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El hambre, otra plaga más que amenaza a los sufridos libaneses

Más de medio millón de niños corre riesgo de padecer hambre y unos 100.000 se han quedado sin hogar tras la explosión

Líbano puerto homenaje víctimas

Miles de libaneses se concentran en el puerto donde ocurrió la explosión para recordar a las víctimas. EFE

A las seis y ocho minutos de este martes, justo a la hora en la que que saltó por los aires gran parte del puerto de Beirut por una descomunal explosión el martes 4 de agosto, han sonado las campanas en la capital libanesa. Miles de personas se han congregado en la zona cero, una semana después de la tragedia, para rendir homenaje a las víctimas, que ya ascienden a 171. Hay más de 6.000 heridos y cientos de desaparecidos. Unos 6.000 edificios quedaron destruidos.

Los Jinetes de la Apocalipsis se han adueñado del Líbano. O las siete plagas de Egipto. A la miseria y el caos económico y político se ha sumado una explosión que hasta en su forma, como un hongo, evocaba la hecatombe. La población libanesa ya sufría las nefastas consecuencias de un Estado sumido en la corrupción y la negligencia.

Desde el fatídico 4 de agosto aún más. En las calles ya se quejaban de la amenaza del hambre antes de la deflagración causada por esas malditas 2.700 toneladas de nitrato de amonio, utilizado para la fabricación de fertilizantes y explosivos. Por ese puerto entraban al país de los cedros gran parte de los alimentos que importa el Líbano. Un 85% precisa importarlos.

El director del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley, que se encuentra en Beirut supervisando los daños de la explosión que hizo saltar por los aires gran parte del puerto, ha señalado que en unas dos semanas puede haber escasez de pan porque el 85% del grano entraba en el Líbano por esta vía.

La ONU está trabajando codo a codo con el ejército libanés para habilitar una solución temporal. La llegada esta semana de los dos primeros barcos desde la detonación ha dado un rayo de esperanza a los sufridos libaneses.

David Beasley ha anunciado que se espera que un barco con 17.500 toneladas de trigo llegue a Beirut en dos semanas. «Eso nos dará pan para 20 días», señala el director del Programa Mundial de Alimentos. No hay de momento espacios para el almacenaje de los suministros.

El plan de asistencia al Líbano consta de tres fases, según ha explicado Beasley: en primer lugar, se trata de la asistencia humanitaria más urgente, como contener la hambruna. En segundo lugar, hay que reconstruir, y esa operación costará miles de millones de dólares. A ello hay que sumar la búsqueda de vías para paliar la crisis socioeconómica previa a la explosión, empeorada por la propagación del coronavirus.

España ha empezado el envío de ayuda este martes. Un avión A400M ha llegado a Beirut con diez toneladas de trigo, puestos a disposición por la Fundación Olof Palme.

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) va a contribuir con 50.000 euros, destinados a la Cruz Roja libanesa, que presta asistencia de primeros auxilios y atiende a las necesidades más básicas de las comunidades más afectadas, según informa Europa Press. La AECID también ha activado el convenio de emergencia con la Cruz Roja Española con otra aportación de 100.000 euros.

Los niños, en gravísimo riesgo

Save the Children ya advertía antes de la explosión del 4 de agosto que más de medio millón de niños en el Líbano corrían el riesgo de padecer hambre. «Esta crisis daña a todo el mundo: familias libanesas, palestinas y sirias por igual. Veremos a niños muriéndose de hambre antes de que termine el año», declaraba Jad Sakr, director de Programas y Operaciones en Líbano para Save the Children, antes del 4 de agosto.

«Hay unas 300.000 personas sin casa. Son unos 100.000 niños. No quiere decir que sean sin techo porque muchos se han refugiado con sus familias, o bien se han quedado en lo que queda de su hogar», afirma en conversación telefónica desde Beirut Ahmed Bayram, responsable de Comunicación para Oriente Medio de Save the Children.

«Hay varios niños entre los muertos y entre los heridos en peligro. Hay cuatro hospitales que han quedado devastados. Muchos niños han estado separados de sus padres. Unos se han quedado huérfanos, otros se van reencontrando con sus familias. Hoy he visto a una niña que llevaba una semana sin saber de sus padres. Tiene cuatro años. No sabía qué había pasado. Son demasiado pequeños para entenderlo. Hay muchos desaparecidos. Estamos muy preocupados por la situación de los niños», explica Ahmed Bayram.

Hay una emergencia alimentaria. Mucha gente está dando a sus bebés agua y azúcar para paliar el hambre», dice Ahmed Bayram, de Save the Children

Nos recuerda el portavoz en el Líbano de Save the Children cómo ya habían advertido de la gravísima situación que padecen los niños libaneses antes de la devastadora explosión del 4 de agosto.

«Hay una emergencia alimentaria. Más de medio millón de niños ya padecen los efectos de no comer nada fresco. Todos lo que consumen es enlatado. Muchos no pueden hacer frente a la cesta de la compra. Mucha gente está dando a sus bebés agua y azúcar para paliar el hambre», señala.

La inflación ya andaba por las nubes. Nadie sabe realmente hasta dónde ha llegado pero puede superar el 150%. Por lo que hace un año se compraba comida para toda una jornada ahora apenas se adquieren unos yogures. «Lo veo cada día en el mercado. Es una situación muy dura», añade el portavoz de Save the Children. «Muchísimos niños están sin comida, sin refugio, lo han perdido todo».

El Líbano está al borde del colapso. Está en quiebra por primera vez desde marzo. Una tercera parte de los libaneses están desempleados y una tercera parte vive por debajo del umbral de pobreza. La lira libanesa ha perdido el 80% de su valor desde que se desencadenó la crisis que llevó a los libaneses a las calles en octubre pasado. Antes de la explosión, el FMI ya anticipaba que la economía libanesa caería cerca del 14%.

Catástrofe anunciada

Las 2.700 toneladas de nitrato de amonio llevaban apiladas en el hangar 12 del puerto de Beirut desde hace seis años. Las habían desembarcado desde un buque ruso en 2014. Las autoridades del puerto habían enviado hasta seis cartas en las que demandaban a los tribunales su traslado.

Y también las fuerzas de seguridad habían advertido del riesgo de este almacenaje al ahora dimitido primer ministro, Hassan Diab, y al presidente, Michel Aoun. Según la documentación a la que ha accedido la agencia Reuters, un informe de la Dirección General de Seguridad Estatal hace referencia a una carta privada dirigida al jefe del gobierno y al jefe del Estado el pasado 20 de julio.

La misiva haría referencia, de acuerdo con un funcionario de seguridad, a los hallazgos de una investigación judicial que se inició en enero y que concluía que el nitrato de amonio tenía que guardarse en otro emplazamiento inmediatamente. «Este material es muy peligroso, y si lo robaran, podría utilizarse en un ataque terrorista», asegura este funcionario a Reuters.

En el puerto cientos de voluntarios, muchos de ellos jóvenes, ayudan en las tareas de desescombro. En esa zona cero, nos cuenta Ahmed Bayram, «hay mucha gente ayudando y arrimando el hombro. En el medio de la destrucción hay mucha acción y la comunidad está unida. También la comunidad humanitaria. Donan lo que tienen, un poco de comida o una camiseta, lo poco que tienen. Hay frustración y también ira. Algunos quieren rebelarse. La mentalidad es que hay que hacer algo».

Todo el gobierno ha dimitido como consecuencia de las protestas desencadenadas tras la explosión, que va más allá de un accidente. Es la desgarradora metáfora de un Estado fallido, en el que la élite política se ha olvidado por completo del pueblo al que sirve. No basta con nuevas elecciones, el Líbano ha de empezar una nueva era con una nueva ley electoral y una nueva Constitución. Así renacerá como el ave fénix. Si no, la ira de los sufridos libaneses no va a parar.

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