La científica asturiana Carmen Martínez, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha sido galardonada con la prestigiosa Manzana de Oro que otorga el Centro Asturiano de Madrid. Este reconocimiento subraya su inestimable contribución a la recuperación de la viticultura en Asturias —piedra angular de la actual Denominación de Origen Vinos de Cangas— y su papel clave como descubridora e impulsora del proyecto de la Rosa Narcea.
Durante el acto, Martínez ha rememorado su temprano traslado desde Cangas del Narcea a Madrid, expresando su asombro y gratitud: "Quién me iba a decir que en esta institución tan querida había una Manzana de Oro reservada para mí que recogería un día como hoy". Tras hacer referencia a referentes científicas premiadas anteriormente como Margarita Salas y Rosa Menéndez, se mostró esperanzada con el futuro: “Estoy segura de que a muchas jóvenes asturianas que hoy desarrollan con gran esfuerzo y brillantez sus carreras profesionales en numerosos ámbitos les esperan unas cuantas manzanas de oro en los años venideros”.
El vínculo con su tierra natal ha sido el detonante de su vocación por la Biología. En los inicios de su carrera, a finales de los años ochenta, Martínez centró sus estudios en las variedades de vid autóctonas de Galicia. Según sus propias palabras, comenzó a interesarse por cepas "muchas de las cuales estaban por aquel entonces en riesgo de desaparición, incluido el albariño, que en aquella época prácticamente nadie conocía fuera de su entorno más cercano".
El punto de inflexión para el viñedo asturiano ha llegado al derribar los prejuicios institucionales. “No estaba previsto incluir Asturias en la recuperación de variedades de vid, porque en aquel momento era considerada la única zona de España que no tenía viticultura”, ha explicado la investigadora. Sin embargo, su tenacidad rindió frutos: "El recuerdo de mi infancia en el pueblo de Carballo me llevó a insistir de forma bastante vehemente en que Asturias también tenía una zona vitícola con mucha historia", lo que le permitió describir por primera vez uvas de enorme valor histórico como el Albarín Blanco y el Verdejo Negro.
En la última década, su equipo de investigación —al que considera "parte fundamental de mis logros"— ha ampliado horizontes sumando la que ella misma define como la "joya de la corona". Este hallazgo botánico tiene un profundo valor para la asturiana: "Estudiar, junto con mi equipo, esta preciosa rosa asturiana, que es la primera rosa española con uso en la industria del perfume y la tercera del mundo [...] es un privilegio y un auténtico regalo de los dioses".
Este descubrimiento científico trasciende el laboratorio para convertirse en un motor de desarrollo económico y social. Martínez ha impulsado la creación de una empresa tecnológica para la explotación exclusiva de esta flor, la cual "será cultivada en el suroccidente, implicando a los habitantes de la zona, y será también procesada para la obtención de aceites esenciales y otros extractos".
De este modo, la investigadora logra integrar los tres grandes pilares de su trayectoria. Aunque advierte que "puede parecer que la vid, el olivo y la rosa son líneas de trabajo muy diferentes y difíciles de compaginar", subraya que en realidad "las tres son especies leñosas, se utilizan métodos de estudio similares, conviven en los mismos hábitats agrarios y las labores de manejo de los tres cultivos se compaginan perfectamente", lo que les permite aprovechar sus residuos vegetales para desarrollar productos de alto valor en medicina, cosmética y alimentación.
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