Vida Sana

Emanciparse, cada vez más difícil: sólo lo consigue uno de cada cinco menores de 30

Un estudio del Consejo de la Juventud revela que la proporción de jóvenes entre 16 y 29 años no para de bajar desde 2008. En algunas regiones el coste de alquilar un piso en solitario llega a superar el 90% del salario.

Cada vez es más difícil emanciparse. Solo lo consigue uno de cada cinco jóvenes menores de 30. EP

Los jóvenes cada vez lo tienen más difícil para empadronarse. El número de españoles entre 16 y 29 años que abandonan el hogar familiar es cada vez menor desde 2009 y en el segundo semestre de 2018 alcanzó la menor proporción, solo el 19%, según un estudio del Consejo de la Juventud.

Los datos no sorprenden cuando se ve cómo en seis comunidades autónomas – Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, el País Vasco y Cantabria – la proporción no llega ni al 17%, ya que un alquiler en solitario en estas regiones requiere destinar más del 90% de su salario, 900 euros al mes de media.

Así, la proporción de jóvenes que alquilan cae ligeramente (del 60,6% en 2017 al 59,2% en 2018), aunque sigue siendo mayoritaria respecto a la compra (sólo el 11,6% con propiedad pagada y el 17,4% con hipoteca) y que optan cada vez más por casas cedidas o a bajo precio (el 12%). La tendencia de vivir en casas cedidas por las familias que disponen de una segunda residencia va en aumento.

Los datos de este estudio han sido presentados por el presidente de la entidad, Manuel Ramos, y el sociólogo que ha trabajado en el proyecto, Joffre López. Así, han destacado que los datos de este año no suponen un desplome repentino de la autonomía residencial de la población joven en España, sino que culmina un proceso que arrancó en 2009 y que, de una manera más o menos ininterrumpida, ha ido prolongándose hasta hoy, según el balance que se hace de las cifras en el Observatorio.

No sólo es que tengan menos posibilidades de emanciparse, sino que si lo hacen con más vulnerables económica y socialmente

La proporción de jóvenes emancipados estuvo aumentado año tras año entre 2001 y 2008, pero a partir de ese último ha ido disminuyendo hasta regresar a cotas semejantes a las de mediados de la década de los noventa. Pero actualmente, según el balance, no son sólo menos los jóvenes que pueden vivir fuera de casa de los padres, sino que cuando lo consiguen tienen más probabilidades de encontrarse en situación de vulnerabilidad económica y social.

Se trata del colectivo de edad con los índices de pobreza y exclusión más elevados, el 34,8% de media, aunque las mujeres poseen actualmente un menor riesgo que los hombres, justo lo contrario de lo que sucedía en 2009. Tener trabajo no les garantiza estar fuera de esos índices porque de ese 34,8% de jóvenes, el 26% está ocupado, el 56,2% está en paro y el 34,5% son población inactiva, es decir no se incorporan al mercado laboral, ni ocupados ni parados.

En el 2018 el mercado de trabajo juvenil experimentó una notable mejoría ya que la tasa de empleo superó el umbral del 40, pero la temporalidad siguió siendo «extremadamente elevada», según el autor del informe. El 55,5% de los asalariados tenía contratos temporales, cuando la media en el conjunto de la población era del 26,9% y cuando en el mismo trimestre de 2010 era de casi diez puntos menos. Las máximas cotas, por encima del 60%, se registraron casi iniciado el 2019 en Andalucía, Cantabria, Extremadura, la Región de Murcia y el País Vasco, y en el mejor de los escenarios (Baleares, Cataluña y Madrid) no bajaba del 46%.

«Los problemas no se deben perpetuar», según los responsables del Consejo, quienes ponen varios apellidos al empleo juvenil: temporalidad e inestabilidad, algo que dificulta el acceso a la vivienda y sobre todo en propiedad porque, según sus cálculos, tendrían que ganar un salario de 22.000 euros para poder acceder a ella. Abogan, por ello, por una política con criterios de accesibilidad a los hogares y por un parque público de viviendas.

Ante esta situación, Ramos considera imprescindible una Secretario de Estado de Juventud, que dependa del Ministerio de la Presidencia, además de una comisión en el Congreso de los Diputados para tratar estos problema. De esa forma se frenaría, a su juicio, la «parálisis» que viven los jóvenes, con problemas que llevan arrastrando desde hace décadas porque persiste la opinión generalizada de que de que «no pasa nada porque la juventud sea precaria pues en el futuro vivirá bien».

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