Se ha convertido casi en una tradición o incluso podríamos decir que en una tradición: cada 12 de octubre, Día de la Hispanidad, muchas miradas están puestas en el outfit de la reina Letizia, la cual suele aprovechar la celebración para estrenar un conjunto nuevo. En sus años como princesa y los primeros como reina, siempre confiaba en Felipe Varela, pero desde que llegó una asesora de modas a Zarzuela, el armario real se ha diversificado con más marcas y ahora hay un poco de todo, de grandes galas de Carolina Herrera a trajes de Hugo Boss a apuestas por firmas españolas de pequeño formato, pero gran talento y proyección, como las sevillanas Vogana y Cherubina.

Letizia –o su asesora de modas– no siempre aciertan, todo hay que decirlo. Ha habido años en que ha ido demasiado vestida –lo que los ingleses llaman overdressed— o, por el contrario, se ha quedado corta. A veces iba demasiado abrigada con trajes gruesos de tweed mientras caía un sol de justicia; en otras ocasiones, se presentaba con blusas demasiado finas. Algunos trajes incluso resultaban excesivamente cursis, como aquel rosa con encaje de mariposas. Este año, sin embargo, ha dado en el clavo.

Pedro Sánchez se salta el protocolo y protagoniza la anécdota del día

Eran las once de la mañana cuando los reyes Felipe y Letizia llegaban a la Castellana acompañados de la infanta Sofía para asistir al desfile anual de las Fuerzas Armadas. Leonor esta vez no ha podido estar ya que se encuentra estudiando su segundo año en el internado UWC Atlantic College de Gales.

Ha sido justo al bajar de los coches cuando se ha producido la gran anécdota del día. El presidente del gobierno llegaba también justo entonces, con lo que la comitiva de saludo de autoridades no estaba aún formada y los reyes han tenido que esperar dentro del coche a que formaran fila. Es uno de esos fallos de protocolo ridículos e inexplicables a los que el presidente del gobierno es tan aficionado (recordemos aquella vez en que se quiso poner al lado de los Reyes en el besamanos del Palacio Real).

Los motivos, claro está, no se han hecho esperar: que si Pedro Sánchez lo ha hecho adrede para no tener que aguantar los típicos abucheos con los que cada año lo reciben en el desfile, que si ha sido para no tener que saludar a Ayuso y a Almeida. Hay versiones para todos los gustos.

El traje de Letizia

Cuando después de unos minutos incómodos, Pedro Sánchez ha ocupado su lugar, se ha formado la fila y por fin los Reyes han podido salir del coche, hemos podido ver el traje de Letizia.

Letizia ha apostado este año por un vaporoso vestido en gasa de la firma sevillana Vogana. Era una creación en verde agua con tela de lunares, un cuello alto y cruzado, mangas abiertas y falda larga y amplia que ha combinado con bolso y zapatos blancos de la firma valenciana Magrit. Como joyas, los pendientes largos con perlas australianas que hacía tiempo que no se ponía.

La reina, nadie sabe por qué, rehuye bastante de las perlas y es una lástima, porque en las denominadas «joyas de pasar», el joyero de las reinas de España que heredan unas de otras, hay verdaderas maravillas con ellas, comenzando por el collar de «perlas rusas», también llamado el de las «treinta y siete pelas grandes» que, por cierto, es la más cara de todas las piezas que hay en el joyero, incluso que las pulseras de diamantes de Cartier o los collares de chatones. Era un collar que Alfonso XII regaló como regalo de bodas a su primera esposa, María de las Mercedes de Orléans.