«Esperamos acabar con la pandemia en menos de dos años. Especialmente si podemos unir nuestros esfuerzos». Es el horizonte que se plantea el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el etípope Tedros Adhanom Ghebreyesus. Esos dos años hoy parecen eternos. Ni siquiera hemos gozado de una tregua veraniega, o no todos. Y cuando todavía no ha terminado agosto el repunte de casos es preocupante en España, sobre todo, pero también en Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, e incluso en Grecia ahora acusa la relajación canicular.

Hay una carrera contrarreloj en todos estos países, y en Europa en general, para doblegar de nuevo la curva de casos con el fin de evitar confinamientos de grandes poblaciones, más aún uno generalizado que haría empeorar aún más la megacrisis económica, y hacer posible una vuelta al colegio mayoritariamente presencial. Va a ser una tarea titánica.

Según los datos del Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades de la Unión Europea, en la Unión Europea, Espacio Económico Europeo y Reino Unido, hasta este 24 de agosto se han registrado 2.049.499 casos. Encabeza la lista España (más de 400.000 casos), seguida del Reino Unido (325.642), Italia (259.345), Francia (242.899), Alemania (233.575), y Suecia (86.068).

Encabeza el triste balance de fallecidos el Reino Unido con 41.429, seguido de Italia (35.437), Francia (30.513) y España (28.838).

Sin embargo, España, en los 14 días previos, registra 152,7 casos por cada 100.000 habitantes, un trágico récord. Malta llega a los 122 casos, 96 Luxemburgo, 60 Francia, y 20 Alemania.

En España, la situación ha llevado a confinamientos en diversas localidades, como varias poblaciones de Aragón, o Aranda de Duero en Castilla y León con 35.500 habitantes, y a establecer la emergencia sanitaria en el País Vasco, limitar las relaciones sociales de nuevo en Cataluña.

La localidad de Tielmes, en la provincia de Madrid, ha vuelto a la fase cero, con el cierre de bares e incluso parques. En todo el país se anunciaron medidas restrictivas sobre el ocio nocturno, que vuelve a prohibirse con grandes quejas del sector, que se considera demonizado.

Es una progresiva vuelta atrás que nada tiene que ver con al normalidad ni vieja ni nueva. En Madrid la situación se agrava día a día y ya se ha recomendado en varios barrios del sur que solo se salga para lo imprescindible.

El epidemiólogo-en-jefe del gobierno español, Fernando Simón, ha pasado de negar que sea una nueva oleada de la pandemia a reconocer que hay transmisión comunitaria en toda España. Como único apunte positivo, se ha atrevido a especular con que la gripe será menos fuerte este año.

«Creo que habrá menos catarros y menos gripes que otros años» ha dicho el director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias. Lo argumenta por el uso generalizado de la mascarilla.

La incógnita de la vuelta al colegio

Sin embargo, la propagación del coronavirus hace muy difícil la vuelta de los escolares al colegio, que ya vivieron un curso excepcional al irse a casa a mediados de marzo y ya no volver a clases presenciales. Cuando faltan dos semanas para el inicio del curso, no está claro cómo se hará.

La intención es que sea presencial, al menos en parte, pero si hay un alumno en la clase con coronavirus, el resto tendrá que hacer cuarentena, lo que hace muy difícil que así pueda pensarse en un curso escolar parecido a lo que hasta ahora conocemos. Hay países que se están citando como referencia porque ya han empezado las clases y tienen protocolos claros como es el caso de Dinamarca.

Hay otros como Suecia, donde los menores de 15 años no dejaron de asistir a clase con medidas de protección y distancia social. Suecia es el único país europeo que apostó por la llamada «inmunidad de rebaño», pero los resultados no son muy esperanzadores. Se han registrado más de 5.100 muertes.

El repunte de casos este mes de agosto también se ha dado en Alemania, uno de los países que ha sido hasta ahora ejemplo en Europa en la lucha contra el coronavirus. Las autoridades alemanes consideran alarmante que este incremento de positivos se está dando en los 16 Länder (Estados federados).

En lo que se refiere a la vuelta a clase, que ya ha empezado gradualmente en varios Länder alemanes, entre ellos Berlín, las normas son dispares de unos a otros Estados federados. En Berlín y Brandemburgo las mascarillas son obligatorias en los pasillos, pero no en el aula ni en el patio.

En Schleswig-Holstien se aconseja a partir de los 12 años, peor no es obligatoria. En Berlín dos colegios tuvieron que cerrar nada más abrir por contagios.

Alemania se plantea la imposición de cuarentena a los viajeros procedentes de países como España donde se registran gran número de casos. Ya recomendó que no se viaja a España, salvo Canarias.

Francia batió récords con más de 4.000 nuevos casos el jueves y viernes de la semana pasada. En Italia, que después de ser la zona cero en Europa durante la primavera, luego pareció contener la epidemia, para ahora volver a los mil casos diarios.

En Bélgica el Centro de Crisis prevé que el número de casos diarios el 1 de septiembre, fecha de la vuelta a las clases, sea de 400, aún insuficiente. El objetivo sería que sean menos de un centenar para que la apertura de colegios se de en las mejores condiciones posibles. En todo caso Bélgica es de los países europeos que mejor lidia con estos brotes veraniegos.

Todas las miradas estaban puestas en el otoño, cuando se temía una nueva oleada del coronavirus. Sin embargo, ha sido el relax del verano lo que ha facilitado esta propagación de la enfermedad.

Más relaciones sociales y más relax

En la mayoría de los países europeos los contagiados son más jóvenes, entre 20 y 40 años, que suelen sufrir el virus con menos gravedad, pero lo propagan igualmente. Los asintomáticos son un foco multiplicador muy peligros para los mayores y quienes tienen enfermedades de riesgo (problemas cardiacos o respiratorios).

Aunque hemos viajado mucho menos, nos hemos desplazado. Y no hay turismo cien por cien seguro. Nos hemos relacionado socialmente con menos cuidado del deseable. En España, donde hay una gran tradición de familias extendidas y una cultura de la vida en el exterior de la casa, pero no solo. También en Alemania. Han sido los jóvenes, y las familias enteras que se han reencontrado olvidándose de la distancia social.

Tendríamos que hacer incidencia en que las reuniones familiares en lugares cerrados conllevan riesgo. Hay abrazos y mucha cercanía», afirma Pedro Gullón

«Los brotes están surgiendo en entornos laborales, en locales de ocio nocturno cerrados y en reuniones familiares en espacios cerrados. Tendríamos que hacer incidencia en que las reuniones familiares en lugares cerrados conllevan riesgo. Hay abrazos, y mucha cercanía», afirma el epidemiólogo Pedro Gullón, coautor de Epidemiología.

En este ensayo Gullón y Javier Padilla sostienen que la crisis que vivimos va más allá de lo puramente sanitario: es una crisis matrioshka, sanitaria, socioeconómica, y sobre todo, medioambiental. Solo con una mirada amplia de lo que está pasando se podría aprender para hacer frente a la próxima pandemia, que la habrá.

Richard Pebody, epidemiólogo de la Oficina para Europa de la OMS, explicaba a la BBC que las razones de estos rebrotes son la relajación de las medidas de distanciamiento social, y las fiestas veraniegas de los jóvenes. A ellos se suman los desplazamientos. Hay más contacto con más gente y en más lugares. El cóctel favorece la propagación del coronavirus.

El cambio al que hacemos frente es excepcional pero hemos de interiorizar que nada será igual. Si queremos seguir viajando como antes, y viviendo como antes, será imposible parar al virus, y eso irá en detrimento de quienes son más sensibles a esta enfermedad, los mayores y quienes tienen patologías cardiacas y respiratorias.

A su vez, conviene no buscar culpables. No ayuda a vencer la enfermedad. «Desde el punto de vista social, ha habido relatos que hemos generado desde la pandemia que habría que evitar repetirlos. Se construye la otredad: hay un culpable al que descargamos la responsabilidad. Esto ha ocurrido con mayores y jóvenes. Los jóvenes como vectores de contagio y los mayores, aparcados en residencias y apartados. Son errores del pasado que habría que evitar», señala Gullón.

Si algo hemos aprehendido con esta pandemia, es que somos interdependientes. Lo que pasa en un mercado de Wuhan afecta a un jardín de infancia en Nantes o una sala de baile en Aranda de Duero. «Ningún país va a resolver este problema por sí solo hasta que tengamos la vacuna… y aunque la tengamos nadie va a poder poner fin a la pandemia por sí solo», decía recientemente el director de la OMS.

Como dicen Padilla y Gullón, «nadie está a salvo si no estamos todos a salvo». De momento no lo estamos.