Pasaron de ser una importante fuente de ingresos y la principal atracción turística de la ciudad a convertirse en un infierno para sus habitantes. Monos hambrientos, en libertad y lejos de cualquier tipo de control campan a sus anchas por las calles, tejados y comercios de Lopburi, una de las provincias más antiguas de Tailandia. Mientras, los vecinos se encuentran refugiados en sus hogares, atemorizados y con restricciones de movilidad en determinadas zonas ‘prohibidas para los humanos’ por su peligrosidad.

No se trata de una o dos decenas, sino de miles de estos animales que dejan sus excrementos por todos los rincones y provocan un olor pestilente en el ambiente, especialmente cuando llueve. En sus comienzos, los monos eran tolerados por la población debido a que les ayudaban a ganar dinero de cara al turismo, y lejos de espantarlos, aprendieron a coexistir y convivir en el mismo hábitat. Incluso, se les llegó a confinar alrededor de uno de los templos más emblemáticos del lugar, donde los turistas podían alimentarlos y hacerse fotos con ellos. Con el paso del tiempo, en concreto, en cuestión de tres años, los animales de esta especie se multiplicaron por dos, alcanzando la friolera de 6.000 primates, frente a 27.000 humanos.

A raíz de la llegada de la pandemia del coronavirus y el correspondiente cierre de las fronteras tailandesas, la ciudad dejó de recibir visitantes y en consecuencia, la situación se tornó incontrolable. Los animales fueron invadiendo las calles adyacentes en busca de víveres, se apropiaron de edificios, y obligaron a muchas tiendas a cerrar sus puertas o instalar barreras de protección, como altas verjas de hierro.

Tal es la desesperación, que los comerciantes han decidido darles de comer ellos mismos para prevenir los robos y ataques que hasta el momento estaban sufriendo por parte de los simios. Después de varios días solicitando ayuda a las autoridades, estas han decidido llevar a cabo una campaña de esterilización, la primera en tres años, mediante la cual se castrarán más de 500 macacos, para, al menos, reducir su reproducción.

Se trata de un complicado y peligroso procedimiento, ya que los monos son atraídos a grandes jaulas con alimento, y allí se les anestesia y traslada a una clínica veterinaria para finalmente realizar la esterilización. Sin embargo, las quejas no descienden debido a que los ciudadanos consideran insuficiente la campaña y creen que se debería estudiar una alternativa más duradera y eficaz. Una de las propuestas consiste en sacar a todos los macacos de esta ciudad y trasladarlos a un lugar cerrado y exclusivo para ellos. Y es que, pese al sufrimiento originado, los tailandeses no olvidan que el mundo regresará a la normalidad, y estos animales aportan grandes beneficios a su economía.

No se trata del primer caso de ‘invasión’ o ‘rebelión’ por parte de dicha especie en Asia desde que comenzara el confinamiento. En la India, el confinamiento de sus 1.300 millones de habitantes ha hecho que la fauna del país asiático tome las calles. En esta nación los monos siempre han sido considerados un tipo de animal sagrado, con el que además no resultaba complicada la convivencia. Pero desde que empezara la anómala situación sanitaria y sus calles se vaciaran de gente, los animales se volvieron violentos y asumieron el rol de especie ‘dominante’.

Sin ir más lejos, hace unos meses, un grupo de monos se coló en un laboratorio de la India, cerca de Nueva Delhi, para robar varios lotes de sangre de unos pacientes sospechosos de estar infectados por la Covid-19. En este caso saltaron todas las alarmas por miedo a la propagación del virus que pudiese provocar la ocurrencia de los animales, con mayor motivo, cuando se avistó a uno de ellos masticando una de las muestras en lo alto de un árbol. Según informó más tarde el personal del hospital, los pacientes a los cuales les habían extraído sangre no habían dado positivo en covid-19.