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Cunini, el santuario del marisco en Granada

El Restaurante Marisquería lleva 68 años sirviendo 'pescaíto' frito, quisquillas y su tradicional ensaladilla rusa debajo de la catedral granadina

Dos de los dueños del Cunini, Pedro Oblaré (izq.) y Aparicio Heredia, en la puerta del restaurante granadino.

Dos de los dueños del Cunini, Pedro Oblaré (izq.) y Aparicio Heredia, en la puerta del restaurante granadino. A. A.

La Marisquería Cunini no llena sus paredes con fotos de las personalidades que han pasado por allí. Como mayor recuerdo, los dueños atesoran un álbum de recortes de periódico, ya amarillos, en los que los periodistas identificaron a banqueros, políticos, cineastas o músicos entre sus mesas, patrios y norteamericanos, haciendo acopio de su caldereta, gambas, langostinos o quisquillas. “El salón del Cunini parece a diario una reunión del Colegio de Abogados”, reza un texto de los 90 y que enseña Pedro Oblaré, uno de sus dueños.

Pedro lleva trabajando en el local de la granadina plaza de la Pescadería más años de los que hoy día sería legal reconocer. Empezó de “fregantín” cuando no había llegado a adolescente ni existían los lavavajillas (“había que sacar brillo a las copas hasta que chirriasen”, recuerda), a raíz de que al mismísimo Cunini, Miguel Pelegrina, le hiciese falta un aprendiz.

No esperaba, claro, que le sucedería a cargo del negocio décadas después. Junto a Aparicio Heredia, José Rosales y Manuel López Puertas, los cuatro tomaron el relevo en el 90, más de 20 años después. “A Miguel le debemos todo, porque todo lo que hacemos hoy día es seguir la trayectoria que nos dejó él y su mujer, Conchita”, cuenta. «Y no nos va mal», reflexiona Aparicio, «gracias a Dios somos muy conocidos, aquí y fuera».

El restaurante entonces popularmente conocido como «el tranvía» por el luminoso con forma de tren que lucía en la puerta abrió en 1953 en una Granada tan distinta y, a la vez, tan parecida a la actual. Siempre ha estado en el mismo lugar, debajo de la catedral y junto a la céntrica plaza de la Romanilla, con su estatua del aguador y ahora también junto al Centro Lorca.

Pero entre las diferencias entre entonces y ahora hay una fundamental: servían cigalas como tapa, cuando se trataba de un marisco menos preciado que hoy día. Aun así, actualmente se mantiene un detalle con el cliente, como es típico en la ciudad aunque solo se limite a tomar unas consumiciones en la barra, y las tapas que las acompañan van de pescaíto frito a arroz con marisco o a su famosa ensaladilla rusa con gambas, que figura en las listas gastronómicas como de las mejores de España.

Siguiendo la estela del fundador, entre los platos principales está el producto que lo distingue: marisco y pescado de Motril, como salmonetes, chipirones, calamares, rape, langostas, cigalas, gambas, boquerones o calamares, quisquillas o gambas granadinas; las gambas rojas de Garrucha, en Almería; y del Cantábrico, como ostras, percebes, nécoras, centollos y angulas, lubinas, rodaballos, lenguados, salmonetes y pardos.

“Siempre del Mediterráneo y del Cantábrico, fresco y salvaje”, puntualiza Pedro. Y además, visible en el mostrador de la puerta. Todo puede degustarse tanto en el interior del local como en la terraza de delante, en la transitada plaza de la Pescadería.

Otra buena opción son los pescados a la sal, que se abren y sirven delante del cliente, los favoritos de muchos como constatan los mismos comensales en las reseñas que dejan en redes sociales. Aunque el marisco y el pescado es su especialidad, y es pecado irse sin probar su caldereta (arroz caldoso de pescado y marisco) y sus parrilladas de marisco, el rabo de toro y las chuletillas de cordero que preparan también están entre lo más pedido.

Para acompañar, 50 referencias de vino, tanto tinto como blanco, con nombres de la zona como Escarbente o Fuente Dei de Deifontes, así como el Zacatín. Y para terminar, si se llega a los postres, las especialidades de la heladería más conocida de la ciudad, Los Italianos, donde destacan la cassata y la tarta helada de chocolate, solo aptas para los mayores amantes del dulce.

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