Mujeres | Sociedad

¿En serio me puedo dedicar a esto?Rompiendo estereotipos en el instituto

Rompiendo la brecha, actividad de Clece en institutos de toda España. Clece

“Ahora va a entrar la persona responsable de seguridad. Tiene permiso de armas, ha escoltado al rey. Es especialista en criminalística y en perfilar asesinos en serie”. La descripción despierta el interés de los alumnos de secundaria, pero la verdadera sorpresa llega cuando se abre la puerta. Aparece Tania González, 33 años, poco más de un metro sesenta y unos sesenta kilos de peso. “¿En serio?”

Sí. No han llegado a la mayoría de edad, pero los adolescentes ya viven marcados por los prejuicios de una sociedad donde ciertas profesiones son aún territorio masculino. Y viceversa, pocas chicas quieren ser vigilantes de seguridad y pocos de ellos se atreven a decir que quieren ser monitores de educación infantil o auxiliares de ayuda a domicilio.

Sin embargo, son tres profesiones de futuro y las reglas para adentrarse solo se las debe poner uno mismo. De esa idea nace “Rompiendo la brecha”, que de momento Clece, empresa de servicios filial de ACS, está dando por toda España y ha llegado ya a más de 200 chicos y chicas de Madrid, Málaga, Valencia, Sevilla y Valladolid. «Nuestra sociedad sigue muy marcada por patrones sexistas y queríamos dar a los jóvenes la oportunidad de saber que no tienen por qué quedarse encajonados en los prototipos, que pueden ser lo que quieran ser», afirma Daniela Macías, coordinadora de esta actividad en Andalucía.

En una de estas charlas habló también Celia López. Ella es ahora jefa de servicio de ayuda a domicilio, un reconocimiento a toda una carrera en la que ha tenido que lidiar también con muchos prejuicios: «Cuando empecé me compré un traje y un maletín de piel para que me tomaran en serio. Era muy joven y tenía que tratar con militares y guardias civiles ya que era su enlace para la coordinación de un programa de ayuda a domicilio».

«Entonces, ¿te disfrazabas?¿No te sentías mal de no poder ser tú misma?», le dijo una chica durante una charla. «Ahora, tras 18 años trabajando en servicios sociales, me doy cuenta de muchas cosas, como que al principio reprimía mi sensibilidad porque podían interpretarla como una debilidad. Pero ahora veo cómo la he podido convertir en una virtud», explica López, quien también contó a los chavales que su carrera hasta convertirse en la única jefa de servicio de la provincia de Málaga ha visto también un matrimonio, dos hijos y un divorcio. «Quería explicarles que, no siendo fácil, las cosas se pueden hacer. Hay que enseñar a los chicos nuevos modelos. Tenemos que empoderarnos, tanto mujeres como hombres, hay una clave en la propia actitud», añade López.

La idea de llegar a los jóvenes surge de una realidad que ven día a día desde el departamento de igualdad de Clece, una empresa de servicios con más 78.000 empleados donde «las personas que trabajan, en su mayoría, siguen estando cultural y socialmente vinculadas a su sexo. Ellas con el rol de cuidadoras y servicios y ellos en profesiones muy masculinizadas», indica Susana Pérez Monje, responsable de Igualdad en la compañía.

Pérez explica que se han enfocado en los institutos ya que es «el momento adecuado de la etapa educativa porque todavía están sensibles y es el momento en el que puedes parar que asuman determinados prejuicios e ideas preconcebidas sobre lo que deben ser las actitudes femeninas o masculinas. En esta etapa, si los menores reciben del exterior influencias estereotipadas, todavía se pueden descomponer y ayudarles a que tengan elementos de juicio a la hora de decidir su carrera profesional».

A Miguel Ángel Martín, o mejor dicho a su entorno, les hubiera venido bien escuchar alguna de estas charlas cuando estaba en el instituto. Martín es otro de los protagonistas de estas charlas a través de su experiencia personal de siete años trabajando en ayuda a domicilio. «Nerja es un pueblo pequeño y al principio recibía muchas caras serias y veía cómo llamaban a la empresa para pedir que viniese mejor una muchacha. Tuve dos o tres casas en las que me cerraron la puerta y una mujer me dijo incluso que ‘su marido, ya fallecido, era el único macho que iba a entrar en su casa'», cuenta.

Poco a poco ha ido rompiendo esas barreras de prejuicios, pero en el camino se le han quedado también algunos amigos. «Amistades, si se les puede llamar así, me han llegado a decir si ya me tocaba ir a limpiar culos con lo ‘peazo’ tío que yo soy… Al principio me ponía colorado pero con el tiempo empecé a sacar pecho y estar orgulloso de ganarme la vida a diferencia de otros que siguen viviendo de sus padres o de hacer cosas raras», añade Martín, quien cree que los hombres están igual de preparados que las mujeres para hacer el trabajo. «Hay que convencer a la juventud de que si no hay jóvenes que hagamos esto, los mayores no van a tener quién les cuide. Y que si consiguen sacarse el título, trabajo no les va a faltar», afirma el trabajador de ayuda a domicilio.

Todos los implicados en estas charlas coinciden en la «alucinante» y «fantástica» respuesta con la que los jóvenes han recibido las charlas. «No tiene sentido que la presión de grupo frene a algún joven de hacer lo que quiera hacer. Su destino ha de ir en función de sus deseos y anhelos y no de lo que imponga la sociedad», concluye Macías.

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