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Carlos Fresneda, sobre Greta Thunberg: "Como no puedes matar el mensaje, matas al mensajero"

El escritor y periodista Carlos Fresneda.

El escritor y periodista Carlos Fresneda. Miguel Fresneda

Aprendió de Jim Merkel, un hombre vivía con 5.000 dólares al año, y tiene como referentes a activistas de la talla de Domingo Jiménez Beltrán, ex director de la Agencia Europea del Medio Ambiente. Carlos Fresneda compagina su trabajo como corresponsal de El Mundo en Londres con la labor de dar voz a los pioneros en la defensa del medio ambiente en sus artículos y en su nuevo libro, EcoHéroes.

Fresneda, que también desarrollado su carrera desde Milán y Nueva York, confiesa en una entrevista con El Independiente que tiene «un vínculo muy especial con Mallorca» y, por ello, les ha dado especial protagonismo en su nueva obra a activistas de la isla, como Montserrat (Monty) Pons i Boscana, conocido como l’apotecari de les figueres, que ha creado con los años un paraíso de higueras. Esta y otras 100 historias en torno al ecologismo son las que narra el autor en un libro que inicialmente iba a centrarse en ‘la otra América’: «Yo quería mostrar la América que no se conoce y, de hecho, empecé una serie en el suplemento Natura de El Mundo, cuando todos los grandes periódicos, no me canso de recordarlo, tenían un suplemento de medio ambiente».

Hace hincapié en que «hay dos palabras que se repiten mucho, casi constantemente, en el libro: una de ellas es resiliencia, por la pandemia, y la otra es regeneración, que es ahora el mantra de toda la gente que trabaja en temas ambientales».

PREGUNTA.- En el libro, cuentas la historia de más de 100 activistas, algunos conocidos y con proyectos globales y otros más desconocidos y enfocados en lo local. ¿Qué aprendizaje te llevas de estos ecohéroes y cómo lo vas a incorporar a tu vida?

RESPUESTA.- Yo ya lo había incorporado porque, en los años 90, escribí un libro que se llama La vida simple. Viviendo en Estados Unidos hice una historia del downshifting -comportamiento social o tendencia en la que los individuos viven vidas más simples para escapar del materialismo obsesivo-, en respuesta a la época de las vacas gordas. Yo llevo sin coche 30 años; me lo robaron y me hicieron un favor, porque no me ha hecho falta viviendo siempre en ciudades grandes. Soy mayormente vegetariano, desde hace más de 30 años, casi 40, ando mucho en bici y siento mucho la llamada de la naturaleza; siempre necesito tenerla cerca.

Llevo sin coche 30 años; me lo robaron y me hicieron un favor»

Jim Merkel, autor de Simplicidad radical, fue mi maestro en el arte de la simplicidad radical. Él vino a España a promocionar el libro. Era ingeniero del Pentágono y que de pronto dio un cambio en su vida y se pasó al otro extremo. Este hombre vivía con 5.000 dólares al año y yo creo que hace falta gente radical para demostrar que es posible. Él dice que ser radical es ser fiel a tus raíces, y es un libro que a mí me iluminó mucho. De hecho, justo al volver a Estados Unidos, fui a verle a Maine, que es donde estaba ya establecido con su hijo. Cuento un poco su historia, de cómo su hijo incluso ha ayudado a autoconstruir la casa y a introducirse en esa cultura con cuatro o cinco años. 

He intentado aplicarme el cuento en mi vida personal sobre la marcha aprendiendo de toda esta gente, que sobre todo es gente de acción, que hace cosas, no solamente gente que habla y suelta el discurso. 

P.- Precisamente en el capítulo que dedicabas a Jim Merkel, decía el activista que nadie tendrá que explicarle a su hijo que lo que hacen es por amor al planeta, sino que simplemente será parte de la educación que ha recibido. ¿Qué relevancia tiene la educación que les damos a los niños en cómo será el mundo cuando ellos sean adultos?

Vamos a olvidarnos de mensajes como ‘salvar el planeta'»

R.- De eso habla mucho Heike Freire en el capítulo de La naturaleza, madre y maestra. Vamos a olvidarnos de mensajes como «salvar el planeta». Es un mensaje que no me gusta. Vamos a dejarnos de estos mensajes mesiánicos y vamos a inculcar el amor a la naturaleza, que es lo que realmente va a hacer transformar un poco nuestra conducta y nuestro comportamiento. Y, si eso lo transmitimos de niños, lo llevan ellos bajo el brazo y nadie tiene que explicarles nada. He acabado con el capítulo de la educación, porque es una manera de acabar y, de algún modo, de empezar, porque es la base de todo. 

P.-  Domingo Jiménez Beltrán afirma en el libro: «No podemos volver a la ‘normalidad’ prepandémica». ¿Qué hemos aprendido durante esta crisis del coronavirus? ¿Hemos cambiado nuestra forma de vida de algún modo desde el confinamiento?

R.- Yo creo que hay mucha gente que se ha planteado cantidad de cosas. En relación al capítulo de El portavoz del silencio, sobre Gordon Hempton, la gente se ha dado cuenta de que se podían valorar cosas que antes no se valoraban, como el silencio. Se puede respirar, hemos visto el cambio ‘postpandemia’ a las bicis, que ha sido espectacular, cómo se han peatonalizado muchas ciudades, como Valladolid y Logroño, y el redescubrimiento de la ciudad, ver la ciudad con otros ojos, es algo que ha pasado en todo el mundo. 

Para mí, la ciudad ideal es Copenhague y ya hay una empresa social que está viralizando el modelo de Copenhague y ayudando a otras ciudades que quieren dar ese paso. Sevilla ha cambiado con el boom de la bicicleta en los quince últimos años. Madrid, a su ritmo, muy rezagada… Yo quería abrir con Madrid, con Iñaki Alonso y su proyecto de cohousing, porque les pilló también el traslado durante la pandemia, y es muy emblemático este modo de vivir dentro de la ciudad.

Y Domingo, que lo has mencionado, para mí es uno de nuestros grandes ecohéroes y es un referente porque, aparte de ser el primer español en dirigir la Agencia Europea de Medio Ambiente, lo ha aplicado a su vida personal y a una finca que tiene en Murcia, y ahora quiere dar el salto con el Centro para la Sostenibilidad del Mediterráneo. Yo hay días en los que me levanto pensando que esto empieza a cambiar y días en los que pienso que la tendencia es a volver hacia atrás, y es muy peligrosa. Ese pulso va a estar ahí un tiempo, y a ver con la crisis económica hasta dónde podemos y no podemos llegar. Es un momento un poco decisivo.

P.- Jane Goodall afirma: «El Covid-19 se propagó por nuestra continua falta de respeto hacia el mundo natural y las otras especies con las que compartimos el planeta». ¿Tenemos que estar alerta ante futuras pandemias? 

R.- Insistía Jane Goodall, a la que entrevisté en pleno confinamiento, en que las enfermedades son zoonóticas. Del sida hasta el ébola y acabando ahora con el coronavirus. Está claro que viene la amenaza y, según ella, por la relación enfermiza que tenemos con la naturaleza, empezando por la destrucción sistemática de los hábitats, a los mercados de vida silvestre, al tráfico de especies amenazadas y a la destrucción masiva que estamos haciendo de la naturaleza. 

Cuando descubramos cuál ha sido el origen de la pandemia, podremos saberlo con certeza, pero ha sido una especie de respuesta de la naturaleza ante la agresión constante que está sufriendo. Ahora, la mezcla de esta crisis sanitaria con la crisis climática, puede ser muy preocupante. A mí lo que me da mucha rabia es que no se insista mucho en la conexión entre salud y medio ambiente, que yo creo que está cada vez más clara, y hay una resistencia a reconocerla y a darle difusión. De hecho, el medio ambiente ha desaparecido de las páginas de los periódicos durante mucho tiempo y está costando mucho volver a ponerlo ahí. Es un efecto secundario de la pandemia que espero que con el tiempo remita. 

P.- «Si un virus destruye nuestra economía en cuestión de semanas, es que no estamos pensando a largo plazo», dice Greta Thunberg. ¿Qué impide que nuestra sociedad sea ecologista?

La economía es de Marte y la ecología es de Venus. Va siendo hora de que se entiendan para trabajar en la Tierra»

R.- Hay una cosa que yo suelo decir: «La economía es de Marte y la ecología es de Venus, y va siendo hora de que se entiendan para trabajar en la Tierra». Ya hubo un proceso de respuesta de regeneración durante la crisis financiera, que va más allá de la economía circular. Lo que está claro es que la economía lineal necesita un cambio hacia la economía circular y más allá, porque no podemos seguir como hasta ahora, con la economía en un planeta y la ecología en otro, peleándose como si no tuvieran nada que ver, cuando la raíz de las palabras es la misma: una se dedica a la gestión de la casa y la otra, a otra al conocimiento. ¿Cómo vas a gestionar una casa sin conocerla antes?

Se están viendo puntos de encuentro. Hay una propuesta de rebautizar a la London School of Economics como escuela de economía y de ecología. Están condenadas a entenderse, y es el momento. Ya lo era después de la crisis financiera. Se habla mucho de la recuperación verde y ojalá que vaya más allá del greenwashing de la pura especulación. Esperemos que ahora, con dinero público y fondos europeos, se dé un nuevo impulso.

Hay otro capítulo, en el que yo hablo de ponerle o no precio a los servicios naturales. Tony Juniper, que es asesor ecológico del Príncipe Carlos, tiene un libro que provocó mucha polémica porque hay gente que se resiste todavía a ponerle precio a lo que hace la naturaleza, desde la polinización de los insectos a la limpieza del aire, pero, si lo cuantificas, creo que supera más de dos veces el PIB mundial. 

P.- ¿Serán las generaciones más jóvenes las que salven al planeta de la autodestrucción?

R.- Sí, por eso he insistido mucho en poner en el libro a Greta, a pesar de los palos que le han dado aquí y a pesar de toda esta campaña que ha existido. Es lo que ocurrió con Al Gore. Como no puedes matar el mensaje, matas al mensajero. Y en este caso, además, con más saña. Porque es mujer, es menor y tiene síndrome de Asperger. Ha sabido capear el temporal y queda ver cómo reconduce su movimiento y sale de esa burbuja que se ha creado inevitablemente a su alrededor, porque se ha convertido en un fenómeno viral. Pero ha agitado mucho y está creando un efecto multiplicador por todo el planeta que está dando sus frutos. 

He insistido mucho en aunar en el libro a gente como Jane Goodall y Greta Thunberg, y ponerles cara. Además, hablar de Sylvia Earle, la mayor oceanógrafa viva; Ellen MacArthur, pionera de la economía circular; Wangari Maathai, la madre de los árboles. No he llegado a la proporcionalidad, pero he querido que las mujeres, con nombre propio y muy identificable, tuviesen mucha presencia y mucha fuerza en el libro. El futuro es joven y es mujer.

P.- ¿Entiendes las críticas que recibe Greta Thunberg?

R.- Las críticas vienen por el mismo lado del que le venían a Al Gore. Son sobre todo think tanks subvencionados mayormente por la industria petrolera. El problema es que los medios conservadores han mordido el anzuelo y han lanzado campañas de auténtico linchamiento contra Greta Thunberg y uno de los países en los que más se ha producido ha sido en España. En otros sitios han sido bastante más respetuosos, pero aquí se ha llevado el insulto y se ha alcanzado un nivel de guerracivilismo, en este caso, orientado hacia Greta. Yo estuve aquí en la COP25 y fue insultante lo que estaba viendo aquí por parte de ciertos medios. 

El medio ambiente ha desaparecido de las páginas de los periódicos durante mucho tiempo»

P.- El chef José Andrés declaró que «la crisis del coronavirus demostró que nos sobran los políticos y nos faltan líderes». ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

R.- Totalmente. José Andrés es además un buen líder, en el sentido de que sabe unificar a la gente, crear sinergias y ser una persona de acción. Tenemos líderes súper divisivos, de un bando y de otro. La pandemia ha creado mucha división política y ha estado a la luz la falta de liderazgo. Hay países gobernados por mujeres que han capeado mejor el temporal. Cuantas más mujeres líderes tengamos, más sensibilidad ambiental va a haber en el planeta. Lo que ha pasado ha dejado en evidencia a muchos líderes, sobre todo hombres, y ha dado protagonismo a líderes que han demostrado tener más capacidad para unificar a la población. 

P.- ¿Volveremos a vivir en un periodo libre de crisis, ya sean económicas, pandémicas, ambientales o de cualquier otro tipo?

R.- No, las crisis llegan estratégicamente cada diez años. El siglo empezó muy mal con el 11-S; al cabo de una década, cuando todo estaba remontando, llegó la crisis financiera; cuando estábamos recuperándonos, llega la crisis pandémica y, de aquí al final de la década, a saber lo que va a ir larvando. Como dice el diorama chino, las crisis son oportunidades para el cambio. Vamos a tenerlas; lo que sí podemos evitar es que tengan este efecto tan catastrófico. Por eso yo creo que hay que construir ciudades más resilientes, más resistentes a la adversidad y con capacidad de responder. Esto ha sido una llamada y esperemos que la próxima vez no nos pille desprevenidos. 


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