Se vende sede en Génova por 51 millones. Razón: el PP”. Un sector no menor de la actual dirección popular estaría encantado con colgar el cartel de “Se vende” en la fachada de la sede nacional del partido, en el número 13 de la calle Génova de Madrid. El deseo de pasar página, de dar por superada una etapa marcada por los escándalos de corrupción, que tienen su epicentro político y/o judicial en el cuartel general de los populares, ha llevado al convencimiento de que el edificio que ocuparan tras las elecciones generales de 1992 tiene que echar el cierre, sin mirar atrás.

Este sentimiento es compartido por no pocos miembros de los Grupos Parlamentarios, por baronías territoriales y por direcciones regionales y provinciales. La palabra Génova “mancha”, asegura un dirigente provincial. “Es sinónimo de obras de remodelación presuntamente pagadas con dinero negro”, aduce otro. Y más: “Ése fue el territorio de Francisco Correa” y, también “de Bárcenas, como si fuera de su propiedad”, afirma un destacado diputado. Es cierto. El ex tesorero usaba el aparcamiento de la sede como un trastero de su vivienda particular donde acumular esquíes, cuadros y hasta cabezas de venado de sus excursiones cinegéticas por todo el mundo. España nunca fue suficiente, por eso el juez De la Mata sigue buscando cuentas corrientes a su nombre en el extranjero.

Dirigentes del partido alertaron de la mala imagen que transmitía tener furgones policiales en la puerta por seguridad

Tras el 19 de diciembre de 2014, cuando un loco estrelló un coche contra la puerta principal de la sede con el maletero cargado de bombonas de butano, dos o tres furgones de la Policía Nacional comenzaron a custodiar la entrada. No era más que una medida de seguridad hasta que algunos de los cargos con despacho en la sede alertaron respecto de la mala imagen que estaban dando. “Parecía que todos los días teníamos un registro de la policía”, admite un destacado miembro de la dirección. Imaginaba a los madrileños que pasaban por ahí preguntándose si tamaño despliegue policial respondía a que andaban buscando ordenadores con discos duros rayados, contabilidad paralela del partido o sobres con sobresueldos. Así se respira en Génova.

“Grande y ostentosa”

No se trata de dar verosimilitud a todas las acusaciones vertidas, a las sombras de duda sobre ciertas prácticas supuestamente corruptas, hoy judicializadas. Pero sí de romper con una foto fija ligada a la sede nacional, a esa Génova que es, además,”tan grande, tan ostentosa, tan fuera de lugar con los tiempos que corren”. Porque otro aspecto que destacan sus detractores es lo innecesario de una sede de esas características, extemporánea, poco que ver con las que gastan los conservadores alemanes o británicos.

La sede de la CDU, narra una de las fuentes consultadas por El Independiente, “está a pie de calle y es abierta. Se ve a la gente trabajar a través de las cristaleras y es mucho más pequeña que la nuestra”. La de los tories, en Londres, es parecida, sin alardes, más modesta que ese edificio de siete plantas con casi 7.000 metros cuadrados de superficie sobre rasante, sin contar las plantas de aparcamiento.

Quieren una sede pequeña, con espacios abiertos a la calle, como la de CDU o la de los conservadores británicos

Ni siquiera la estatutaria cita trimestral del máximo órgano entre congresos justifica tantos metros cuadrados. Esas quinientas personas que forman la Junta Directiva Nacional “pueden reunirse en la sala de un hotel. Se alquila para la ocasión y ya está”, afirma en este caso un europarlamentario.

Los populares se trasladaron allí en 1983 tras ocupar durante años un pequeño piso en la calle Silva, también en Madrid. Las elecciones generales de 1982 no sólo catapultaron al PSOE al Olimpo de 202 diputados, sino que confirmaron al PP como el primer partido de la oposición, prácticamente laminada la UCD. Tras pasar de 10 a 107 parlamentarios, Manuel Fraga decidió hacer mudanza. A partir de ese momento, decir Génova es decir PP.

El PP estuvo de alquiler hasta que en 2006 adquirió el edificio por 37 millones de euros. Ahora obtendría 51

Durante muchos años los populares vivieron de alquiler. El arrendador era la aseguradora Mapfre, pero un día de 2006 decidieron comprar por 37 millones de euros. Ahí comenzaron buena parte de las desgracias populares. Una vez propietarios, acometieron obras de remodelación de un edificio anticuado, poco funcional, muy compartimentado. Se gastaron 5 millones y medio de euros, aunque según el juez Ruz, pagaron otro millón y medio en negro.

Si hasta hace relativamente poco los populares hubieran salido perdiendo con la venta del edificio, en estos momentos, con un mercado inmobiliario al alza en Madrid, sacarían una buena plusvalía. Los 37 millones de 2006 serían ahora algo más de 51, en concreto, 51.245.333, según la valoración de la consultora inmobiliaria Quick Expansión. La superficie del edificio se reparte en 5.994 metros de oficina, 600 de local (la planta de calle) y 3.432 de garaje, según datos del catastro. A 6.667 el metro cuadrado de oficina, a 11.200 el de local, y a 42.667 la plaza de aparcamiento, sale la cifra final de más de cincuenta millones de euros.

La merma de subvenciones, tras perder 52 diputados, ha afectado a las arcas del partido y ha obligado a ajustes

Y eso, si se le diera el mismo uso que tiene actualmente, porque su valor podría ser aún mayor si se reconvirtiera en pisos o en un hotel. Si, en lugar de vender, lo alquilaran, la renta anual de los siete pisos de oficina sería casi 1.800.000 euros; del local, 302.000, y de las cuatro plantas de aparcamiento, 205.000.

Hay otro motivo más para plantearse su venta, afirman los partidarios de la misma. El PP ha tenido que reducir gastos de forma drástica tras perder 52 diputados con respecto a la legislatura 2011-2015. Aunque recuperó puestos el 26-J, está muy lejos de aquella mayoría absoluta de Mariano Rajoy, y menos parlamentarios se traduce en menos subvenciones, lo que se ha dejado notar en las arcas del partido en el Gobierno con reducción de personal y asesores. Un buen momento, dicen, para poner sobre la mesa “la necesidad de soltar lastre” echando el cierre al emblemático edificio.