Más de un siglo después de Annual, el Rif vuelve a llamar a las puertas de España. No lo hace con el ruido de la guerra ni con la épica de las montañas que doblegaron al Ejército español, sino con un mensaje político que busca desactivar uno de los fantasmas de la historia compartida entre ambas orillas.

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“Lo único que queremos es que España intervenga y que reconozca que hubo un error en 1956 y que ha sometido la tierra rifeña a un gobierno alauí sin preguntar sobre todo al jefe del Estado que estaba aún en Egipto, Abd el-Krim el-Jattabi, que vivía aún, seguía en vida”, explica a El Independiente Ali Aarass, uno de los activistas enrolados en este resurgir rifeño y víctima de una década entre rejas en Marruecos tras una polémica detención y extradición desde España.

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Los nuevos portavoces del nacionalismo rifeño, agrupados en torno al Partido Nacional Rifeño, dicen querer justo lo contrario de lo que durante décadas se les atribuyó desde el imaginario español: no tienen aspiraciones bélicas, no reclaman Ceuta y Melilla y solo persiguen, insisten, una relación de cooperación con España frente a Marruecos.

Yuba El-Ghadioui, otra figura del Partido Nacional Rifeño | Francisco Carrión

Mensaje a Madrid

Su exigencia es otra: que Madrid admita que en 1956 cometió un error al entregar el Rif a Marruecos sin consultar a sus habitantes ni a Abd el-Krim. Es la tesis que sostienen los dirigentes y militantes del Partido Nacional Rifeño, una formación nacida en 2021 al calor de las cenizas del Hirak y que se reivindica heredera de la República del Rif, el experimento estatal fundado por Abd el-Krim en 1921 y aplastado cinco años después por España y Francia.

El mensaje no es menor. Porque el nuevo nacionalismo rifeño trata de invertir la lógica de un siglo de recelos. Allí donde en España pervive el recuerdo del desastre de Annual, ellos intentan ofrecer otro relato: el de una nación frustrada que no pide venganza sino reconocimiento. “Nosotros no queremos ni violencia, ni crímenes, ni guerra. Lo único que queremos es recuperar nuestra tierra y estar unidos entre nosotros diplomáticamente, políticamente y económicamente para avanzar, tener esas puertas abiertas hacia Europa”, afirma Aarass.

Echevarrieta con el líder rifeño Abd-el-Krim negociando la liberación de centenares de soldados españoles.
Echevarrieta con el líder rifeño Abd-el-Krim negociando la liberación de centenares de soldados españoles.

Lo único que queremos es recuperar nuestra tierra y estar unidos entre nosotros diplomática, política y económicamente para avanzar

La apelación a España atraviesa todo el discurso. No se presentan como una amenaza para los intereses españoles en el norte de África, sino como una posible solución a uno de sus principales problemas estratégicos: la siempre incómoda relación con Marruecos. “Esta relación que ofrecemos va en favor de sus propios intereses. Tengo la sensación de que España que está muy harta de las migraciones bien planeadas de Marruecos, de los narcotraficantes, las drogas, el crimen organizado y también el terrorismo. Es parte del chantaje permanente de Marruecos”, sostiene.

A su juicio, un Rif independiente podría acutar como amortiguador frente a la presión marroquí. Pero, más allá del cálculo geopolítico, el movimiento intenta desmontar uno de los recelos más profundos en España: que cualquier reivindicación rifeña termine cuestionando Ceuta y Melilla. Aarass lo niega con contundencia. No solo rechaza cualquier reclamación sobre ambas ciudades, sino que llega a plantearse como su defensor frente a Marruecos.

Abd el-Krim en Melilla en 1919.

Sin aspiraciones sobre Ceuta y Melilla

“Si España decide algún día abandonar Melilla y Ceuta, seré yo uno de los primeros en defender mi tierra, de defenderla contra ese ocupante marroquí que vendrá, que intentará venir a Melilla para ocuparla. Prefiero morir antes de que Marruecos meta los pies ahí”, afirma. “España nunca debería pensar abandonar a sus ciudadanos melillenses”.

En su relato, el adversario no es España sino la monarquía alauí de Mohamed VI. “Ciertos rifeños pro-marroquíes enviados por ellos intentan decir que el Partido Nacional Rifeño quiere separar o discriminar el estado de Melilla y de Ceuta para que exista el conflicto entre España y los rifeños. Eso nunca ha existido, no existirá y nunca será así”, asegura. “Nosotros lo que queremos es tener nuestra patria, volver a nuestra patria… pero diplomáticamente, apostamos por el diálogo”. “Mediante la guerra nunca se puede lograr nada. Las únicas víctimas serán los ciudadanos, los inocentes. Somos pacíficos”.

La misma línea la defiende Yuba El-Ghadioui, otra figura del Partido Nacional Rifeño, que marca además distancia con el Hirak, el movimiento de protesta que sacudió el Rif en 2016. “La diferencia es que lo que nosotros solicitamos ahora es recuperar nuestra tierra diplomatica y legítimamente”, explica en conversación con este diario. Frente a las reformas dentro del Estado marroquí que reclamaba el Hirak, el nuevo nacionalismo apuesta por la autodeterminación.

El reconocimiento internacional, y especialmente el de España, es clave en esa estrategia. “España y Francia tienen que admitir que ese Estado rifeño ha existido y tienen derecho a recuperar sus tierras”, sostiene El-Ghadioui. Y sitúa el origen del conflicto actual en la descolonización española: “España, hasta 1956, evitó consultar a los rifeños. Ni tampoco con el presidente Abdelkrim el-Jattabi, que aún estaba vivo en Egipto. Lo que hizo es violar nuestra nación, su historia y entregar nuestra tierra a los marroquíes. Es un error monumental, un crimen”.

Abd el-Krim en Fez, tomando un tren hacia el exilio.

Un nuevo comienzo con España

En esa lectura, 1956 no fue un cierre sino el inicio de una cadena de agravios que llega hasta hoy. “Si eso no hubiera ocurrido, no se habrían producido los crímenes de los que hemos sido víctamos ni tampoco se habrían ahogado tantos de nuestros jóvenes en el mar Mediterráneo, que es el cementerio más grande del mundo”, afirma a propósito del éxodo migratorio que ha protagonizado durante los últimos años la población rifeña.

El Partido Nacional Rifeño se presenta como heredero de la República del Rif y no rehúye esa filiación simbólica. “Sí, nos consideramos sus nietos y también relevo para continuar sobre esa estrategia de una democracia”, subraya El-Ghadioui. Aarass lo expresa en términos personales: “Mi abuelo fue uno de sus seguidores y uno de sus líderes y me considero nieto de Abd el-Krim Jattabi porque era un hombre digno de humanidad”.

Abd el-Krim Jattabi le dio la mano a España antes de empezar esa guerra. Y los españoles se la rechazaron

En su relato, Abd el-Krim no es solo el líder militar que derrotó a España, sino también una figura que intentó evitar la guerra. “Abd el-Krim Jattabi le dio la mano a España antes de empezar esa guerra. Y los españoles se la rechazaron. Nosotros podemos cooperar juntos; podemos cohabitar juntos”.

Ese intento de relectura histórica busca romper con la imagen de un Rif esencialmente hostil. “Lo más importante es vivir el presente”, insiste Aarass. Ese presente, sin embargo, sigue marcado por la represión, según denuncian. “Ha habido demasiada violencia, terror, cárceles y torturas”, afirma Aarass, que vincula su propio caso con una política sistemática. “

En el fondo, el nuevo nacionalismo rifeño intenta algo más ambicioso que una reivindicación territorial: redefinir la relación con España. No pide cuentas por Annual. Pide interlocución. “Nosotros estamos pidiendo que se nos atienda”, dice Aarass. “Y si coges una lupa o un microscopio, verás que existe un granito escrito en alguna parte sobre esta tierra: que el Rif existe y ha existido”.

Cien años después de la guerra que los enfrentó y del experimento de la República del Rif, los descendientes políticos de Abd el-Krim intentan transformar aquella derrota española en otra cosa: una puerta entreabierta. Una oportunidad para cerrar una historia que nunca terminó de resolverse. “Queremos ser libres y vivir dignamente en nuestra tierra. Que el mundo sepa que nosotros siempre hemos existido y estábamos allí antes de los marroquíes”, concluye Aarass.