Opinión

EL GOLPE

El lawfare es un cachondeo (o Peinado de vacaciones)

El lawfare es un cachondeo (o Peinado de vacaciones)
Foto de archivo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su mujer, Begoña Gómez | EP

El juez Peinado se ha ido de vacaciones, olvidándose de Begoña Gómez como se olvida uno ahora de la gabardina, y yo no sé si esto es el fracaso, la refutación o sólo la humanización del lawfare. El lawfare también se va de vacaciones, que es una cosa muy cansada y hasta peligrosa eso de conspirar encapotado en la toga en este julio de hervores y tabardillos. La naturaleza es la naturaleza, y hasta las persecuciones se aparcan, y hasta los complots se dejan malograr, y hasta el sabueso que perseguía a Sánchez y a su familia, fiero y quieto sobre su tapete de ganchillo, como un perro de china del mueble bar, desiste bajo este sol metalúrgico. El juez Peinado, cerca de la jubilación, del chancleteo definitivo, del chiringuito final o del jamacuco final, no está dispuesto a estar un día de más dentro de la batamanta de la Justicia o de la secta, ni atendiendo a su pesado papeleo, que parece ahora la tarea de alimentar con troncos una chimenea. Ni siquiera la posibilidad de fastidiar a Begoña, o sea a Sánchez, y más a última hora (ese placer adicional que dan las satisfacciones justo antes de irse uno de vacaciones, con tiempo y ánimo para disfrutarlas); ni siquiera esto, decía, ha frenado a Peinado en su desidia, en ese corte de manga veraniego al trabajo, como el de cualquier currito. A mí, la verdad, me parece que este hombre está dejando el lawfare hecho unos zorros.

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Peinado se va de vacaciones, ha cambiado su enfermiza fijación y su sagrada encomienda por un Frigopié o por un crucero con bingo, se ha olvidado de su juramento ante las espadas, los cráneos y los pollos negros de la fachosfera, y ha escapado con las gafas de sol de Marcello Mastroianni viejo que ya le hemos visto alguna vez. Ahora, el juez sustituto ha decidido devolverle a Begoña el pasaporte, ese tesoro nacional, ese depósito de su dignidad, de su honor y de su alcurnia, como una flor de lis, aunque sólo para lo personal, no para lo presidencial. Pero podría no haber sido así. Y es que ese sustituto podía ser un infiel, un juez imparcial o, peor, un juez que saliera mucho en los magazines e informativos de TVE. Peinado, en vez de mover un papel o un tronco más, en vez de estar un rato más dentro de ese neopreno del lawfare, se va de vacaciones. Se va como se va el de la caja de ahorros, sin remordimiento, sin angustia, sin pudor. Se va sin consideración, sin conciencia, casi sin equipaje imagina uno, salvo un tanga de leopardo y una casete, ambos como del Fary. Se va y no entiende uno cómo va a seguir así el lawfare, ni la Patria, si sus paladines lo abandonan todo cuando llegan el calor, la paga extra y el caracoleo de las olas y los pubis, que aunque a algunos les parezca senil y hasta ciego, Peinado aún está vivo.

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Peinado se va de veraneo, con la calva amarejada, con el sol de solideo, con media venganza como media sandía, entre fresca y podrida. Peinado podría haberse asegurado de que dejaba la cumbre de la OTAN sin su estrella de los vientos, sin su sirena de proa, sin su reina de las nieves, o sea sin Begoña decorando, dulcificando y ennobleciendo todo aquello como una dama de reclinatorio. Algunos creen que Begoña no pinta nada allí, sin entender que el sanchismo es un proyecto matrimonial, como un dúplex, y que ellos lo han hecho o lo han permitido todo, cátedras, amnistías, chistorras, cloacas y enchufes incluidos, por tener algo en la vida aparte de la herencia del suegro y la más vasta y basta de las mediocridades. La OTAN sin Begoña no es sólo la OTAN sin musa, sin generala, sin florero, sino que es el sanchismo sin objeto, sin sentido, haciendo política en vez de exaltación doméstica. Podría haberse asegurado de eso Peinado, y, aún más malvadamente, aún más patrióticamente, también de que le creaba a Begoña el trauma de perderse la graduación de su hija, o de que le creaba a la hija el trauma de graduarse sin la madre, y crecer ya, para siempre, sin madre nutricia y sin madre helicóptero, asalvajada u hospiciana. El juez sustituto ha decidido un poco salomónicamente, castigando a la presidenta pero no a la madre, pero lo salomónico aún está lejos de lo fachosférico.

Se va y no entiende uno cómo va a seguir así el lawfare, ni la Patria, si sus paladines lo abandonan todo cuando llegan el calor, la paga extra y el caracoleo de las olas

Yo no sé cómo Peinado, que es como el Richelieu del lawfare, ha desaprovechado todo esto por ese abandono y esa molicie que propicia y anticipa precisamente la inminencia de la molicie. O sea, la peineta veraniega del currito, también aplicable, por lo visto, a los jueces fachosféricos, vampíricos y tremebundos. Creía uno que todo esto estaba mejor planeado y asentado, así marcial o incluso sacerdotalmente, y que un soldado o monje del lawfare no podía dejar a Sánchez y Begoña por ahí, por Turquía, por Londres o, simplemente, por sus feudos matrimoniales sin frontera y sin ley. Ahora, un juez sustituto y profano, que a lo mejor incluso sale con Ferreras diciendo que es un juez por la democracia, como si los demás fueran jueces por el zar, por el faraón o por el generalísimo, ha estropeado una parte muy simbólica del caso Begoña y un vengativo trofeo del lawfare, que no era ya su pasaporte sino algo así como la deshonrosa plebeyez que suponía quitárselo. 

El juez Peinado se va de vacaciones, a ver pasar culos como nubes, cervezas como dunas y “horas tendidas como playas” (Jorge Guillén). Un oleaje de carne, un incendio de espaldas o una mariscada pleistocénica lo apartan de su deber y su promesa fachosféricos y, claro, podría haber pasado cualquier cosa. Después de todo, el serio, sacro, costoso y costroso lawfare resulta que también se va de veraneo como si fueran Los Morancos. Habrá que rehacer la frase del ínclito y montaraz Pedro Pacheco, aquel alcalde o quizá cacique de Jerez, y decir que el lawfare es un cachondeo.

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