Nunca ha estado Alexander Boris de Pfeffel Johnson (Nueva York, 1964) tan cerca del 10 de Downing Street. Ha superado las cinco rondas de votaciones de los diputados conservadores con gran ventaja sobre sus rivales. En la última criba logró 160 votos, más de la mitad del total de 313, frente a los 77 de Jeremy Hunt, su sucesor como ministro Exteriores, con quien se disputa el liderazgo tory. Ahora tienen la palabra los 160.000 militantes conservadores, entre quienes hasta ahora Boris Johnson siempre ha sido muy popular. La decisión se conocerá a partir del 22 de julio.

El principal obstáculo para que Boris Johnson llegue a cumplir su sueño de ser primer ministro, como su admirado Winston Churchill sobre quien escribió El factor Churchill, es Boris Johnson. Llegó a decir el ex ministro de Exteriores y ex alcalde de Londres que sería más fácil “encontrar a Elvis en Marte o que él mismo se reencarnara en una aceituna” que integrar la lista de sucesores de Churchill. Esta cita da idea de cómo a Johnson le fascinan las hipérboles.

Tan ensalzado por su carisma y espontaneidad como detestado por su falta de principios, nadie sabe quién es el Boris Johnson que ejercerá como líder del Partido Conservador, si finalmente vence a Jeremy Hunt y a sus continuos desatinos, bombas que muchas veces se han vuelto contra él. Su equipo de campaña ha procurado mantenerle en silencio y solo ha participado en esta primera fase en el debate de la BBC para evitar contratiempos.

Aún así, este fin de semana ha vuelto a las primeras páginas británicas por la denuncia de un vecino de Johnson y su actual pareja, Carrie Symonds, ex jefa de prensa del partido, por las voces y golpes que provenían de su domicilio en la madrugada del viernes, según ha publicado The Guardian.

La última portada de The Economist muestra un Boris Johnson con la mitad del rostro de un payaso y la otra mitad sin aderezos. ¿Qué Boris tendría el Reino Unido?, se pregunta el semanario. La respuesta quizá no la sepa ni el propio Boris.

Descubramos quién es Boris Johnson, probablemente el sucesor de Theresa May, a través de sus palabras, reflejo de la vida del personaje hasta ahora. La solemnidad del 10 de Downing Street puede hacerle dejar atrás al personaje que ha sido y transformarle en un político a la altura de las circunstancias.

1. “Soy de estar en misa y repicando”.

Define bien la forma de ser de Boris Johnson esta cita que en inglés es: “I want to have my cake and eat it”. Johnson lo quiere todo, no quiere renunciar a nada nunca. Es el aforismo que mejor define su personalidad.

Cuando en 2001 fue elegido diputado conservador por Henley, en Oxfordshire, llevaba dos años dirigiendo The Spectator, revista cercana a los tories, propiedad de Conrad Black. A Black le había prometido que convertiría la publicación en una deliciosa galleta, tan del gusto británico. Sería sólida por dentro y explosiva como una bomba de chocolate. A Black le pareció una locura imaginativa.

Estaba realmente a gusto en The Spectator cuando obtuvo su escaño, pero le instaron a dejar el puesto por conflicto de intereses. Fue entonces cuando reconoció que a él le gustaba estar en misa y repicando, y que podía hacerlo.

Según relata Sam Knigt en The empty promise of Boris Johnson en The New Yorker, respondió en este mismo sentido a Lynn Barber, del Observer, al plantearle a qué era capaz de renunciar. “No soy de renunciar a nada. Soy más bien optimista y no veo por qué he de hacerlo. Tiendo a pensar que siempre hay una manera de conjugarlo todo”.

2.“Contra Europa y contra la pena de muerte, no más”.

Boris Johnson podría suscribir la frase atribuida a Groucho Marx: “Estos son mis principios y si no le gustan tengo otros”. Lo que suscriben quienes le han tratado de cerca es que puede sostener una afirmación y su contraria. Incluso que dudó hasta el final si apoyar la campaña sobre dejar o seguir en la UE y que optó por la salida porque le gustó más su argumentación.

Después de convertirse en una estrella del Telegraph como corresponsal en Bruselas, más que por su rigor periodístico por su desfachatez antieurócratas, el periódico le nombró columnista político en 1999. Era una especie de caricatura pero con tirón popular así que mejor sería que escribiera su propia opinión.

Según escribe Sonia Purnell en Just Boris: A Tale of a Blond Ambition, Johnson confesó al que fuera su jefe en The Telegraph que no tenía opiniones políticas. Incrédulo, le replicó que alguna tendría. “Bueno, estoy contra Europa y contra la pena capital”. Con eso ya servía para seguir dando guerra.

3. El tamaño (de los bulos) importa. O no.  

Boris Johnson, como Winston Churchill o Benjamin Disrael, ha sido periodista antes que político. Escribe con facilidad, y sobre todo, tiene una gran inventiva. Lo demostró en su primer empleo en The Times cuando atribuyó erróneamente una cita a su padrino, el historiador Colin Lucas. Publicó en primera página un artículo sobre los encuentros de Eduardo II y Piers Gaveston en Rose Palace. Pero Gaveston fue ejecutado 13 años antes de la construcción de Rose Palace. Fue despedido pero no perdió crédito.

Con 24 años el Telegraph le envió a Bruselas como corresponsal en la primavera de 1989. Allí estaría hasta 1995. Ya había vivido en la capital comunitaria en su infancia. Su padre, Stanley Johnson, había sido uno de los primeros británicos en trabajar en la Comisión Europea tras el ingreso del Reino Unido en 1973. Stanley Johnson, de 78 años, convencido ecologista, fue eurodiputado y es un firme defensor de la permanencia del Reino Unido en la UE.

Boris Johnson tardó unos meses en encontrar su tono pero pronto dio con la clave para brillar con sus crónicas sobre la burocracia bruselense. Había que colocar un espejo que distorsionara tanta normativa y la hiciera parecer ridícula. “La Comunidad Europea ha descartado los planes italianos de fabricar condones de 54 milímetros de anchura”, escribía en una crónica de mayo de 1991 sobre la armonización de productos. No hay en realidad un tamaño estándar de condones en la UE.

Todo lo que escribí en Bruselas era como lanzar piedras y escuchar el estruendo que causaban al caer en el invernadero de Inglaterra. Me daba sensación de poder», dijo Johnson

De la misma forma se refería a la necesidad de crear “una policía que vigilara la forma y tamaño de los plátanos, o se refería a cómo la sede de la Comisión Europea, el edificio Berlaymont, tendría que ser derribada con artefactos explosivos por asbestos. Finalmente se quitó el asbesto pero no a bombazos.

A Margaret Thatcher le encantaban sus relatos. En la BBC, Boris Johnson se refirió en 2005 a su trabajo como corresponsal en Bruselas: “Todo lo que escribí allí creo que era como lanzar piedras sobre la pared del jardín y escuchar el estruendo que causaban al caer en el invernadero en Inglaterra. Eso me daba, supongo, una extraña sensación de poder”.

4. “De ser un animal, la UE sería una langosta”.

En la campaña de las elecciones europeas de 2014, el diario en el que todavía escribe, el Telegraph, le envió a Bruselas de nuevo unos días y allí le preguntaron sobre su visión sobre la UE una y otra vez. Cuando le pidieron que comparara la UE con un animal, contestó: “Sería una langosta… porque la UE, por la manera en la que trabaja, anima a que sus miembros pidan en la mesa este delicioso manjar porque todos saben que la factura la va a pagar otro, y normalmente van a ser los alemanes”.

Hay quienes ven en su biografía razones para explicar este sentimiento tan arraigado contra las instituciones europeas. Boris Johnson apenas tenía nueve años cuando su familia se trasladó a Bruselas, donde aprendió muy bien francés. Su padre, Stanley Johnson, apenas paraba por casa y empezó a tener aventuras. Cuando Boris tenía diez años, su madre, Charlotte, sufrió una depresión. Junto a su hermana Rachel, también periodista y escritora, pasó el curso en un internado.

Napoleón y Hitler intentaron (recrear el Imperio Romano) y terminaron de forma trágica. La UE lo intenta por otros métodos», escribió Johnson

Sus críticas a la Unión Europea se repiten después de dejar la corresponsalía. En el Telegraph, escribió en 2016 sobre los intentos en la Historia de recrear la edad dorada del Imperio Romano: “Napoleón y Hitler, y varios otros, lo intentaron y terminaron de forma trágica. La UE lo intenta pero por otros métodos”.

Cuando quiere demostrar que, a pesar de sus recelos con las instituciones, es europeísta, hace alusiones machistas, como en esta cita de 1997: “Soy bastante proeuropeo, de hecho. Quiero una comunidad europea donde poder ir y disfrutar de deliciosos cruasanes, beber un estupendo café, aprender idiomas extranjeros y hacer el amor con mujeres de otros países”.

5. “Damos 350 millones de libras semanales a la UE y no a sanidad”.

Apenas cuatro meses antes del 23 de junio de 2016, cuando se celebró el referéndum del Brexit, Boris Johnson hizo pública su postura. Cuenta Tim Shipman en All Out War que había escrito dos artículos a favor y uno en contra. Otra muestra más de cómo Johnson tiene unos principios que se amoldan a las circunstancias. Anunció primero su apoyo al Leave (salir) pero prometió mantener un perfil bajo, ya que el primer ministro conservador, David Cameron, defendía la permanencia (Remain). Sin embargo, no cumplió con su condiscípulo en Eton.

Revivió de alguna manera aquella época en la que se divertía en Bruselas volviendo locos a los eurócratas con sus escandalosos bulos. Frente a una campaña a favor de la permanencia desangelada, los brexiters, y Johnson en cabeza, se dejaron ver en los autobuses rojos pintados con la cifra mágica: 350 millones de libras. La cantidad que supuestamente el Reino Unido dedicaba semanalmente al presupuesto comunitario y que si salían de la UE iría a parar al depauperado servicio de salud público (NHS). La estrategia se relata con fidelidad en The Uncivil War.

Declaró que el día de la victoria del Brexit era como “el día de la independencia”, a lo que ya se había referido Nigel Farage, entonces líder del UKIP.

6. “El Acuerdo de May es un chaleco-bomba”.

A pesar de los bulos en los que estuvo basada la campaña, el Brexit ganó en junio de 2016 pero aún no ha podido llevarse a la práctica. David Cameron dimitió al conocerse el resultado y Boris Johnson entonces se escudó en la traición de Michael Gove, que se presentó por sorpresa, para no echar el resto por el liderazgo tory. Tres años después, Theresa May ha anunciado su marcha, derrotada por un Brexit que ha dividido al partido conservador, al Gobierno, al Parlamento y al Reino Unido.

El Acuerdo que alcanzó May en noviembre de 2018 ha sido rechazado en el Parlamento una y otra vez. Boris Johnson ha llegado a votar a favor una vez, meses después de decir que “el Acuerdo de May es un chaleco bomba para el Reino Unido”.

Sin embargo, en esta campaña por el liderazgo conservador aboga por introducir cambios, sobre todo sobre la salvaguarda en relación con la frontera interirlandesa. La UE, como recordaba insistentemente el aspirante Rory Stewart, ministro de Cooperación Internacional, se opone a mover una coma.

¿Qué es el Canal de la Mancha? Es un antiguo río que ha crecido demasiado… Siempre seremos parte de Europa psicológicamente», dijo al semanario ‘Der Spiegel’

Suele mitigar estas citas broncas con declaraciones en las que pretende mostrar su vocación europeísta, como cuando dijo a Der Spiegel en 2015: “No podemos dejar Europa. Somos parte del continente europeo. ¿Qué es el Canal de la Mancha? Es un antiguo río que ha crecido demasiado… Siempre seremos parte de Europa psicológicamente”. Su lema ahora sobre el Brexit quiere dejar claro que habrá salida: “Después de tres años y dos plazos incumplidos, debemos salir de la UE el 31 de octubre”. Pero no dice “vamos a salir”, que sería más resolutivo. Veremos.

7. “Turquía entrará en la UE”. Erdogan y la cabra.

Otra de las falacias en las que basó la campaña del Brexit tiene que ver con Turquía. Insistió una y otra vez en que la entrada de Turquía en la Unión Europea era inminente.

Firmó una carta conjunta en la que se decía que “la única manera de evitar tener fronteras comunes con Turquía sería votar por la salida y retomar el control”. La campaña pro Brexit también aludía a cómo Cameron apoyaba la entrada de Turquía en la UE y se preguntaba cómo lo iba a soportar nuestro sistema sanitario público.

Soy muy proturco, pero no me puedo imaginar una situación en la que 77 millones del país de mis parientes puedan venir aquí sin controles», dijo Johnson

Uno de los bisabuelos de Boris Johnson, Ali Kemal, fue primero periodista y luego prominente político en el Imperio Otomano. La familia adoptó, sin embargo, el apellido de la parte materna, Johnson.“Soy muy proturco, pero no me puedo imaginar una situación en la que 77 millones del país de mis parientes puedan venir aquí sin controles. Sería una locura y no funcionaría”.

Su supuesta admiración por los turcos no le impidió burlarse del presidente Erdogan, a quien describió como amante de una cabra en una poesía satírica con la que ganó un concurso de The Spectator. “Había un joven de Ankara/ era un tremendo idiota / hasta hizo salvajadas/ con la ayuda de una cabra/ pero ni siquiera se detuvo a dar las gracias”.

8. “Las mujeres con burka son como buzones”.

Apenas un mes después de dejar de ser ministro de Exteriores en julio de 2018, en su columna en The Telegraph, por la que recibe 250.000 libras anuales, se refería a la prohibición en Dinamarca del uso del burka en lugares públicos.

No le parecía bien la prohibición pero expuso cómo le parecía ridículo el uso del burka. “Si me dices que el uso del burka es opresor, estoy de acuerdo”, escribió y añadió que las escuelas y centros universitarios deberían ser libres para decidir si las mujeres musulmanas llevan velo en caso de que les haga parecer “como ladronas de bancos”.

Es absolutamente ridículo pasear por ahí como si fueran buzones andantes y me desagrada que haya gobiernos que animen a esas demostraciones de supuesta modestia», escribió Johnson

“Iría más lejos y diría que es absolutamente ridículo que la gente elija pasear por ahí como si fueran buzones andantes, y me desagrada que haya gobiernos que animen a esas demostraciones de modestia”, añadía en el texto.

Sin embargo, Johnson señalaba que no debería ser el gobierno el que interviniera en una cuestión relativa al islam y que deberían ser los negocios o los centros educativos los que decidieran.

El dirigente laborista David Lammy le calificó como “un Donald Trump de pacotilla” a la vez que le acusó de “atizar el fuego de la islamofobia”. A su jefa de filas, Theresa May, también le parecieron ofensivas sus alusiones.

A pesar de todo, Johnson suele retratarse, y pone como ejemplo sus años como alcalde de Londres (2008-2016), como un líder proinmigración. “No hay ningún otro político que pueda presentarse como un líder favorable a la inmigración”, señalaba en 2013. Sin embargo, en la campaña del Brexit se refería al caos de años de “inmigración descontrolada”.

9. «Orgías caníbales en Papúa Nueva Guinea» y «gorilitas sonrientes».

Políticamente incorrecto, ha pedido disculpas en numerosas ocasiones de forma poco convencional. “Durante 10 años en el Partido Conservador nos hemos acostumbrado a las orgías de canibalismo al estilo de Papúa Nueva Guinea y a matar al jefe por lo que nos alegra ver cómo la locura se ha apoderado de los laboristas”, escribió en septiembre de 2006. Años más tarde pidió perdón a su manera: “Añado Papúa Nueva Guinea a mi itinerario global de las disculpas”.

Para burlarse de la afición viajera de Tony Blair, al que no profesa cariño alguno, volvió a mostrar su latente racismo: “Qué agradable debe de ser para Blair salir de Inglaterra. Se decía que la reina había llegado a amar la Commonwealth porque le daba la posibilidad de recibir saludos de multitudes de sonrientes gorilitas”, publicó en 2002 en su diario.

En el Foro Económico Islámico Mundial, cuando el primer ministro de Malasia Najib Razak dijo que el 68% de las mujeres se esperaba que fueran a la universidad, Johnson replicó: “Irán a buscar marido”.

Votar ‘tory’ hará que tu mujer tenga las tetas más grandes y aumentarán las posibilidades de que tengas un BMW M3″, mantiene el conservador

Y para convencer a los británicos de las bondades del Partido Conservador señaló: “Votar tory hará que tu mujer tenga las tetas más grandes y aumentarán las posibilidades de que tengas un BMW M3”.

Con los escoceses lo tiene complicado, como expuso en el Parlamento Ian Blackford, el líder del Partido Nacional Escocés en Westminster, que le acusó de “racista”. Johnson habría dado el visto bueno a la publicación de un poema en 2004, de James Michie, que se burlaba de los escoceses, a los que calificaba como “una raza de alimañas”.

10. Obama, «parcialmente keniata»; Hillary, «enfermera sádica». 

Admirador de Trump, el presidente de Estados Unidos ha reconocido en varias ocasiones su predilección por Boris Johnson. Sin embargo, en la última visita de Trump al Reino Unido han tratado de mantener las distancias. Demasiada cercanía podría haber sido perjudicial para Johnson.

Al favorito en la carrera por el 10 de Downing Street no le gustó que el entonces presidente demócrata Barack Obama advirtiera de los riesgos del Brexit en un artículo publicado en abril de 2016, cuando visitó y apoyó a Cameron. Por ello, Johnson le dirigió estas palabras: “El presidente parcialmente keniata tiene un ancestral recelo del imperio británico, del que Churchill era un gran defensor”. Según uno de sus colaboradores cercanos, Obama vería a Johnson como un Trump con mejor pelo.

Probablemente Trump coincidiría con la visión de Johnson sobre quien fuera la aspirante demócrata a la Casa Blanca en noviembre de 2016, Hillary Clinton. “Tiene el pelo rubio teñido, los labios sensuales, y los ojos de azul acero, como una enfermera sádica en un psiquiátrico”. Lo escribió en 2007. Salvo Trump ningún otro líder mundial ha traspasado tantas líneas rojas con sus palabras.

Hasta ahora no tiene propósito de enmienda. “Es cierto que algunas veces uso un lenguaje que puede ser ofensivo. Siento el daño que pueda ocasionar. Pero voy a continuar hablando de la misma forma, directamente, porque creo que es lo que quieren los británicos”. Boris Johnson por Boris Johnson.