Miguel Poveda tenía apenas veinte o veintiún años cuando debutó en el cine a las órdenes de Bigas Lunas. Poveda fue uno de los protagonistas de La teta y la luna (1994), junto al también debutante Biel Duran, todavía en activo, y los franceses Mathilda May y Gérard Darmon. "Bigas Luna estaba preparando su trilogía de retratos ibéricos que empezaba con Jamón, jamón [1992]; seguía con Huevos de oro [1993] y terminaba con La teta y la luna, que tenía mucha simbología catalana, como los castelleres, el porrón… En fin, la locura de Bigas Luna. Era una película que se inspiraba en Fellini y esa fue mi primera intervención en el cine. Y la última [se ríe]", cuenta Miguel Poveda (Barcelona, 1973) en conversación con El Independiente.
El protagonista, en esta ocasión, no es él, sino Federico García Lorca, cuyas huellas rastreó el cantante por todo el mundo. De Fuente Vaqueros (Vega de Granada) a Nueva York, La Habana y Buenos Aires. Miguel Poveda (53) estrena en cines su documental Enlorquecido: Solo el misterio nos hace vivir. El artista también trabajó con Carlos Saura en Flamenco (1995) y Fados (2007), y desde entonces ha contribuido a la banda sonora de filmes como Los abrazos rotos, Tarde para la ira y Sevillanas en Brooklyn.
P.- ¿Cuán lorquiano eres tú? ¿Qué relación tienes con Lorca y desde cuándo? En el documental hablas de que otros artistas se habían 'entregado' a Lorca y que tú también querías.
R.- (Miguel Poveda) Pero no por otros artistas. Fue de manera muy individual; poco a poco, casi sin darme cuenta, a través de los discos de Camarón, de Enrique Morente… Yo escuchaba flamenco y, de repente, lo que cantaba Camarón era otra cosa, distinta; otras letras, otra simbología que a veces no entendía. Pero me encantaba. Romance de la luna, aquello que cantaba Camarón: Cuando vengan los gitanos / te encontrarán sobre el yunque / con los ojillos cerrados. Y me parecían letras maravillosas. Luego, Carmen Linares grabó las canciones populares. Ya me invitaron a cantar en la Universidad de Bolonia, en Italia, que dirigía entonces Umberto Eco, y me pidieron que cantara cosas de Lorca. Y ahí empecé a conocer al poeta.
Y poco a poco, como un goteo, sin darme cuenta, [Lorca] ha ido tejiendo una red a mi lado y me ha atrapado. Fui conociendo un poco más a fondo su poesía, llegué a sus libros; me regalaron Sonetos del amor oscuro: Tengo miedo a perder la maravilla de tus ojos de estatua / que de noche me pone la mejilla / la solitaria rosa de tu aliento. Cuando leo esos sonetos de amor oscuro y 'prohibidos' en aquella época, ahí ya empatizo con él y empiezo a indagar más. Me di cuenta de las circunstancias en las que él fue asesinado, los motivos, y me agarró a él, lo abrazo como si fuese un hermano, alguien a quien calmar y cuidar. Yo necesitaba conocer más de su obra y de su persona.
P.- Ha sido un viaje largo, ¿no?
R.- El recoger material y grabar ha sido unos cinco años. Así que pasen cinco años… Pero luego, al final, saqué material que yo tenía de hace más tiempo. Alberto Conejero [el guionista] me dijo: 'Abre el cajón de tu recuerdo; da igual que esté grabado con un móvil. Es bonito que lo pongas; es tu vivencia con él'. Eso ha llevado más de cinco años.
P.- Más allá del reto tecnológico, ¿qué es lo que más te costó haciendo el documental?
R.- (Miguel Poveda) Había un documento que yo sabía que existía, pero nunca lo había visto: cuando yo canté en la Residencia de Estudiantes con Chavela Vargas en el público, en el homenaje a Pepín Bello por sus 100 años. Hay una foto muy famosa en la que salen los tres: Federico, Dalí y él; Federico abrazando a los dos. Pepín Bello fue amigo y compañero de cuarto de Federico, durante mucho tiempo, en la residencia de estudiantes. Yo tuve la suerte de cantarle cuando cumplió 100 años.
Yo quería ese documento, pero no lo encontraba; solamente tenía una foto. Insistimos miles de veces para encontrar más imágenes cantándole a Pepín Bello; me parecía superlorquiano, bellísimo y una oportunidad. Alguien que había conocido a Federico, que había dormido en su cuarto con él, que era su amigo, que lo había tocado, y que estaba vivo. Al final nos pasaron el material y, cuando lo tuve en mis manos, lloré, me emocioné de recordar ese momento con Pepín Bello porque él murió con 103 años [en 2008].
P.- En el documental hablas de la obra de Lorca, pero también sale la tuya. Hay algo personal, tanto tuyo como suyo. En este caso, obra y autor sí van de la mano.
R.- (Miguel Poveda) ¿A qué te refieres?
P.- Por qué murió.
R.- (Miguel Poveda) Ah, ¿por la homosexualidad, te refieres? Sí, hombre, claro. Yo lo cuento con naturalidad. Y me encantaría poder hablarlo con muchísima más naturalidad, pero, como todavía, desgraciadamente en este país y en el mundo, ocurre que estamos 'endemoniados', parece ser, pues hay que seguir… Hay gente que dice que esto está superado, y no está superado; no es verdad. Sigue habiendo bullying; asesinatos en otros países por esto, y te cortan la cabeza; sigue sufriendo la gente, incluso suicidándose a día de hoy, que parece mentira. Hay que visibilizarlo con toda la naturalidad, con todo el amor y con toda la valentía, ¿sabes? Para darle normalidad a lo que es normal: que dos personas se amen; ¡qué coño!
P.- En el documental también hablas de las parejas o amores de Lorca, pero no da la sensación te centres en sus amantes.
R.- (Miguel Poveda) No. No está enfocada por ahí. Se enfoca más desde la búsqueda de un artista a otro artista que murió hace muchísimos años, que solamente ha visto fotografías suyas en blanco y negro, que no sabe ni cómo es su voz, que no hay una tumba a la que llevarle flores, y que le ha despertado algo muy fuerte en el corazón y una inspiración brutal. Entonces busco esos lugares donde encontrar a Federico. Ese es el carácter del documental. Hombre, evidentemente se habla de Rafael Rodríguez Rapún, y que, gracias a él, que fue secretario de La Barraca y por quien Federico lloró mucho; gracias a ese amor, o a ese desamor, nació el libro Sonetos de amor oscuro.
P.- Eres padre. ¿Te costó meter en el documental a tu nene [hijo]?
R.- (Miguel Poveda) Sí porque nunca lo muestro; nunca lo enseño. Mi hijo no es artista; es un menor. Pero el momento en que Ángel sale, al final de la película, es un vídeo de cuando él tenía 4 años; tiene ahora 11. Entonces, ya no es él. Y me parecía bonito que la gente viera que yo también involucro a mi hijo en cosas culturales, y que le enseño quién es Federico y lo que hacía. A los niños y niñas hay que educarlos en la cultura y en la poesía, y regalarles belleza, y que conozcan ese camino más allá de que luego vayan a ver a Beyoncé.
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