El joven activista Joshua Wong, en el aeropuerto de Hong Kong.

El joven activista Joshua Wong, en el aeropuerto de Hong Kong.

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Joshua Wong, el veinteañero que desafía al 'emperador' Xi Jinping en Hong Kong

Internacional

Joshua Wong, el veinteañero que desafía al 'emperador' Xi Jinping en Hong Kong

El rostro más visible de las protestas asegura que el movimiento no va a parar hasta que haya elecciones libres

«No somos revolucionarios, solo queremos vivir en libertad». Joshua Wong, que cumple 23 años el próximo 13 de octubre, es el rostro más conocido de las protestas que tienen lugar desde hace más de diez semanas en Hong Kong. Miles de personas están desafiando a la autoridad local, subordinada a Pekín, en demanda de una democratización real de la antigua colonia británica.

Este lunes el aeropuerto de Hong Kong ha tenido que cerrarse y se han cancelado miles de vuelos por la presencia de los manifestantes, que se han plantado allí para exigir el cambio de régimen. Pekín ha advertido que quien juega con fuego acaba quemado y ha señalado que ve «signos de terrorismo», según informa South China Morning Post.

Joshua Wong, que nació solo un año antes de que el Reino Unido transfiriese la soberanía sobre Hong Kong a China, salió de prisión el 17 de junio pasado, cuando ya estaban en marcha las protestas. «Hola mundo, hola libertad. Acabo de salir de prisión. ¡Vamos Hong Kong! Retirad el proyecto de ley de extradición. Carrie Lam dimite», fue su primer tuit tras el encarcelamiento.

Es secretario general del partido liberal Demosisto, fundado en 2016, que ha coordinado las acciones de los estudiantes y ha organizado campañas de crowdfunding para ayudar a los manifestantes. El objetivo de las manifestaciones era entonces que el gobierno local derogara ese proyecto de ley por el que los arrestados en Hong Kong serían juzgados en China, lo que contradice la autonomía judicial del territorio, que China iba a respetar durante los 50 años posteriores a la transferencia de soberanía en 1997. A continuación exigieron la dimisión de la jefa del gobierno local, Carrie Lam, quien se ha limitado a suspender temporalmente la aplicación de esa norma.

China no está dispuesta a ceder, ya que si aceptara la marcha de Carrie Lam sería una clara señal de debilidad ante un movimiento prodemocrático. Habría un claro riesgo de que la llama de la libertad prendiera en otros enclaves sensibles. De hecho, si este levantamiento hubiera sido en Xinjiang o en el Tíbet, la respuesta de Pekín habría sido más contundente.

Pero en Hong Kong, uno de los centros financieros más atractivos del mundo, Pekín ha de saber jugar sus cartas. Hay mucho en juego. «No pueden enviar al Ejército de Liberación del Pueblo a Hong Kong. Si lo hacen, la economía se resentirá gravemente. Y el precio que pagarán los líderes financieros pro Pekín de Hong Kong sería enorme», explicaba Joshua Wong en una entrevista en RFI.

Joshua Wong, que ya fue el rostro visible de la revuelta de los paraguas en 2014, es el primero en destacar que este movimiento no tiene un líder visible. «Hace cinco años pedíamos elecciones libres y plantamos cara al presidente Xi Jinping. Hoy pedimos elecciones libres y nos enfrentamos al emperador Xi. Somos conscientes de que su política se ha endurecido. Este movimiento no tiene jefes y eso es positivo. Las autoridades chinas no pueden encarcerlar a una persona y con ello lograr que la protesta cese. Por esa razón la protesta dura ya casi tres meses», decía Joshua Wong a este medio francés.

Según el activista hongkonés, el momento es crucial porque Xi Jinping se ha transformado y pretende acabar con la máxima de «un país, dos sistemas» para imponer «un país, un sistema». Al suprimir la limitación de mandatos presidenciales, según Wong, podrá mantenerse en el poder cinco, diez, 15 o 20 años más.

China ha relacionado a Joshua Wong con Estados Unidos, país al que acusa de estar injiriendo en Hong Kong. Recientemente se han revelado unas fotografías de Wong en un encuentro con una diplomática estadounidense. El activista de Hong Kong asegura que estaba solicitando su ayuda para pedir al Congreso de EEUU que no venda material anti disturbios a la policía al servicio del Ejecutivo local.

Muy activo en redes sociales, desde su cuenta de Twitter Joshua Wong informa del desarrollo de las movilizaciones y denuncia la creciente violencia policial. Los activistas apuntan a que junto a las fuerzas de seguridad actúan elementos que se ocultan con pasamontañas y son extremadamente fieros.

Precocidad política

Desde que comenzó su activismo político, con apenas 13 años, Joshua Wong es una pesadilla para China y para el subordinado gobierno de Hong Kong. Hijo de una pareja de clase media, Grace y Roger Wong, de confesión protestante, su primera batalla fue contra un tren de alta velocidad entre Hong Kong y territorio chino. Solía acompañar a su padre en sus tareas evangelizadoras en los barrios más empobrecidos. A los 15 años abanderó un movimiento prodemocracia llamado Scholarism (escolarismo), fundado en mayo de 2011.

Lograron concentrar a 120.000 personas en septiembre de 2012 y ocuparon las oficinas del gobierno local en demanda de un cambio del plan de estudios. Consiguieron que no se impusiera una asignatura llamada Educación Moral y Nacional, encaminada a adoctrinar a los jóvenes en el comunismo y en la condena al liberalismo.

En 2014 fue uno de los cabecillas de la llamada revolución de los paraguas, junto a Alex Chow o Edward Leung. Defensores de la no violencia los manifestantes utilizaban paraguas para defenderse de los gases lacrimógenos y de las pelotas de goma que les arrojaba la policía. Wong promueve las concentraciones masivas no violentas.

Ha superado la dislexia que le ocasionaba problemas de lectura y escritura, y ahora cursa estudios de Ciencias Políticas y Administración Pública. Reconoce que su tarea se inspira en uno de los líderes del levantamiento de Tiananmen, el profesor y disidente Wang Dan, que vive fuera de China desde 1998.

Hace cinco años los hongkoneses se rebelaron contra la reforma de la ley electoral, que fijaba que los votantes se limitaran a elegir en los comicios de 2017 entre tres candidatos, previamente aprobados por Pekín. Joshua Wong desde entonces ha estado entrando y saliendo de prisión. En 2016 creó el partido liberal Demosisto.

Su biografía ha llamado la atención de Netflix, que en 2017 estrenó un documental sobre la vida de este jovencísimo líder asiático, uno de los más influyentes del mundo, según Fortune. La película, bajo el título Joshua: Teenager vs Superpower, es obra del director Joe Piscatella y ganó el premio del público en Sundance Film Festival en 2017. «No pararé hasta que Hong Kong sea hongkonés».

En 2014 ya había escrito un libro I am not a Hero. Es lo que suscribe en cada entrevista: «No soy un héroe. Son héroes los hongkoneses que se manifiestan en las calles», dijo a Time. En febrero 2020 publicará Unfree Speech: The Threat to Global Democracy and Why We Must Act Now, en colaboración con el abogado Jason Jg. «Es un manifiesto poderoso sobre la democracia global», explica Joshua Wong. En el libro relata su viaje personal desde 2011, cuando creó el llamado escolarismo, y sus días en prisión. Wong ya fue nominado para el Nobel de la Paz por su papel en la revolución de los paraguas.

«Necesitamos que quienes están en el poder nos escuchen, y para que eso ocurra es fundamental la presión de la comunidad internacional. Cualquiera que crea en la democracia está implicado en esta lucha. Espero que este libro ayude en esta batalla», comentaba al South China Morning Post.

Asegura que no se va a conformar si el gobierno local no anula el proyecto de ley de extradición, acepta una comisión independiente sobre la violencia policial (solo este fin de semana se registraron 45 heridos y han detenido a 500 personas desde principios de junio), y se convocan elecciones libres.

Sabe que es un reto complejo, pero su lucha no está condicionada por los obstáculos que enfrenta. Es un David 2.0 frente al emperador rojo, un Goliat del siglo XXI. «Luchamos sin analizar la posibilidad de tener éxito. Si solo te mueves cuando crees que vas a tener éxito, nunca te implicarías en un movimiento social o estudiantil». Frágil y aniñado, su mensaje es poderoso: «No pararemos que seamos una democracia».