Es conocido que tomar demasiada sal es peligroso para la salud cardiovascular. Lo saben bien, porque es de lo primero que suele restringir el médico, quienes tienen la tensión alta o quienes han sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular como un ictus.

También se ha demostrado en otros estudios, como éste de la Universidad de Toronto, que un consumo elevado en sal puede aumentar el riesgo de demencia, especialmente en personas sedentarias.

Lo que no estaba tan claro y ha descubierto una nueva investigación publicada hoy en la prestigiosa revista Nature Neuroscience es de qué manera la sal afecta a nivel celular e impacta en la función cognitiva. Y la clave está en el intestino.

El experimento con ratones

El proyecto ha sido dirigido por Costantino Iadecola, investigador de la escuela de Weill Cornell Medicine, en Nueva York, y se ha realizado con ratones a los que se ofreció una dieta elevada en sal. Durante algunas semanas, los científicos observaron cómo esta alimentación provocaba una disfunción en las células del endotelio (responsables de proteger los vasos sanguíneos), una reducción del riego sanguíneo cerebral y peores resultados en distintos tests de comportamiento, aunque sin cambios en la presión sanguínea.

La explicación la ofrecieron los linfocitos Th17 presentes en el intestino delgado y con ellos una proteína, la interleucina-17 plasmática (IL-17), cuyos niveles aumentaron en los ratones que habían ingerido cantidades elevadas de sal. La IL-17 es circulante y va entre las células endoteliales cerebrales.

Este descubrimiento supone un nuevo eje intestinal que une los hábitos alimentarios con el deterioro cognitivo

Así, este descubrimiento supone un nuevo eje intestinal que une los hábitos alimentarios con el deterioro cognitivo a través de una respuesta inmune adaptativa iniciada en el intestino que compromete la función cerebral a través de la IL-17 circulante.

Aunque estos resultados han sido obtenidos en ratones, los investigadores han asegurado que la IL-17 tiene efectos similares en las células endoteliales del cerebro en humanos, independientemente del efecto en la presión arterial.

La parte positiva es que los efectos encontrados fueron reversibles una vez los ratones volvieron a una dieta normal o una vez que se les medicó. Por tanto, parece que el cambio en el estilo de vida o la medicación puede revertir o prevenir sus efectos.

Este hallazgo, destaca la investigación, abre la vía de la célula IL-17 TH17 para conseguir  contrarrestar los efectos perjudiciales en el cerebro inducidos por la sal de la dieta y otras enfermedades asociadas. Hasta ahora, el exceso de IL-17 se ha relacionado con otras patologías autoinmunes como la artritis reumatoide, la psoriasis o la esclerosis múltiple.

Una cuestión de salud pública

Este hallazgo es también una nueva razón para cuidar el consumo de sal, que en España es del doble de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (tomamos 10 gramos diarios frente a los cinco recomendados). La OMS achaca al consumo excesivo de sal 2,5 millones de muertes anuales. El problema en España arranca ya con los niños, ya que un reciente estudio de la Universidad Complutense de Madrid asegura que el 85% consume más sal de la recomendada.

Por ello, la OMS se ha marcado el objetivo de reducción del 30% del consumo de sal para 2025, algo que en España de momento se ha trasladado en una propuesta a para reducir el 10% el consumo de sal – en un programa que engloba también el azúcar y las grasas – para 2020. Esta propuesta engloba a la industria, ya que sólo el 20-25% de la sal ingerida diariamente procede del salero. El resto viene con los productos procesados.