España, la tormenta perfecta para un país sin niños.

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España, la tormenta perfecta para un país sin niños

El primer semestre de 2019 han nacido en España 179.794 niños, el menor número desde 1941, primer año del que hay registros.

Desde que España empezó a contabilizar los datos en 1941, nunca habían nacido tan pocos niños como ahora. En el primer semestre de 2019 se registraron 179.794 bebés, un 5,8% menos que el año anterior, que ya fue peor que el anterior, y el anterior. A excepción de 2014, con un pequeño repunte, la caída va en picado desde 2007. “Y ello a pesar de que la economía lleva cinco años de crecimiento, cada año es peor que el anterior, esto es como una crisis económica que no acaba nunca”, lamenta Alejandro Macarrón, director de la Fundación Renacimiento Demográfico.

Con el récord a la baja de nacimientos, se cruza en la gráfica otra línea, esa sí en ascenso, las defunciones. El pasado semestre se produjeron un 2,1% más de muertes que el año anterior, lo que consolida también una tendencia que se mantiene desde 2015, que en España se celebran más entierros que alumbramientos.

Sin embargo, el descenso de nacimientos no es lo que más preocupa a los demógrafos, sino la caída de la fecundidad: “Una tasa por debajo de 1,5 hijos por mujer es un umbral crítico para la recuperación. España ya va por 1,25 y en algunas comunidades el nivel llega a 1”, advierte Rafael Puyol, presidente de la UNIR y ex director del Observatorio de Demografía del IE.

Nacen pocos niños y los tienen las madres más mayores de Europa. En 10 años, el número de hijos de mujeres de más de 40 años ha aumentado un 63% y este fenómeno se sitúa en el centro del problema. “El retraso de la maternidad repercute fuertemente en el tamaño de la familia y esto se produce, entre otras razones principales, porque en nuestro país se tarda mucho en consolidar la posición laboral. Cuando se decide tener el hijo se pasa la treintena y eso conlleva muchos problemas de fecundidad”, afirma Antonio Izquierdo, catedrático de Sociología de la Universidad de A Coruña.

Puyol incide en que esta situación es «una pescadilla que se muerde la cola». “Salir de estos niveles de fecundidad es cada vez más difícil, porque cada vez hay menos mujeres para procrear y empiezan a intentarlo más tarde. Las consecuencias tanto a nivel económico como social se van a ver en un futuro inmediato”, asegura el demógrafo.

Uno de los problemas más graves que está sobre la mesa es el sostenimiento de las pensiones, que en España pagan los trabajadores en activo. “Con un desequilibrio entre cotizantes y jubilados que no para de agravarse, no hay solución con el sistema actual. Y el problema se va a agravar mucho a partir de 2022. Ese año marca el inicio de serias dificultades para pagar las pensiones porque empezará a jubilarse la generación del babyboom”, explica Puyol, antiguo rector de la Universidad Complutense de Madrid, que cree que “al igual que han hecho otros países, España solo podrá mantener unas pensiones mucho más básicas que tendrá que ayudar a compensar con ayudas al ahorro de los trabajadores”.

La inmigración, sobre la que se asientan algunas de las esperanzas de mejora de la situación, “pueden suavizar pero en ningún caso paliar la tendencia. Ningún país ha revertido esta situación solo con inmigración”, advierte Macarrón, que recuerda además que “las sociedades envejecidas atraen menos inmigración”.

Porque esa variable, la del envejecimiento, acompaña a la caída de nacimientos con una serie de efectos que señala el presidente de la Fundación Renacimiento Demográfico: «El envejecimiento tiene efectos en la caída del consumo, de las inversiones, e incluso en la devaluación de la vivienda porque al haber menos población habrá más casas vacías. Además, la democracia convertida en gerontocracia, en el sentido en que los mayores se convierten en el grueso del cuerpo electoral, será pagada por la población activa, que no verá tanta respuesta a sus demandas como los jubilados».

Macarrón completa la ecuación del desequilibrio poblacional con «el mayor gasto en Sanidad que se producirá por el envejecimiento» y los problemas derivados de la soledad, «el número de personas que viven solas se ha multiplicado por seis el último medio siglo», añade.

Todos estos efectos, dice Macarrón, no se ven aparecer de forma súbita pero están ya visibles y lo serán más de forma progresiva. «La crisis demográfica es como la carcoma, va corroyendo el edificio».

Soluciones urgentes

Ante esta situación, los expertos aseguran que son necesarias medidas urgentes. «Llevamos años clamando por el establecimiento de políticas de ayuda familiar al estilo de Suecia o Francia, con ayudas para parejas que quieran acceder a una vivienda, un sistema eficaz de guarderías o permisos en condiciones que permitan una conciliación real», indica Puyol.

A juicio de Macarrón, «es necesario que la maternidad se convierta en una prioridad, que se fomente la familia y que no se penalice a la madre que quiera trabajar. Pero aquí no puede descargarse la responsabilidad en la empresa, porque la maternidad tiene un coste para la empresa y el beneficio es para la sociedad, por lo que el Estado debe descargar de costes al empresario, ayudando con incentivos al IRPF y rebaja de cotizaciones al menos hasta que el niño tenga cuatro años».

Izquierdo también dirige la solución del problema al mercado laboral, aunque su postura es algo diferente. Este experto no considera tan alarmante la falta de nacimientos para el sostenimiento económico y asegura que «es la economía la que modela la demografía, y no al revés». El sociólogo considera que «más niños no van a solucionar el problema económico, porque si esos trabajadores están en paro o cotizan menos, no solucionarán el problema. Es el mercado laboral el que tiene que cambiar».

Para el experto, es el mercado laboral frágil, la dificultad para escalar en la posición laboral y un Estado del Bienestar débil los que han dado lugar a lo que llama la «segunda transición demográfica» y que sólo cambiará en tanto lo hagan el mercado laboral y las políticas estatales.

«Más que que no haya nacimientos me preocupa la infelicidad de las parejas, que quieren tener niños y no pueden. Porque la tasa de infecundidad se ha duplicado en los últimos años en España y se sitúa ya en más del 20%, del cual en torno al 5% es voluntaria, pero la mayoría es gente que estando en edad fértil no tiene tantos hijos como desearía», afirma Izquierdo. Sobre ese mensaje incide también Puyol, que asegura que «las españolas tienen, en general, un hijo menos de los que desearían y buena parte dice que para tenerlo necesitaría un trabajo estable».

En un mercado laboral en que trabaja el 61% de las mujeres, según datos de 2018, es llamativo que el 55% de los niños que nacieron ese año lo hicieron de madres que no trabajaban. «Si esto no cambia, en 2100 España tendrá la mitad de población que ahora y dos tercios menos de población activa, la situación es de emergencia», concluye Macarrón.

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