Vida Sana

Garbanzos contra el cambio climático

Estas legumbres tienen mucho que hacer contra el calentamiento global, pero cambiar la dieta es solo una de las acciones urgentes para mantener la biodiversidad. En la Cumbre del Clima de Madrid también se habla de la revolución del sistema alimentario.

Garbanzos.

En España, los garbanzos se han comido tradicionalmente en los guisos de cuchara, pero su destino podría depararles un papel mucho más protagonista. La biodiversidad y el veganismo están de su parte y así lo ha explicado hoy Almudena Lázaro, investigadora del Centro de Innovación de la Comunidad de Madrid (IMIDRA) en la Cumbre del Clima de Madrid (COP25). “Las dietas veganas sustituyen la proteína animal por la vegetal, que actualmente se basa en la soja. Esta planta está muy bien pero viene de muy lejos. Nuestra investigación se centra en el garbanzo, en cómo podemos adaptar este producto de siempre a las necesidades de hoy”.

En su laboratorio madrileño, el equipo de Lázaro desarrolla nuevos productos del garbanzo destinados no solo a la dieta vegana, sino a las exigencias de cambio de dieta que Naciones Unidas ya ha hecho públicas. La ONU pide comer más verduras y menos animales y mejorar la gestión del suelo para luchar contra el cambio climático. El objetivo es producir con menos emisiones de CO2, muchas de las cuales proceden del transporte.

“Estamos desarrollando fermentados, bebidas, crujientes, aperitivos… para hacer del garbanzo un producto más acorde a los usos de hoy”, explica Lázaro, una sustitución que “consigue minimizar la huella de carbono y aprovechar un producto de cercanía, tradicional y que en España se sabe manejar”.

Hacia este cambio en la dieta se orienta también la iniciativa Científicos por menos carne que reúne a más de un centenar de expertos, algunos participantes en informes del Panel Intergubernamental de la ONU sobre cambio climático. Reyes Tirado, científica de Greenpeace en la Universidad de Exeter (Reino Unido), explica que «este proyecto pide a los países ricos que no consuman tanta carne, que planteen iniciativas políticas que consigan transformar un sector que emite tanto CO2 – la ganadería y agricultura – como todo el sector del transporte junto». No en vano, España es el segundo país europeo en consumo de carne y ello no tiene solo consecuencias para el medio ambiente sino también para la salud y la biodiversidad.

Sin embargo, no solo de cambiar nuestra dieta va el asunto, tal como se ha explicado hoy en “Hacia una revolución del sistema alimentario”, que organizaba Ethic en la COP25. El desperdicio alimentario es otro de los frentes abiertos: “Quizás se trata de distribuir mejor y no tanto de producir más”, ha dicho Sandra Sutherland, periodista de Agrosfera (TVE2), al inicio del evento.

Y es que asi la mitad  (45%) de las frutas que se producen en todo el mundo terminan en la basura. El 35% del pescado y el 20% de la carne, según los datos de la FAO (la organización de la ONU para la alimentación y la agricultura). En total, 1.300 millones de toneladas de alimentos se tiran cada año y el 14% ni siquiera llega al comercio.

No nos los comemos, pero estos alimentos forman parte del 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero que se achacan a la ganadería y la agricultura, según los datos de la Real Academia de Ingeniería y que ha puesto Sutherland sobre la mesa: “En España son 7,7 los millones de toneladas de alimentos que acaban en la basura”.

Sin embargo, no todos los cambios deben enfocarse hacia la población. Porque en una sociedad cada vez más obesa – 1.900 millones de personas en todo el mundo – a veces las elecciones no son libres. Así lo ha expuesto Marta Rivera, catedrática de Agroecología de la Universidad de Vic y miembro del Panel Intergubernamental de la ONU sobre cambio climático (IPCC). «Si alrededor de casa hay más McDonalds que fruterías, si es más caro consumir productos saludables que ultraprocesados, a veces no hay margen», ha afirmado para pedir una mayor implicación política.

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