Un profesional hace un estudio de contactos. EP

Salud

Rastreadores, los detectives del coronavirus

Los casos de COVID-19 en los que se consigue encontrar el origen han caído en pocas semanas del 60 al 35%. El estudio de contactos es fundamental para controlar la epidemia, aunque no la única herramienta.

A algunos especialistas no les gusta llamarlos «rastreadores», pero todos coinciden en que son una de las piezas clave para que el país no vuelva a sumirse en la pesadilla que vivimos entre marzo y mayo y que ahora amenaza con volver, especialmente en Aragón y Cataluña, donde Sanidad reconocía ya desde este jueves que vuelve a haber «transmisión comunitaria» de COVID-19.

Es en los rastreadores en quiénes recae gran parte de la responsabilidad de que el virus no vuelva a circular libremente pero, ¿quiénes son?, ¿cuántos hay?, ¿cómo trabajan? A estas preguntas hay prácticamente tantas respuestas como comunidades o ciudades autónomas en España, aunque hay algunas características y problemas comunes que están marcando su labor.

«No me gusta nada el término rastreador, es una mala traducción del inglés. Es la persona que hace el estudio y seguimiento de los contactos cuando hay una infección, a través de un sistema que debe de estar protocolizado y que ha de tener una mínima formación para hacerlo y estar supervisado por alguien más experto», explica Joan Ramón Villalbí, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS).

«Los rastreadores tienen que ser gente capacitada, que esté formada para rastrear. No rastrea todo el mundo, tienes que saber cómo, por dónde», explica Julia González Alonso, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. Esta médica es coautora del informe Preparación del sistema de salud español ante crisis de Salud Pública de la Organización Médica Colegial, donde analizan las necesidades del sistema sanidad, valorando lo que hemos vivido y sacando conclusiones para futuras crisis, según informa Rafael Ordóñez. «Para una situación normal no se necesita el mismo número de efectivos que para una crisis, pero tiene que estar prevista la posibilidad de ampliar la capacidad de rastreo. Los rastreadores cuando más especialistas sean mejor, pero en situaciones de crisis se puede preparar a gente con unos conocimientos básicos, no se pueden sacar epidemiólogos debajo de las piedras, pero han de tener una formación básica. Por ejemplo, contar con médicos y enfermeras de atención primaria formados por si son necesarios», añade González.

Villalbí subraya que aunque el estudio de contactos no es nuevo —se hace desde hace mucho para enfermedades infecciosas como la tuberculosis o la sífilis—, el coronavirus ha sobrepasado a un sistema «que no estaba preparado para esto y ha tenido que activar a sectores que no estaban implicados, desde Atención Primaria a los departamentos de prevención de riesgos laborales o los servicios de emergencias». «Esto ha impuesto dificultades objetivas en el trabajo de rastreo, que afectan especialmente a las regiones con núcleos urbanos más grandes», reconoce el experto.

La principal de las dificultades ha sido precisamente la falta de personal para realizar el rastreo y que ha trascendido de emergencia con el aumento de casos en los últimos días en Aragón y Cataluña. Así, esta semana la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, pedía más rastreadores para Cataluña al considerar insuficientes los 120 que estaban operativos. Apenas unos días más tarde y en plena escalada de casos, la Generalitat anunciaba un refuerzo de profesionales.

Cada comunidad autónoma ha expuesto sus números —contrataciones, refuerzos [cuadro al final del reportaje]— pero en Atención Primaria muchos médicos aseguran que la labor de estudiar los nuevos casos está sobre ellos y se preguntan dónde están los rastreadores. «En mi centro de salud nadie ha tenido contacto con ellos, parece ser que llaman pero no nos llega ningún feedback, estamos un poco a ciegas», lamenta Salvador Casado, médico de familia en Madrid. En esta comunidad autónoma preocupa precisamente el bajo número de rebrotes tras haber sido epicentro de la pandemia.

«Yo no conozco a ningún rastreador, cuando he llamado a salud pública da la sensación que dejan en atención primaria el estudio de contactos directos, pero el más amplio no se sabe quién lo está haciendo. Yo les avisé por un chico que trabaja en la Ford y estaba pendiente de una PCR pero nadie se ha puesto en contacto con la empresa, al menos en los días siguientes», afirma Inmaculada Cervera, médico de atención primaria y coordinadora del Grupo de Trabajo de Gestión Sanitaria y Calidad Asistencial de la Sociedad Española de Médicos de Familia (Semergen).

Cervera explica que en Valencia, donde ejerce su labor, Atención Primaria se centra en los residentes en el hogar y, en todo caso, otros familiares cercanos. «Tenemos una aplicación en la que se introducen los convivientes, a los que les corresponde una PCR automática. También abarcamos otros familiares directos pero ya no damos más abasto. Lo malo es que no nos consta que se esté haciendo desde Salud Pública, al menos no hay coordinación».

Llamada, diagnóstico y aislamiento

Tras la llamada en la que se comunica a alguien que es contacto de un caso de COVID-19, se le explica el aislamiento preventivo y la indicación de realizar una PCR, así como el resto de medidas que ha de tomar en el hogar. «Se ofrece la información a los contactos y después tanto a ellos como al caso inicial se les hace seguimiento, cada día si tienen algún riesgo o cada tres días en otros casos», apunta Cervera.

Sin embargo, aquí entra otra de las dificultades y es la falta de cooperación, en algunos casos. «Yo les pido que se queden en casa pero hay veces que cuando vuelvo a llamar al domicilio, no hay nadie. ¿Y qué puedo hacer? Nada. Nos sentimos impotentes porque no tenemos herramientas para controlar y advertir si se rompe el aislamiento domiciliario. Esto es muy importante y no podemos obligar… Aquí hay algo que está patinando», plantea Cervera, que trata de librar sus propias batallas a falta de apoyo legal. «Yo cuando les vuelvo a llamar, si no estaban, les monto un pollo y les digo que voy a mandar a la policía local a su casa. Pero es un farol, porque no puedo hacer nada. Pero estamos luchando todos por la salud, hay que colaborar», incide.

A veces esa falta de colaboración va ligada a cuestiones sociosanitarias que se han visto muy claras en los brotes entre los temporeros. «Si yo quiero aislar en el domicilio a alguien pero resulta que esa persona no tiene casa, ¿qué hago? O los falsos autónomos que si no trabajan no cobran… Hay muchas situaciones difíciles. O la del monitor de un campamento en Barcelona, un chico joven que empezó a tener fiebre justo el primer día de trabajo y por vergüenza o miedo estuvo cuatro días yendo al campamento con todos los niños hasta que le diagnosticaron el COVID-19. No podemos olvidar la responsabilidad individual», apunta Villalbí.

Murcia es un ejemplo donde sí se han establecido sanciones para quienes no cumplan este aislamiento siendo contactos de un caso confirmado, aunque están por ver las fórmulas de comprobación que se puedan establecer. Las multas son de 100 euros, iguales que las impuestas por no llevar mascarilla.

Esa responsabilidad individual es el otro pilar en el que se puede sustentar el control de la epidemia y que va en el cumplimiento de las medidas de higiene y el uso de mascarillas, aunque ninguno por sí solo pueda acabar con el virus.

El seguimiento de contactos es una parte, pero «las autoridades internacionales plantean que conocer el origen del 50% de los casos ya es una cifra satisfactoria», plantea Villalbí. El escenario en España, sin embargo, ahora deja mucho margen de mejora, ya que en el último mes Sanidad ha pasado de conocer el origen del 60% de los nuevos contagios a apenas un 35%, según reconocía este jueves el portavoz técnico del coronavirus, Fernando Simón.

El trabajo de detección precoz de los casos implica una mayor dotación de equipos profesionales y la capacidad diagnóstica en las siguientes 24 horas, como explica un artículo de esta misma semana en la revista Medicina de Familia de Semergen. Aquí, epidemiólogos que firman la revisión de estudios plantean la necesidad urgente de reforzar los servicios de atención Primaria y Salud Pública así como de la disponibilidad de hacer y tener resultados de la PCR en poco más de 24 horas. Se subraya que el médico que diagnostica un caso de COVID-19 debe asumir que en el entorno del paciente habrá más infectados y, por tanto, impulsar urgentemente el estudio de contactos en coordinación con salud pública.

«Hace tres meses tuvimos que lidiar con la falta de EPIS, con la desinformación. Ahora la batalla es esta y no podemos volver a ir por detrás de los acontecimientos. Hay que articular la forma de llevarlo a cabo antes de que sea más tarde», concluye Cervera.

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