. De ahí que hacerse con el control de los árbitros sea tan importante». En el caso de los medios, los gobiernos «pueden usar su control de los árbitros para marginar ‘legalmente’ a los medios de comunicación de la oposición, a menudo mediante demandas de libelo y difamación».

Citan los autores un texto de E.B. White sobre la pregunta «¿Qué es la democracia?», que le planteó la Junta Militar de Escritores del gobierno federal en plena Segunda Guerra Mundial. White escribió: «[La democracia] es la línea que se forma en la derecha. Es el ‘no’ en ‘no empujes’. Es el agujero en el saco lleno a través del cual cae un filo hilillo de serrín; es la muesca en el sombrero de copa. La democracia es la sospecha recurrente de que más de la mitad de la población tiene razón más de la mitad del tiempo. Es la sensación de privacidad en las cabinas de votación, la sensación de comunión en las bibliotecas y la sensación de vitalidad en todas partes. La democracia es una carta al editor. La democracia es la partitura al principio de la novena… La democracia es una solicitud de la Junta Militar una mañana en plena guerra preguntando qué es la democracia».

La libertad de expresión está en el corazón de la democracia. Al defender a los periodistas que no se dejan amilanar por el poder se está evitando que se socaven las bases de la democracia. Cuando la libertad de expresión se convierte en un acto de coraje, la democracia está en peligro. No se trata de corporativismo, es sentido cívico. Si no decimos nada, después no podremos decir nada.