La gestión del acuerdo sobre Gibraltar entre el Reino Unido y la Comisión Europea ha provocado un nuevo tropiezo del ministro de Asuntos Exteriores, el socialista José Manuel Albares. El envío en inglés del documento, de más de un millar de páginas, a los alcaldes del Campo de Gibraltar y al presidente de la Junta de Andalucía, la ausencia de una traducción oficial desde el primer momento y la decisión de no hacer público el documento durante semanas han sido interpretados como una grave torpeza política y un síntoma más de un estilo de dirección que ha prescindido de los diplomáticos más veteranos y alimentado el atrincheramiento del ministro y su equipo más próximo.
El malestar se suma a la crisis abierta semanas atrás con los periodistas que cubren Exteriores y a las reiteradas quejas de la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), que denuncia falta de interlocución, opacidad en los nombramientos y un deterioro de las condiciones de trabajo en la red exterior así como el grave estado de los inmuebles. Y a la hostilidad evidente con Zarzuela y el jefe de la Casa Real, el también diplomático Camilo Villarino.
Gibraltar como último síntoma
El acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido sobre el encaje de Gibraltar tras el Brexit, presentado por el Gobierno como un hito que permitirá derribar la verja y crear una zona de prosperidad compartida, ha sido defendido por Albares como un éxito diplomático.
Sin embargo, la decisión de remitir el texto en inglés a responsables políticos de la comarca ha generado desconcierto incluso entre diplomáticos que respaldan el fondo del acuerdo. “Ha sido una grave torpeza por su parte. Desde que se cerró el texto ha habido tiempo suficiente para que la Comisión lo tradujera, y debería haber sido una de sus condiciones, tanto como la de que no se hiciera público hasta el tiempo de descuento para evitar un debate promovido por la oposición”, sostiene una fuente consultada. “En la política del muro, es imposible consensuar ni siquiera una cuestión de Estado como ésta”, desliza en la que es ya una de las señas de identidad de la era Albares en Exteriores, la ausencia de puentes con la oposición.
Desde que se cerró el texto ha habido tiempo suficiente para que la Comisión lo tradujera, y debería haber sido una de sus condiciones
En el Campo de Gibraltar, alcaldes de distinto signo han expresado dudas sobre aspectos sensibles como el régimen fiscal, el impacto en los trabajadores transfronterizos o la gestión de las jubilaciones. La crítica no se centra únicamente en el contenido sino en las formas y en la percepción de que la interlocución con el ministerio ha sido insuficiente. “El Gobierno británico pelea más por los suyos que el nuestro por nosotros”, lanzó como reproche el regidor de La Línea de la Concepción, Juan Franco, el pasado miércoles.

Un ministro en modo supervivencia
Fuentes diplomáticas consultadas por este diario sostienen que el desgaste acumulado ha llevado al ministro a adoptar una lógica de repliegue. “Es un ministro atrincherado que sabe que está quemado”, resume uno de ellos. En el entorno de Exteriores interpretan que el horizonte laboral del ministro, una vez que concluya su singladura al frente de la diplomacia española, no pasa ya necesariamente por la carrera diplomática clásica, sino por un eventual aterrizaje en organismos internacionales, consultorías estratégicas o grandes corporaciones con intereses globales. “Debe saber que aquí no tiene futuro”, apuntan.
“Cuando uno ha roto tantos puentes internos, empieza a pensar más en su salida que en recomponer la casa”, señala un diplomático preguntado por si la sucesión de incidentes recientes ha podido causar mella o alguna rectificación. En ese análisis la incógnita es el destino del círculo más estrecho del ministro, el que ha optado por inmolarse con el socialista y ha aceptado ocupar puestos por encima de su cualificación y experiencia mientras Albares arrinconado y envía a galeras a varias generaciones de diplomáticos.
Cuando uno ha roto tantos puentes internos, empieza a pensar más en su salida que en recomponer la casa
“Lo más sorprendente es la guardia pretoriana que tiene, que sigue sus pautas. Esta media docena de personas que no tienen futuro fuera de la carrera y que han quemado su carrera. Cuando llegue un nuevo gobierno posiblemente se trate de los primeros secretarios de Estado y subsecretarios, que no tengan luego una embajada, que tengan que concurrir al bombo y en función de su antigüedad, optar a un puesto”, describe gráficamente una fuente en el ministerio.
La relación con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sigue siendo, según estas fuentes, sólida. Eso reduce la probabilidad de una salida inmediata, pero no elimina la percepción interna de fin de ciclo, también en el Palacio de Viana. “Si hubiera una remodelación amplia, no sería solo de una persona. Pero no veo que peligre su posición a corto plazo”, apunta un diplomático en activo a propósito de la salida programada de la ministra de Hacienda María Jesús Montero rumbo a las elecciones andaluzas.

Generaciones arrasadas
Uno de los reproches más repetidos en los pasillos del Palacio de Santa Cruz es la decisión de prescindir de promociones enteras de diplomáticos con más antigüedad que el propio ministro. Según varias fuentes, Albares habría optado por rodearse de perfiles más jóvenes que él, evitando que figuras con mayor recorrido pudieran cuestionar sus decisiones o hacerle sombra.
Uno de los casos más recientes es el de Victoria Ortega, nombrada el pasado otoño embajadora en Polonia, un destino considerado de primer nivel en la Unión Europea por su peso económico y su papel estratégico en el flanco oriental. Con dos décadas en la carrera pero sin haber dirigido previamente ninguna embajada, su elección ha sorprendido a diplomáticos que consideran Varsovia una plaza que tradicionalmente requería experiencia previa como jefe de misión. Hasta su nombramiento, Ortega era adjunta al representante permanente de España ante la UE, Marcos Alonso. Comenzó su trayectoria profesional en el gabinete del entonces ministro Miguel Ángel Moratinos.
Para ir de embajador a Polonia siempre se necesitaban una o dos embajadas previas
“Para ir de embajador a Polonia siempre se necesitaban una o dos embajadas previas”, lamenta un diplomático. Otros apuntan a que hay diplomáticos con treinta años de servicio que siguen en consulados o en puestos secundarios cuando, por antigüedad y méritos, deberían estar ya al frente de legaciones de primer nivel.
La crítica no se limita a un nombramiento concreto. Varias fuentes describen una política sistemática de marginación de generaciones intermedias y veteranas de la carrera, diplomáticos que fueron superiores jerárquicos del actual ministro y que hoy se sienten apartados. “Ha decidido prescindir de todos aquellos perfiles que tienen más edad que él”, sostiene una fuente, que interpreta esa estrategia como una forma de blindarse frente a voces con experiencia y criterio propio y parte de “un evidente complejo” que Albares arrastra.
El resultado, según estas voces, es una carrera fracturada: promociones despreciadas, veteranos relegados y una sensación de agravio que erosiona la cohesión interna. Algunos hablan de promociones enteras que han quedado bloqueadas sin acceso a jefaturas de misión, mientras perfiles más jóvenes ascienden con rapidez. La consecuencia, advierten, es un Ministerio con memoria institucional debilitada y con un relevo generacional desordenado.

La crisis con la prensa y el relato
La polémica con los periodistas que cubren Exteriores ha añadido un elemento más al desgaste. El ministro, fiel a una retórica que repite hasta la saciedad, ha defendido que nunca se ha comunicado tanto y ha atribuido las críticas a “la propagación de bulos”, a pesar de las denuncias públicas del gremio. Sin embargo, dentro del Ministerio se admite que el episodio dañó su imagen incluso en medios tradicionalmente próximos al Ejecutivo.
“La polémica interna puede durar tres o cuatro días, pero cuando afecta a un medio de comunicación de esa manera el impacto reputacional es mayor”, señala un diplomático a propósito de su petición de cabeza para una periodista de Europa Press. Para algunos, el problema no es solo la gestión puntual de acreditaciones, sino una concepción de la comunicación centrada en el control del mensaje más que en la transparencia.
Es tan grave la situación que tiene consecuencias para el país y la sociedad española
En paralelo, la Asociación de Diplomáticos Españoles -la organización mayoritaria de la carrera diplomática- ha denunciado la falta de respuesta a sus cartas y la ausencia de avances sustantivos en reivindicaciones históricas, desde la actualización de las ayudas a la educación de los hijos hasta la recuperación del billete de arraigo. Su presidente, Alberto Virella, lamenta la falta de acuse de recibo a su última misiva en la que solicitaba la intermediación de Moncloa ante lo que califica de actitud “inmovilista”, “inexplicable” e “irrespetuosa” por parte del titular de Exteriores y de su equipo y la persistencia de lagunas en cuestiones básicas que afectan a la red exterior.
La asociación remitió el pasado 10 de febrero una carta por registro electrónico solicitando la asistencia de la presidencia del Gobierno. “En la primera carta fue al día siguiente. En esta ocasión ni una cosa ni la otra”, explica Virella en conversación con este diario. El único avance parcial, explica, ha sido la publicación en la intranet ministerial de información sobre determinados seguros, aunque con vacíos significativos. Según Virella, la póliza de responsabilidad civil para funciones notariales y registrales no cubre países clave como Estados Unidos y Canadá, lo que genera “situaciones graves de indefensión”.
Más allá de las condiciones laborales, la ADE denuncia la falta de diálogo estructurado con el ministro y su gabinete. Se queja de “la cerrazón y la inmovilidad” y que “el único esfuerzo que se hace es elaborar un relato para matar el dato”. “Saber la existencia de los seguros nos ha llevado a conocer que hay lagunas tan importantes como que no hay cobertura de responsabilidad civil en Estados Unidos y en Canadá. A medida que logramos que aflore alguna información, también afloran más lagunas y más situaciones graves de indefensión”, destaca. “Es tan grave la situación que tiene consecuencias para el país y la sociedad española. La falta de medios, recursos humanos y precariedad de los inmuebles de la red consular está afectando seriamente”.

Un desgaste acumulativo
En sus comparecencias públicas, en el Congreso y las declaraciones a los medios afines, el ministro insiste en que la política exterior española está en su mejor momento histórico. “España atraviesa un buen momento en política exterior. Tenemos una política exterior coherente, previsible y respetada, que refuerza nuestra posición en Europa y en el mundo”, suele manifestar. En otra intervención pública, defendiendo su gestión con Marruecos y en el marco de la negociación sobre Gibraltar, se jactó de que “la política exterior española vive uno de sus mejores momentos en décadas”
Una euforia que contrasta con la percepción en el cuerpo diplomático, donde se describe a un ministro que ha decidido aislarse al calor de sus cortesanos y que prefiere atrincherarse en el Palacio de Viana, evitando la sede principal de la Plaza del Marqués de Salamanca. “El ministerio nunca ha estado tan mal y todo esto nos lleva a la ruina”, esboza una fuente a este diario.
En los pasillos del Ministerio se describe un escenario distinto al que públicamente trata de proyectar Albares: promociones arrinconadas, desafección creciente y un núcleo duro que resiste en torno al ministro mientras se multiplican las dudas sobre el rumbo. Para sus críticos internos, la cuestión es la dirección estratégica de la diplomacia española y el legado que dejará una etapa marcada por la confrontación interna y la erosión de consensos.
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