Hubo un tiempo en el que la pantalla grande trataba a los titanes de Silicon Valley como visionarios incomprendidos o ingenieros geniales con dificultades para relacionarse. Ya no. El Festival de Venecia ha servido como escenario para el ajuste de cuentas cinematográfico definitivo con la era del absolutismo tecnológico. La proyección fuera de competición de Musk, el colosal documental de tres horas y 45 minutos dirigido por el oscarizado Alex Gibney, precede al estreno en pocas semanas de la esperada película de Luca Guadagnino sobre Sam Altman, el cerebro de OpenAI. El cine ha decidido convertir a los señores del Big Tech en los grandes villanos de nuestro tiempo.
Gibney, que ya desnudó los escándalos de Enron o el dopaje de Lance Armstrong, califica abiertamente al sudafricano de ser alguien "extremadamente peligroso". La película no niega la audacia de sus logros empresariales en SpaceX, Tesla o X, pero deshoja sin miramientos la coraza del mesías tecnológico para poner al descubierto las sombras de su emporio.
Todas las vergüenzas al descubierto
Musk aporta un arsenal de testimonios e investigaciones que desmontan el mito pieza a pieza. En el plano financiero e industrial, Gibney revela que las primeras empresas de Musk, como Zip2, lograron cuantiosas ventas sin haber generado jamás un solo beneficio operativo. La cinta destapa además el fraude detrás de los primeros anuncios de Tesla —donde se prometía un intercambio de baterías en minutos que resultaba inviable por su tonelaje— y la creación de un departamento interno destinado a mentir sistemáticamente a los clientes insatisfechos. Todo ello sumado al ocultamiento de las fallas del sistema Autopilot, comercializado de forma engañosa y al que se vinculan más de 60 accidentes mortales, y a las maniobras del magnate para borrar del relato oficial a los verdaderos fundadores de la compañía, Martin Eberhard y Marc Tarpenning.
En el terreno personal, la investigación desciende al consumo reiterado de drogas como ketamina, éxtasis y hongos alucinógenos y a sus tóxicas dinámicas familiares. El filme cuenta con el testimonio de la influencer Ashley St. Clair, madre de uno de sus 14 hijos conocidos, quien estuvo presente este martes en la Mostra tras haber rechazado un acuerdo de confidencialidad de 40 millones de dólares para poder contar su verdad en pantalla. St. Clair desveló el inquietante mensaje que le envió el magnate (“Necesitamos tener una legión de hijos antes de la guerra civil”). El documental retrata cómo el empresario captaba a mujeres jóvenes para actuar como "criadoras", perdiendo todo contacto tras el parto.

Además, la cinta aborda el calculado viraje político de Musk: la inyección de 300 millones de dólares a la campaña de Donald Trump con el objetivo velado de frenar las investigaciones judiciales abiertas contra Tesla, y su posterior irrupción en el departamento DOGE, el sonado proyecto de purga burocrática encabezada por analistas de veintipocos años que derivó en la suspensión de programas de cooperación internacional como USAID. Un tijeretazo que, según estimaciones vertidas en el filme, provocará la pérdida de 14 millones de vidas en países en desarrollo, entre ellos 4,5 millones de niños menores de cinco años.
El avatar de Elon
Ante la negativa del propio Musk a conceder una entrevista, Gibney resolvió su ausencia construyendo un avatar virtual alimentado exclusivamente por miles de sus declaraciones reales. Un recurso que el crítico de The Hollywood Reporter, David Rooney, considera idóneo para el personaje: "¿Qué podría ser más apropiado para un sujeto que ha hipotetizado que todos podríamos estar viviendo en una realidad simulada generada por ordenador?". Rooney no duda en calificar el filme como el "retrato demoledor de un embaucador al que se le ha dado demasiado poder para ser detenido".
Por su parte, en Variety, el crítico Owen Gleiberman coincide en destacar el valor de la película como "un retrato mordaz de brillantez tecnocrática, sed de poder y delirios de grandeza". Al ordenar los escándalos y atajos del magnate, queda al descubierto "un creador de espejismos que promete más de lo que entrega".
'Artificial': el turno de Sam Altman
El azote a la tecnocracia en las salas de cine no queda aquí. La figura de Elon Musk encuentra este mismo año su reflejo especular en Artificial, la esperada película con la que Luca Guadagnino disecciona la trayectoria de Sam Altman, el rostro visible de OpenAI y artífice de la revolución de ChatGPT.
El filme de Guadagnino ahonda en los pasillos del poder, las traiciones cruzadas y la fe ciega en la inteligencia artificial a partir de la interpretación de Andrew Garfield como el propio Altman. Sin embargo, sacar adelante el largometraje no ha sido un camino de rosas: la producción se topó con serias trabas cuando Amazon MGM decidió descartar su distribución tras haber sellado una multimillonaria alianza estratégica con OpenAI, dejando la cinta en el limbo por el temor a incomodar a la propia cúpula de la industria tecnológica antes de ser finalmente rescatada por la distribuidora Neon.
Pese a las turbulencias, la película celebrará su preestreno mundial el próximo 5 de octubre en el Festival de Cine de Nueva York antes de su llegada a los cines comerciales el 25 de diciembre. Una coincidencia en el calendario que confirma que Hollywood ha puesto su mirada en las oscuridades y contradicciones de los grandes magnates tecnológicos, los hombres que parecen decidir el destino de la humanidad, con indignación, sospecha y la certeza de que el futuro no puede dejarse a merced de sus delirios de grandeza.
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