Celia Villalobos (Benalmádena, 1949), dejó atrás tres décadas de actividad política en primera línea y ahora lleva visos de convertirse en una estrella televisiva que hasta se mueve entre los fogones de Masterchef. Entre medias ha dado a luz un libro, confinamiento mediante, en el que bajo el título «La política apasionada» (Edit. Península) , ajusta cuentas con ese pasado inmediato.

Cuenta, por ejemplo, cómo le trasladó al Pablo Casado que «este no es tu momento» para hacerse con el liderazgo del partido y dos años más tarde sigue opinando que el líder del PP «se equivocó». Apuesta por una «refundación interna» del centro-derecha que integre a Vox, que no duda en calificar de partido ultraderecha. Y alérgica a los argumentarios, opina sobre la Kitchen, Podemos y el coronavirus.

Pregunta. -Habla en su libro de derechización del PP, de prisas, de improvisaciones. Dice también que no creyó «ni en el mensaje ni en el mensajero», en alusión a Pablo Casado.

Respuesta. – Perdimos un congreso frente a un grupo que lanzó un mensaje derechizando al partido, posiblemente mirando a Vox, y eso no me convenció. Integró muy bien a los suyos, del resto, a nadie. Me fui porque yo no podía ir a un mitin a defender lo que no estaba de acuerdo. Pero creo que Pablo ha comenzado a hacer un esfuerzo, empezando por quitar a Álvarez de Toledo, a la que como persona respeto, pero no comparto su forma de hacer la política. Espero que sean capaces de hacer lo que necesita este país. No habrá jamás otro gobierno de centro derecha mientras no haya un solo partido, que fue lo que hizo Aznar en el 90. Eso ¿qué significa? ¿ceder cosas?, claro, ¿dedicarle mucho tiempo a negociar?, claro. También hay que integrar a personas importantes que no están en el partido.

P. -¿Pero a quién tiene que integrar, a Ciudadanos, a Vox?

R. -A todos. Tiene que haber unas solas siglas que abarquen todo el espectro. El PP tenía muchas sensibilidades. Si hubiera sido yo esa bestia parda que todos dicen me habrían echado, no hubiera estado de diputada por Málaga 32 años. Había sensibilidades de todo tipo. Y a eso tenemos que volver.

«Pablo tiene que integrar a Vox»

P. -Califica a Vox de ultraderecha. ¿Cree que el PP debe absorber a esa ultraderecha de Abascal?

R. -Los votantes de Vox eran del PP. Era una parte de pluralidad de criterio que ha tenido siempre el PP. Cabía la gente que hoy no vota al PP y personas como yo, que estábamos al borde. Tenemos que volver a esa unión, si no, será imposible gobernar este país por parte de un partido de centro-derecha. Posiblemente lo que tiene que hacer es una refundación interna, lo que se hizo a finales de los 80.

P. -¿Cree que hay que vender la sede de la calle Génova?

R. -Lo único que no me gusta de Génova es que es el 13. Los edificios no tienen nada que ver con las ideas, no se contaminan…

P. -¿No es sinónimo de corrupción, de obras en negro…? Esto lo arguyen personas de su partido

R. -Sí, pero en público no se lo he escuchado a nadie. Estas cosas corresponden a la política actual, líquida, de las grandes frases, de las generaciones de copito de nieve, que se ofenden por todo, de verdades absolutas que no admiten la crítica ni el pensamiento real… mirando siempre de reojo a las redes sociales. ¡Qué coño tendrá que ver Génova! ¡Con el trabajito que le ha costado al PP hacer Génova! ¿Decimos que el PSOE se vaya de Ferraz y los de Podemos de donde están? Porque si hablamos de corrupción, mira ahora la que tiene Podemos encima.

P. -Una de las cuestiones que aborda en su libro es cómo Cospedal inclinó la balanza a favor de Casado, pero hubo otros dirigentes significativos de su partido, como Núñez Feijóo, que también lo hicieron.

R. -Yo no lo tengo eso tan claro. De entrada, estoy radicalmente en contra de este tipo de primarias y a favor del modelo de Estados Unidos, donde votan los electores. Me hubiera encantado que el candidato popular a la presidencia del Gobierno lo hubieran elegido los 10 millones de votantes del PP. Las primarias han hecho daño al PSOE y al PP porque los compromisarios forman parte del ala más radical del partido y siempre se revelan contra la estructura central. Además, Pablo hizo un discurso para poner el corazón de pie que es el que hubiera hecho yo. A Pablo lo veía para el futuro porque cuando el PSOE llega al poder no hay forma de sacarlo. Sabía que iban a venir tiempos complicados y le dije, cuando me llamó para que me uniera a su candidatura, que no era su momento. Yo creo que se equivocó.

El primer miserable, en todo caso sería el secretario de Estado de Seguridad»

P. -¿En qué medida tiene Casado responsabilidad en la Kitchen?

R. -¿Con la Kitchen? La misma que tengo yo. Ninguna. Creo que es mucho ruido y pocas nueces. No entenderé nunca la actitud del secretario de Estado (Francisco Martínez). Un señor que es experto en Derecho, ¿cómo admite hacer algo que va en contra de la ley? Hay dos posibilidades: o es lo que te gustaba hacer y eres tú quien lo propusiste o te vas diciendo que “esto es ilegal”. Te vuelves al Congreso para seguir de letrado en Cortes, que no es un mal destino. Viven como Dios. Dejan la chaquetita en el despacho y se van. No lo hizo y ahora dice que todos son unos miserables. El primer miserable, en todo caso serías tú, ¿no? Sinceramente creo que Rajoy es un político atípico con muchísima personalidad. Un presidente de Gobierno que te dice que lo primero que lee todos los días es el Marca significa que tiene muy claro cuál es su papel. Se dedicó solo y exclusivamente a un tema: evitar el rescate, salvar este país y crear empleo. Lo demás le importaba una higa. Le traía sin cuidado Bárcenas y el partido. ¿Qué se equivocó y se tendría que haber ocupado del partido?, pues es probable.

P.-¿Y no corre el peligro Rajoy de verse salpicado por la Kitchen?

R. -Hombre, lo van a intentar. Tenemos una fiscal general que tela marinera. ¿Tú que necesitas?, ¿los indultos? ¿Tú?, ¿que te pida perdón por el etarra que se está muriendo?, lo hago. Esto no lo hubiera hecho Felipe González o Alfredo Pérez Rubalcaba. A Sánchez sólo le preocupa su propio culo. El PSOE no se merecía ese liderazgo. Es la falta de sentido de Estado y Mariano es la antítesis de todo eso. Que un registrador de la propiedad se meta en eso, lo veo muy difícil.

P. -¿Cree que Casado debería suspender de militancia a Fernández Díaz?

R. -El PSOE va a intentar implicar a todo el mundo, lo ha hecho siempre. Ahora habrá que ver qué pasa, no vaya a ocurrir como con los discos (duros) que lo archivó el juez tres veces. Vayamos por partes y ver cómo evolucionan las cosas.

No creo que a Iglesias se le haya pasado por la cabeza pedirle a nadie que le suspendan de militancia»

P. –En su libro le dedica un capítulo a Rita Bárbera, que considera fue maltratada.

R. -Fue maltratada, en primer lugar, por los de Compromís, que no encontraron otra fórmula para acabar con ella que decir que se había quedado con mil euros…

P.- Su partido la suspendió de militancia.

R.- Yo no lo hubiera hecho. Lo que pasa es que había muchísima presión. No creo que al vicepresidente segundo se le haya pasado por la cabeza pedirle a nadie que le suspendan de militancia ni asumir las responsabilidades de secretario general de un partido que hoy tiene una imputación por financiación irregular. A la izquierda se le perdona todo y al centro-derecha nada.

P. -Usted fue ministra de Sanidad. ¿En algún momento ha compadecido a Salvador Illa?

R. -Lo compadezco mucho, permanentemente, tiene mi simpatía personal porque sé por lo que está pasando. Creo que abordaron todo con retraso. Les pudo el vértigo del día 6 de marzo de suspender o no todo lo que estaba previsto para ese fin de semana, y no sólo la manifestación del Día de la Mujer, había reuniones, partidos de futbol, maratones… No lo hicieron por vértigo y, además, ¿cómo se lo explicaba Pablo Iglesias a su compañera? Dijo “verás tú, que ésta me mata”. Estoy convencida de que el ministro sabía perfectamente lo que tenía que hacer.

P. -Pero no lo hizo.

R. -No le dejarían. Es una decisión que tiene que tomar el presidente del Gobierno. Cuando tomas decisiones sin consultárselo al presidente y al vicepresidente te pasa lo que me pasó a mí, te ves en la calle.

La única vez que he visto a Ayuso sabiendo que era la presidenta de la Comunidad fue en el debate del estado de la región.

P. -¿Qué opina de la gestión de Díaz Ayuso?

R. -No tengo suficiente información, pero sí confío en el consejero de Sanidad y en el viceconsejero, que me parece un tipo que sabe de esto. A ella no la conocí. La única vez que la he visto sabiendo que era la presidenta de la Comunidad fue en el debate del estado de la región.

P. -¿No la vio presidenta en su comparecencia del lunes con Sánchez?

R. -La vi nerviosa, pendiente de alguien que, según algunos, venía a salvar Madrid. Sánchez es líder de un partido que lleva 27 años sin comerse un colín en Madrid y  piensa que como esta tía se lleve el gato al agua, ya no tenemos votos en Madrid en nuestra vida. Y el pedazo asesor que tiene, le dijo vete ahí que, basta que consiga dominar esto, y estamos muertos.

P. -¿Y cree que va a conseguir controlar la crisis?

R. -Lo que a mí me molesta es que todo el mundo se fija en Madrid, como si España fuera Madrid. Castilla-La Mancha tiene pueblos enteros cerrados a cal y canto, igual Aragón, Navarra, Extremadura… pero solo se habla de Madrid.

Iglesias es Dios, es el nuevo Papa y la ministra de Igualdad, pobrecita mía»

P. -Le hubiera gustado dejar a modo de legado un acuerdo sobre el futuro de las pensiones que aborta Podemos en el Pacto de Toledo.

R.- Podemos no, Yolanda Díaz. La Yolanda Díaz que yo conocí era una mujer muy radical que se oponía a todo, que veía el diablo detrás de cualquier persona que no fuera de Podemos, sobre todo si éramos del PP… Habían hecho un magnífico trabajo en esa comisión la gente de Podemos y, sobre todo, el de Compromís, pero llegó ella y dijo que no iba a votar a favor del acuerdo. O sea, que fue a boicotearlo. Ahora es el mascarón de proa de Podemos. El vicepresidente, por mucho que se haga moño, es lo mismo, vive sin vivir en sí y pasan las cosas que ni se entera. Va en coche oficial y tiene cinco coches de la Guardia Civil en su casa porque no se le pueden hacer escraches. A Soraya sí, pero a él no, porque él es Dios, es el nuevo Papa. Y la ministra de Igualdad, pobrecita mía.

P.- ¿Le he creído entender que Iglesias pinta poco en el Gobierno?

P. -No pinta nada. ¿Qué ha hecho aparte de pasearse? El que lleva el timón del barco se llama Pedro Sánchez y hace lo que le da su gana en función de sus propios intereses.

P. -¿Lo próximo va a ser un libro de recetas?

R. -Espero no escribir más libros, me ha costado enfados y malos ratos.