La inestabilidad abordó al Parlamento en Andalucía en el primer trimestre de 2022. Los rumores sobre un posible adelanto electoral del PP aprovechando el debilitamiento de Ciudadanos a menos de un año del fin de la legislatura hicieron moverse a Vox. Por estas fechas, sin una convocatoria oficial que se daría el 25 de abril, Vox debatía qué candidato promocionar en la región. El objetivo era el mismo que el logrado pocos meses antes en Castilla y León: condicionar al PP para obligarle a pactar un gobierno de coalición, el segundo de su historia. No fue así.
Por entonces, la diputada y portavoz adjunta en el Congreso, Macarena Olona, despuntaba sesión tras sesión parlamentaria como ariete contra la izquierda, y la sala de maquinas del partido la promocionó. Olona dudaba sobre la operación, pero "es una soldado que hará lo que diga Abascal", afirmaron a El Independiente entonces fuentes de la formación.
Vox apostaba por primera vez por una 'paracaidista' ajena completamente a la región, un contraste importante con el perfil de Juan García-Gallardo, ya vicepresidente de Castilla y León, y de origen burgalés, con arraigo familiar en la tierra. Pese a ser impostada, en la organización confiaban en el éxito. Sobre todo, decían, cuando "el que realmente tira del partido, de las candidaturas y de la marca es Santi".
Con todo, se intentó reflejar una imagen de proximidad, con vinculación a la localidad de Salobreña [se requería estar censada para ser candidata y su empadronamiento derivó en una investigación que finalmente no le impidió participar]. Se la llevó a la feria de abril junto al resto de candidatos y tuvo una presencia vinculada constantemente a la estética y al folclore local. Incluso en lo discursivo aludió ocasionalmente al interés andaluz, aunque eso colisionaba con salidas de tono como la reivindicación "de la Andalucía de las grandes gestas de España y no la de Blas Infante". En la campaña, además de la dureza propia, se dio hueco a figuras como Giorgia Meloni, que antes de ser elegida premiere italiana protagonizaba un discurso mucho más duro en una tierra aperturista.
"No hay mediaciones posibles: o se dice 'sí' o se dice 'no'. Sí a la familia natural, no a los lobbies LGTB [sic]; sí a la identidad sexual, no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva; sí al trabajo de nuestros ciudadanos, no a las grandes finanzas internacionales; sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas". Con ellos, con el PP europeo, ha acabado entendiéndose la italiana.
La gestión de las expectativas en Vox no fue la correcta. Este medio se hizo eco de las previsiones internas que manejaban en el partido, "muy por encima de las encuestas". Pero finalmente, no se materializó ese 'efecto Olona'. Vox pasó de los 12 a 14 escaños y del 10,9% al 13,5% frente a previsiones que le llegaban a dar entre 18-20 representantes, e incluso puntualmente por encima. Al igual que ocurre ahora con las últimas elecciones de Castilla y León, desde Bambú se negó que se tratase de un varapalo: "Hemos crecido".
Un giro estratégico de Bambú
El resultado motivó un giro de estrategia que se ha ido afianzando en las oleadas electorales de 2023, de 2024 y sobre todo en este último ciclo de diciembre a mayo, que cerrará nuevamente en Andalucía. ¿En qué consistió? En la concentración de poder en Abascal y su equipo de dirección y dar prioridad absoluta al valor de la marca. "Vox es Abascal. Todos son sustituibles menos él", llegaron a decir en el partido. Ese proceso se dio en paralelo al de concentración de poder que se ha ido dando en el partido, sin apoyo a 'baronías' como contrapeso territorial. Un tiempo en el que para muchos Vox ha pasado de ser un proyecto político a una empresa o un "fondo de pensiones" para el presidente "y cuatro más".
Entre esos cambios está el retorno al modelo 'García-Gallardo': la promoción de desconocidos apegados a la región, poco mediáticos, que están vinculados al partido con trabajo previo, parlamentario o local, o simplemente que presentan un perfil votable que gusta a la formación. Es el caso de Antelo en Murcia, que como García-Gallardo, indican fuentes nacionales de Vox, acabaron purgados por "creerse barones" y referentes de peso cuando el único que pone orden es Abascal. Figuras, en definitiva, poco contestatarias, que son afines al modelo de Bambú, y al giro nacional-populista de los últimos años. Que ejecutan directrices y dejan todo el carisma y potencia visual en campaña al propio Abascal.
El listado es largo desde Olona -entre candidatos y líderes de facto-: desde Alejandro Nolasco (Aragón), pasando por Carlos Pollán (Castilla y León), Vicente Barrera (Comunidad Valenciana), Álvaro Díaz-Mella (Galicia), Emilio del Valle (Cantabria), Amaia Martínez (País Vasco), José Manuel Pancorbo (Murcia), Óscar Fernández (Extremadura), José María Elorz (Navarra), Carolina López (Asturias) o Ángel Alda (La Rioja). Las excepciones son el tándem entre José Antonio Fúster-Isabel Pérez Moñino (Madrid) e Ignacio Garriga por Cataluña. Todos son íntimos de Abascal o pesos pesados en el partido, caso del último que es secretario general y vicepresidente de Vox.

La designación ahora de Manuel Gavira sigue ese patrón. Es un perfil de partido, que lleva desde los inicios pegado al Parlamento y que será garantía de presión al PP si depende el Gobierno de Juanma Moreno de ellos. El granadino era el candidato natural para afrontar el trámite antes de la promoción de Olona en 2022, pero se le desplazó para abordar ese experimento. Su elección ahora, además de compensar su trabajo, responde a esa 'deuda' de Madrid. A Abascal eso le permite continuar con el planteamiento de campaña puesto en práctica con rotundidad en 2024 y con mayor claridad en este ciclo.
Abascal llegará a la campaña de Andalucía con cientos de kilómetros recorridos durante semanas atrás
Fuentes del equipo de Abascal indican que el de Amurrio volverá a implicarse desde la precampaña en el territorio como pasó en Extremadura, Aragón y Castilla y León. La dinámica viene siendo la de apariciones puntuales durante esas semanas previas del arranque oficial de campaña. Con anterioridad, se ha superado la docena de actos y mítines. Después, se ahondará en la dinámica: visitas a pequeñas poblaciones por el día con paseo y declaraciones por el centro, y grandes intervenciones por la tarde en capitales de provincia y municipios mediados.
Habrá una dificultad añadida: el tamaño de Andalucía, lo que implicará mayor movilización y de recursos. A diferencia de Extremadura y Aragón, en Castilla y León, con una extensión similar, requirió de mayor presencia de dirigentes como Garriga, José María Figaredo o Jorge Buxadé. Según los críticos de Vox, esa estrategia centralizadora le pasará factura al partido de cara a unas generales. "Abascal no llegará a las 52 provincias solo", lamentaba Antelo en una reciente entrevista con este digital.
Ahora al partido le toca gestionar las expectativas tras conseguir 14 diputados en Castilla y León, uno más que en 2022, y no superar el 20% de los votos. Hasta el 15-M las encuestas venían dando a Vox entre 16-19 cargos. En Andalucía, a falta de una nueva oleada prevista para este inicio de semana, se le ubica por encima de los 20 escaños, con picos de 22 y algún sondeo como GESOP previendo un empate técnico con el PSOE a 23-27. Se espera crecer, en todo caso, y conseguir la coalición con Moreno Bonilla, cuya mayoría absoluta (55) pende de un hilo con entre 50-54 escaños de media respecto a los 58 de 2022.
Vox también tendrá que modular el tono en una región que ha apostado hasta ahora por opciones moderadas mayoritariamente, y más cuando la apuesta electoral del PP será la centralidad, con guiños al electorado socialdemócrata para abrir espacios e ignorar en lo posible a Abascal. Eso choca en primera instancia con el planteamiento de fuerza antisistema, de voto protesta, que desde la salida de los gobiernos de coalición regional con el PP en julio de 2024 le ha permitido remontar en las encuestas superando techos.
Olona, la primera entre los críticos de Vox
El momento conecta también con la situación interna que atraviesa Vox. Después de las elecciones y un mal planteamiento estratégico que rechazó hasta la propia Olona, se produjo su marginación y posterior salida con denuncias de falta de democracia interna y de opacidad económica en las relaciones del partido con Disenso o empresas como Tizona Comunicación, propiedad del gurú de Abascal, Kiko Méndez-Monasterio y de Gabriel Ariza, asesor del dirigente.
Ahora, dos pesos pesados que callaron e incluso desmintieron a Olona denuncian esas mismas prácticas. Es el caso de Javier Ortega Smith, exsecretario general del partido, o el exportavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros. Mientras el primero ha salido a embestir tras desavenencias vistas durante meses, el segundo actuó igual que Olona en un primer momento. Salida escusada por motivos personales para luego acabar cargando contra la formación. El argumento es el mismo, el de atrincheramiento de Abascal junto a su camarilla en Bambú y el corte de raíz de cualquier figura de partido con criterio propio, que despunte y permita conseguir "un plus" de apoyo dando apoyo sobre el terreno.
Los comicios andaluces, además de por las diferencias ideológicas del territorio respecto a enclaves como Castilla y León, son una prueba de fuego para comprobar si la guerra de iniciada por los críticos le está pasando factura a Vox ante sus electores, y si ese choque está generando dudas sobre las prácticas del partido. Fuentes demoscópicas vinculadas a una empresa que en este momento se encuentra realizando trabajo de campo en Andalucía, apuntan a que sí y que el crecimiento será leve.
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