Su amor adolescente, el más pasional, su amor libre, el prohibido. El amor lorquiano al completo, a través de él mismo, de sus cartas, sus poemas y de muchos documentos que ven la luz por primera vez y que forman el Jardín deshecho, la exposición que se acaba de presentar en el Centro Federico García Lorca de Granada y que está comisariada por el hispanista estadounidense Christopher Maurer.

«La muestra sigue el difícil curso de esa reflexión sobre el amor, el deseo, y la sexualidad, captando diversos momentos del periplo existencial y artísticos de Lorca», aseguran y añade Maurer que «respetando el misterio y haciendo lo posible para no confundir a Lorca y sus personajes, hemos intentado dejar hablar al poeta, o no hablar, mediante la selección más amplia posible de cartas, fotos, textos literarios, libros y objetos personales conservados en el Centro Federico García Lorca de Granada y en otros archivos públicos y privados: restos del ‘jardín deshecho’ de su breve vida». 

Ese jardín que tanto se asocia con Lorca y que tanto simbolismo tiene en su obra. «Relaciona con frecuencia el amor con el jardín, como espacio psicológico, no exento de peligro, donde el poeta confronta no solo su propia identidad y sexualidad, sino los misterio del ser y de la creación poética», explica Maurer.

De amor adolescente al deseo homoerótico»

Para poder explicar sus fases, las etapas por las que pasó el poeta, han dividido la muestra en cinco salas con distintas temáticas aunque un hilo conductor: otra vez el amor. Se abre con los inicios de su escritura, con Cancioncilla del primer deseo, y continúan con su etapa en la Residencia de Estudiantes y su relación con Dalí.

Ilustración de Federico García Lorca para el poema de Ricardo E. Molinari, Una rosa para Stefan George.

La tercera sala se llena con Nueva York, La Habana y Buenos Aires, «así como sus primeros intentos de abordar directamente en su obra el deseo homoerótico». «En la siguiente sala, bajo el título El Lenguaje de las flores, nos adentramos en un intenso período de creación en el teatro, visto como instrumento de justicia social. Es la época de la Segunda República y La Barraca», explican desde el centro lorquiano.

Y para terminar, el Jardín deshecho. El deseo y la pasión violenta, también sus dos últimos amantes. Al final, Lorca a través de sus miedos, sus esperanzas, sus fuegos.