Leticia Dolera

Leticia Dolera, actriz y directora de cine, autora de Morder la Manzana' (Planeta, 2018) Concha de la Rosa

Mujeres | Sociedad | Tendencias Entrevista a Leticia Dolera

"Las mujeres deberíamos dejar de fingir orgasmos"

Mientras Leticia Dolera desmenuza un croissant en la cafetería de la madrileña Plaza de Santa Ana donde le gusta pasar las mañanas escribiendo recibe la noticia de que su libro encabeza la lista de los más vendidos de no ficción y, aunque con una actriz nunca se sabe, parece sincera cuando al dejar el móvil en la mesa dice que no se lo termina de creer. La guionista y cineasta acaba de publicar Morder la manzana (Editorial Planeta, 2018), que en apenas dos semanas ha agotado cuatro ediciones. Habla de feminismo para principiantes y sin complejos porque Dolera quería que el mensaje «llegara a todo el mundo».

Hay mucha gente que cree que el feminismo viene para odiar a los hombres»

«No estamos tan avanzados como creemos, todavía hay mucha gente que cree que el feminismo viene para odiar a los hombres», explica Dolera. Como el ejemplo más irónico para demostrarlo sirva la entrevista que le hizo su amigo el cómico Manuel Burque en El Intermedio. Mucha gente no entendió que era una parodia que el actor le preguntara cómo debía saludarla: «¿Te puedo dar dos besos o es muy machista? ¿A las feministas os gusta que os den dos besos? ¿Tenéis un saludo secreto?». Burque ironizó también diciéndole a Dolera que «en España no hay tanto machismo, es un país bastante avanzado. Tenemos una vicepresidenta, Amaia de España ganó OT, hay hasta una liga femenina de fútbol para vosotras, podéis conducir, podéis votar, ¿qué más queréis?». Al recordarlo frente al café, Dolera se ríe pero en seguida cambia a un tono severo: «Si mucha gente se creyó que las preguntas iban en serio es porque todavía nos dicen estas cosas».

Durante décadas hemos dado como normal algunas desigualdades a las que estamos diciendo basta»

Las cuestiones de Burque se pueden plantear más en serio. Un reciente estudio de la Universidad de Georgetown y el Instituto de Investigación de la Paz de Oslo, sitúa España como quinto país en el bienestar para las mujeres. ¿Que fuera España donde mayores fueron las movilizaciones del 8M no plantean el riesgo de que que victimizar a las mujeres y dar la sensación de que estamos peor de lo que en realidad estamos? «Eso es como decirle a alguien que cobra un salario precario que es mejor que no tener empleo», replica Dolera. «A lo que hay que aspirar es a la justicia social. Y no estamos bien si cobramos menos y al volver a casa por la noche tenemos que llevar las llaves en el puño para sentirnos seguras. Durante décadas hemos dado como normal algunas desigualdades a las que estamos diciendo basta».

Me too

No cree Dolera que exista el riesgo de victimizar a las mujeres porque denunciar el machismo «implica mucha valentía». Y añade: «Tampoco nos victimiza el me too porque denunciar un acoso o una violación es una muestra muy bestia de coraje». Como ejemplo cita Dolera en inglés una frase del discurso que dio Asia Argento en el Parlamento Europeo la víspera del 8M: «We are not victims, we are victorious«.  No traduce la frase de la realizadora y actriz italiana pero sí la emoción de sus palabras. Argento fue la primera en denunciar oficialmente, el 10 de octubre de 2017, haber sido violada por Harvey Wenstein 17 años antes, cuando él era el todopoderoso productor de Miramax y ella tenía 21 años.  Fue también la primera que dio permiso a The New York Times a citarla y otras la siguieron con el #metoo.

La autora de Morder la manzana no ve un riesgo real de que el fenómeno global de denuncias de acoso desemboque en una caza de brujas. Le preocupa más «el uso injusto del lenguaje: ¡deberían decir brujos!». Se para un momento a pensar: «Llevamos tanto tiempo en la cultura del silencio que hay que romperla. Y tiene que haber juicios y la sociedad no se tiene que dejar llevar por la emoción, pero no olvidemos que la mayor parte de los acosos se da en privado y si la palabra de la mujer sigue sin creerse no avanzaremos. Hizo falta que un centenar de mujeres denunciaran a Wenstein para que el fenómeno fuera global. Porque a las mujeres no se nos cree», dice Dolera.

Leticia Dolera

Leticia Dolera, actriz y directora de cine, acaba de publicar ‘Morder la manzana’ Miguel Zaragoza

La actriz, que en 2017 protagonizó la campaña de «No es no» del Ayuntamiento de Madrid contra las violencias machistas, recuerda que hace unos años creía que ser feminista era ser «una exagerada». Cuando en algún rodaje vivía alguna situación machista, «lo normalizaba pensando que ese tío era un maleducado», comenta echándole sacarina al café con leche de soja.

Sin embargo, su visión cambió cuando hace cinco años empezó a buscar financiación para su primera película como directora, Requisitos para ser una persona normal, y se encontró que en los despachos le preguntaban si había escrito ella sola el guión y quién le iba a ayudar a dirigirla: «Me di cuenta de que esa pregunta nunca se la harían a un tío y que el problema no eran los casos aislados, sino un sistema que no termina de tomarnos en serio a las mujeres».

Uno de los mensajes centrales del libro de Dolera a las lectoras es que las situaciones de machismo «no son casualidad, no es que hayas tenido mala suerte, ni te lo estás imaginando». La actriz, que con 20 años se estrenó en las pantallas en Al salir de clase, la serie de adolescentes de finales de los 90, recuerda la época en que incluso le parecía normal «cobrar menos que mis compañeros o que me dieran menos presupuesto que a un director». Y matiza: «Nos han educado así y, afortunadamente, algo está cambiando. Que hubiera tanta gente en la manifestación del 8M en las calles me da mucha esperanza, porque puede hacer despertar al resto que todavía no lo ve», afirma.

En el cine

«Están cambiando muchas cosas en el cine», afirma con optimismo la intérprete de [REC] 3 y Los Serrano. «Hace unos años, cuando buscaba financiación para mi peli, algunas productoras me decían que ya tenían una película de mujeres… ¿Y cuántas de hombres? Ahora por lo menos ya hay productores que se dan cuenta de que no han producido nunca a una mujer y se empiezan a preguntar por qué. La ausencia de mujeres antes era invisible, ya llama la atención. Cuando en la gala de los Oscar sale Natalie Portman diciendo «all the male nominies are» (todos los hombres nominados son…) está dejando claro que ninguna mujer opta al premio».

La ficción ha perpetuado estereotipos machistas de forma tan intensa que lo hemos normalizado»

¿Y no será que no hay suficientes o no son suficientemente buenas? «Las hay», responde tajante. «Hay muchas mujeres con proyectos y con talento. Pero la pregunta que hay que hacerse es por qué no se están financiando más proyectos de directoras, por qué no hay más productoras en la industria… Se ha considerado que una forma de contar es la buena. Donde los personajes hablan poco, son herméticos y no muestran sus emociones… Y todo lo que se ha vinculado con lo femenino en el cine y las cosas de mujeres se han considerado un género menor».

Pero si Pedro Almodóvar cuenta historias de mujeres y es el cineasta español más reputado internacionalmente. ¿No es eso contradictorio? «Bueno, si Almodóvar fuera una mujer… (un largo silencio)… no sé lo que hubiera pasado». Es la primera vez, en toda la conversación, que Dolera se muerde la lengua.

«La ficción ha perpetuado estereotipos machistas de forma tan intensa que lo hemos normalizado», afirma Dolera, que cuenta en Morder la manzana que de niña prefería disfrazarse de Peter Pan que de Campanilla. «Como las actrices se están sublevando en Hollywood puede que esto empiece a cambiar».

El fútbol en el recreo

De niña, Dolera jugaba al fútbol en el recreo. «Y si jugaba mejor que un chico se enfadaban conmigo», recuerda. «Era toda una ofensa quitarle el balón a un niño». En ello ve una metáfora que luego se repite en el mercado laboral: «Las mujeres hemos tenido tradicionalmente que ser mucho mejores que la media para que nos traten como un igual».

La revista Te enseñanza de Comisiones Obreras publicó un decálogo de ideas para una escuela feminista que recogía entre otras ideas prohibir el fútbol en el recreo. Pero la actriz no sería tan contundente. «Habría que pensar los espacios de la escuela para todos, no prohibiría el fútbol pero tampoco veo normal que todo el espacio del patio lo monopolice una sola actividad. No creo que fuera traumático para nadie que se establecieran turnos: martes y jueves fútbol, por ejemplo».

Dolera, sin embargo, critica con más ahínco que «el telediario, que está para informar, dedique media hora como monográfico al fútbol masculino exclusivamente. Hay muchas mujeres deportistas y muy poca cobertura. ¿Por qué no sacan más a Vero Boquete, la capitana de la selección femenina de fútbol? Luego se extrañan de que las niñas no lo quieran jugar o las llamen marimacho en el recreo. Todo está relacionado».

No se trata de prohibir a Pérez Reverte ni a Neruda, sino de incluir a las mujeres silenciadas que no se estudian en la escuela»

Dolera tampoco comparte otra de las ideas de este decálogo de la revista del sindicato, que pasaba por prohibir algunos autores por considerarlos machistas. «No se trata de prohibir a Pérez Reverte ni a Neruda, sino de incluir a las mujeres silenciadas que no se estudian en la escuela», replica Dolera. «Pero claro, para que entren unas en el temario a lo mejor tienen que salir otros».

La depilación, los orgasmos y las canas

«Que levante la mano quien no haya fingido un orgasmo», pregunta Dolera en un capítulo de su libro que empieza con esta famosa cita a Virginia Wolf: «Durante todos estos siglos, las mujeres han servido de espejos dotados del mágico poder de reflejar la figura del hombre al doble de su tamaño».

La autora de Morder la manzana reivindica acabar con el placer fingido para llegar a un sexo más placentero para todos: «Las mujeres fingimos orgasmos porque queremos que el hombre que está con nosotras disfrute, para que su ego no se vea ofendido y porque a las mujeres que no disfrutan con el sexo se las llama frígidas. Y mientras, los hombres creen que tienen que llevar las riendas, pero no han aprendido cómo dar placer. Nosotras todavía no tenemos del todo interiorizado que si no estamos disfrutando no es culpa nuestra. Que es cosa de dos. Lo que hay que hacer es comunicarse: esto es lo que me gusta, esto no, esto te lo explico y lo experimentamos juntos…», argumenta Dolera. Y añade, convencida: «Las mujeres tenemos que dejar de fingir orgasmos».

¿Y es feminista llevar tacones, teñirse el pelo y depilarse? «Feminista es ser consciente de por qué lo haces. Y está claro que es porque tenemos esa visión del patriarcado idealizada de las mujeres, que tenemos que ser delgadas y jóvenes para ser perfectas. El feminismo es un camino para construir el amor propio, pero es muy difícil dejar de teñirse el pelo cuando todas las mujeres que nos rodean en los medios y todos los referentes de lo que significa ser una mujer de éxito cumplen ese patrón».

he tardado varios años en ver mi imagen en el espejo con pelos en el sobaco como normal. No es fácil escapar a lo interiorizado»

¿Y no deberíamos reivindicar que las canas sean sinónimo de experiencia y atractivo de la madurez como lo es para los hombres? «Ojalá veamos en el futuro más mujeres con canas en la pantalla, pero hemos crecido en esta visión estereotipada de la belleza que busca la juventud. Y si no cumples ese patrón estás muerta socialmente: porque en la tele hay hombres de todo tipo, pero la mujer exitosa que sale del canon de belleza apenas existe en los medios y en la publicidad…. A lo mejor de vez en cuando aparece una abuelita en una serie, pero la estética de la mujer real sigue ausente en la ficción. Luego no podemos sentirnos culpables por teñirnos el pelo si lo necesitamos para encontrar trabajo».

Contra estos estereotipos, Dolera puso su granito de arena en la última gala de los Goya yendo en la alfombra roja con zapato plano. «Algunas amigas me decían que les dolían los pies y yo estaba tan contenta», comenta con una sonrisa. «Es importante que les lancemos a las niñas el mensaje de que pueden vestirse como quieran».

No es el único gesto contracorriente: «Hace tres años que no me depilo los sobacos», confiesa Dolera. «Pero lo que no he sido capaz es de no depilarme las piernas. La coherencia en esto es muy difícil. Yo misma he tardado varios años en ver mi imagen en el espejo con pelos en el sobaco como normal. No es fácil escapar a lo interiorizado que podemos llegar a tener la imagen de la feminidad que nos han impuesto. Que cada una con su cuerpo haga lo que quiera, pero hacen falta referentes diversos en las pantallas para que luego podamos decidir libremente qué queremos cada una».

Al terminar el café, Dolera recoge su mochila y se va corriendo a trabajar. Tiene un nuevo proyecto audiovisual entre manos. Y va de mujeres, claro. De mujeres diversas.

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