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Letizia y Felipe ante su reto de la OTAN

Felipe VI y la reina Letizia, Tour del Talento de la Fundación Princesa de Girona

Ya queda poco. El miércoles 29 de junio tendrá lugar en el recinto ferial IFEMA la cumbre de la OTAN, un evento de gran relevancia teniendo en cuenta la invasión de Ucrania por parte de la Rusia de Putin y la posible adhesión de Suecia y Finlandia a la alianza, un gesto inaudito de dos países históricamente muy reacios a la OTAN. Además, hay que tener en cuenta que este año se ha cumplido el 40º aniversario de la adhesión de España a la alianza (nos unimos el 1982), un gran hito que se celebró debidamente con un almuerzo en el Palacio Real con la presencia de lol rey Felipe VI, la reina Letizia y el secretario general de la Alianza Atlántica, Jeans Stoltenberg.

Es la segunda vez que España acoge una cumbre de la OTAN. La primera fue en 1997, en una reunión que adoptó la decisión de invitar a la República Checa, Hungría y Polonia a iniciar conversaciones de adhesión (eran los primeros países de la ex Unión Soviética que se unían a la Alianza). Repetir como país anfitrión de una cumbre es algo poco frecuente (sólo seis países lo pueden decir), por lo que este encuentro de Madrid es muy importante.

Un evento único

La cumbre de la OTAN atraerá a Madrid a miles de asistentes –se calcula que unos 5.000– por no hablar de dignatarios internacionales de primer nivel, entre ellos el presidente de los Estados Unidos y su esposa, la primera dama Jill Biden. Obviamente semejante despliegue de dignatarios implicará un despliegue de seguridad igualmente descomunal. Pero desde que la capital de España fuera escogida como sede de esta cumbre en junio del año pasado, las autoridades se han ido preparando a conciencia. Se calcula que, además de la Policía Municipal, habrá 25.000 agentes policiales en Madrid.

Obviamente, mientras dure la cumbre, el plato fuerte estará en IFEMA con las negociaciones entre dignatarios, pero no hay que subestimar el papel que tendrán los Reyes en las celebraciones y, sobre todo, la reina Letizia como anfitriona de primeras damas y esposos de jefes de estado. Antiguamente, todo eran mujeres, pero en los últimos años, entre los consortes también hay hombres, como el marido de la primera ministra de Dinamarca, o Heiko von der Leyen, esposo de la presidenta de la Comisión Europea.

Letizia ha tenido ocasión de conocerlos (a casi todos y todas) en eventos anteriores, pero será la primera vez que se verá con Jill Biden, la primera dama de los Estados Unidos. Recordemos que Letizia fue famosamente fría y distante con Melania Trump cuando se vieron en la Casa Blanca, pero que, sin embargo, se llevó muy bien con Michelle Obama, a quien conoció en Marivent cuando la entonces primera dama estadounidense veraneó en España junto con su hija pequeña, Sasha. En el 2015 se volvieron a ver en el viaje oficial que Felipe y Letizia hicieron –ya como Reyes– a Estados Unidos, y un año más tarde coincidieron de nuevo cuando Michelle Obama hizo un alto en Madrid en su gira internacional para presentar su iniciativa Let’s Girl Learn, un proyecto para fomentar la escolarización de las niñas en los países en vías de desarrollo.

Un agenda paralela para la reina Letizia

Como es costumbre en este tipo de cumbres, hay una agenda paralela para «consortes» y se espera que la «consorte» del país anfitrión sea la que se encargue de hacer de cicerone. De momento, Zarzuela no ha hecho pública la agenda que Letizia y el resto de damas llevarán a cabo, pero se sabe que está todo preparado.

Lo que se sí se sabe ya es que habrá actos ineludibles en este tipo de cumbres, como una gran cena de gala en el Palacio Real la víspera de la cumbre, el día 28 de junio, a la que están invitados todos los jefes de Estado y ed Gobierno de los países participantes en la cumbre junto con sus acompañantes.

Será el momento en que podemos rememorar aquella otra gran cena de gala en una cumbre de la OTAN en Madrid: la de julio de 1997. El discurso que pronunció en aquel momento el entonces rey Juan Carlos fue un puñado de lugares comunes y de platitudes. Pésimo. Esperemos que el de Felipe VI sea mucho mejor: el rey, desde luego, tiene la oportunidad de lucirse delante de los mayores mandamases del mundo y esperamos que esté preparando un discurso a la altura. Con frases cortas, directas, sin circunloquios y, sobre todo, con contenido relevante (por favor, nada de esos párrafos largos y llenos de jerga en los que se explican los objetivos fundacionales y la historia de la alianza. Todos los presentes ya se los saben). Estaría bien que Felipe apostase por un discurso con una clara visión de futuro que, al mismo tiempo, reconozca el momento único que estamos viviendo. Además, espero, sinceramente, que empiece hablando de Ucrania y que no espere a los últimos párrafos.

Como nota anecdótica, hay que destacar que en 1997, en la primera cumbre de la OTAN en España, el rey Juan Carlos se encargó de trasladar una mensaje de que Rusia (entonces el presidente era Yeltsin) «debe sentirse tranquila, cómoda y segura» ante el proceso de ampliación de la Alianza a los antiguos países satélites de la URSS. En la cumbre del 2022, a su hijo, el rey Felipe VI, le toca un papel muy diferente.

Pedro Sánchez tendrá su propia cena

También se está especulando –aunque habrá que esperar a la confirmación oficial– con que, el día después de la cena de gala del Palacio Real, Pedro Sánchez será el anfitrión de una segunda cena oficial que se celebrará en el Museo del Prado y que incluirá una visita cultural por el mismo. Por lo que se ha filtrado, sería una cena a la que también están invitados los 30 miembros de la OTAn además de los países de la Unión Europea que no forman parte de la misma, como Finlandia y Suecia.

En paralelo, aunque Casa Real no ha confirmado aún los detalles, se sabe que la reina Letizia tiene previsto ir con los acompañantes de los líderes a una serie de eventos culturales, como el Teatro Real, el Museo Reina Sofía, el Real Sitio de San Ildefonso o la Real Fábrica de Cristales de La Granja, en Segovia. Aunque está muy bien que se hayan programado visitas culturales (es lo normal en estas cumbres), hubiese estado bien alguna visita más de tipo social o científico (¿algunos de nuestros centros de referencia en el tratamiento del cáncer?, por ejemplo). Teniendo en cuenta que Jill Biden es profesora (en realidad, es doctora en Pedagogía) y que está haciendo por los «community colleges» , ¿por qué nadie pensó en alguna visita a algún centro educativo?

Desde luego, es una lástima que Zarzuela no se salga nunca ni un ápice de los manuales trasnochados de protocolo.

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