El primer día del juicio del 'caso mascarillas' en el Tribunal Supremo lo han protagonizado, más allá de los acusados, las relaciones personales que les rodean. Primero Víctor Manuel, el hijo del exministro Ábalos, que defiende los préstamos a su padre tras su divorcio y trae café de Colombia a su asesor porque "le gusta mucho". Después Joseba, hermano de Koldo García, que viaja a República Dominicana para conocer a su actual pareja y, de paso, recoge un sobre como "favor" para el empresario Víctor de Aldama. También Joseba dice que en dos ocasiones llevó a su cuñada Patricia Úriz sobres de efectivo desde la sede del PSOE al domicilio. Por último, Jessica, expareja de Ábalos, que se muda a un piso en pleno centro de Madrid para tener más intimidad con el entonces ministro, sin saber exactamente quién pagaba, pero segura de que era él "quien finalmente sufragaba todo".
Con sus testificales han ido pasando las horas del 7 de abril, en lo que ha sido el arranque del examen de la Sala de lo Penal al "concierto de voluntades" entre Ábalos, Koldo y Aldama para, presuntamente, cobrar mordidas derivadas de la adjudicación de contratos de material sanitario en lo peor de la pandemia.
La vista se celebra entre las rojas paredes de seda del Salón de Plenos del Alto Tribunal. Arrancó pasadas las 10.15 horas con la lectura de las testificales escritas de la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y del ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres. Ambos —que entonces dirigían los gobiernos de Baleares y Canarias—, han marcado distancias con la contratación de mascarillas con la empresa Soluciones de Gestión, vinculada a Aldama: Armengol se ha desvinculado de la compra y Torres ha defendido la legalidad de los expedientes, negando cualquier trato de favor a esta mercantil.
El primer testigo en sentarse ante los magistrados —presididos por Andrés Martínez-Arrieta— fue el primogénito del que fuera titular de la cartera de Transportes, Víctor Manuel Ábalos. Durante su declaración, explicó con detalle los movimientos de dinero a su padre, insistiendo en que los préstamos que le hizo fueron fruto de su trabajo y que los fue haciendo a medida que el exministro "los iba necesitando". "Como cuando se divorció. Estamos para ayudar", subrayó. Asimismo, Ábalos hijo negó cualquier tipo de lenguaje "en clave" con Koldo, y aclaró que su uso de la palabra "café" —sobre el que la UCO había detectado posibles códigos— hacía referencia, literalmente, al producto: "Por mis viajes a Colombia, mucha gente me lo pedía. Al señor Koldo le gusta mucho".
A Víctor Manuel le siguió el socio de Aldama, Ignacio Díaz Tapia. Según los informes de la UCO, uno de los miembros de los "cuatro mosqueteros" que conformaban un grupo de Whatsapp en el que también se encontraba el comisionista. No obstante, Díaz Tapia se acogió a su derecho a no declarar, al figurar como investigado en otra parte de la causa que se instrye en la Audiencia Nacional, y rechazó responder a las preguntas planteadas por la acusación popular y la Fiscalía Anticorrupción.
Los sobres recogidos por Joseba
Después ha sido el turno del hermano de Koldo, Joseba García. También investigado en la Audiencia Nacional, solo respondió a las preguntas de su abogada Leticia de la Hoz —letrada de los García—. Joseba explicó que sus viajes a República Dominicana tenían como objetivo conocer a quien a día de hoy es su pareja y explorar posibles negocios. Coincidiendo con ese viaje, Aldama le pidió un "favor": recoger un sobre en el otro extremo del país: "Me pagó el viaje y me dieron 300 dólares".
Pero no fue el único sobre que reconoció haber recogido. Joseba admitió haber acudido en al menos dos ocasiones a la sede del PSOE en la madrileña calle de Ferraz para recoger sobres que posteriormente entregó a su cuñada, Patricia Úriz. El contenido, lo desconocía. "Yo no abro los sobres de nadie", defendió bajo la atenta mirada de su hermano. Se mordía las uñas. "Entiendo que es dinero porque la persona que me lo entregó me lo decía", añadió. El Partido Socialista sostiene que en estos sobres se abonaban gastos que Ábalos y Koldo adelantaban.
Siguiendo con las relaciones, Joseba reconoció haber abonado "una o dos mensualidades" del alquiler del piso de la entonces pareja del ministro, Jessica Rodríguez, por petición de su hermano Koldo, y que le "echó una mano" para cubrir sus partes de trabajo en Ineco. "Hay que hacer un máster para hacerlo", ironizó. Pero se desvinculó de su tutela: "No sabía si trabajaba mucho o poco, yo no la controlaba". Reconoció, eso sí, que disponía de las llaves de su piso para cuidar de su gato cuando ella estaba fuera de Madrid.
Jessica Rodríguez: "¿Prostituta? No, soy dentista"
La sesión de tarde la protagonizó, justamente, Jessica. Llegó al Supremo ataviada con mascarilla y gafas de sol. De espaldas a cámara, relató al tribunal su relación con Ábalos, que comenzó en octubre de 2018. Compartieron viajes, comidas y cenas hasta que en noviembre de 2019 el entonces ministro decidió mantener su vida familiar mientras permanecía en el cargo. "No lo terminamos mal, simplemente él iba a continuar en su vida paralela y yo no estaba de acuerdo", señaló.
Rodríguez también explicó cómo surgió la idea de mudarse al piso en la Torre de Madrid, en Plaza de España. En ese momento compartía vivienda con unas compañeras de su universidad, por lo que Ábalos le propuso buscar un lugar donde pudieran verse con más comodidad. "Me dijo que mirara casas y eligiera la que me gustara", relató. La intención era que ella viviera allí sola y que ambos pudieran pasar tiempo juntos, mientras el entonces ministro seguía residiendo en la vivienda oficial con su familia. Tras el fin de la relación, Ábalos le permitió seguir viviendo en el piso, justificando el apoyo económico porque se sentía "culpable" por haberle hecho cambiar su estilo de vida cuando ella "ya era feliz".
En un giro inesperado, el abogado de Ábalos, Marino Turiel, le preguntó directamente si ejercía la prostitución. Sorpresa en la Sala y en la zona de prensa. "No, soy dentista y estoy colegiada", respondió Jessica, y recordó que durante la relación estudiaba odontología y trabajaba como "azafata de imagen". Manteniéndose firme, reiteró que siempre fue la novia del ministro y que nunca se preocupó de quién pagaba sus gastos, asumiendo que en última instancia lo hacía Ábalos. "Todo lo que yo he visto con el señor José Luis es que daba igual quién pagara las cosas, porque era él el que finalmente sufragaba todos los gastos".
Además de estas cuestiones, el tribunal examina si se cometieron irregularidades en la compraventa de material sanitario durante la pandemia, además del papel del exministro en el rescate de Air Europa. La Fiscalía Anticorrupción solicita 24 años de prisión para Ábalos, 19 años y medio para Koldo y siete años para Aldama, tras habérsele aplicado una atenuante simple de confesión. Las acusaciones populares, lideradas por el PP, reclaman 30 años para el exministro y su exasesor, mientras que para el empresario piden la misma pena que el fiscal.
Este miércoles la Sala continuará a las 10.00 horas con otros nuevos testigos para seguir ahondando en esa red de conexiones. Pendiente queda escuchar la declaración de Álvaro Gallego, el chófer que habría llevado a Carmen Pano en uno de los viajes en los que presuntamente acudió a la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid a entregar 90.000 euros en efectivo. Era el último testigo citado para la sesión del martes, pero fuentes del Supremo precisan a este periódico que ha alegado indisposición por enfermedad.
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