Opinión

Jorge 'Absalón' Bustos: el riesgo de presumir de corona antes de haberla heredado

Jorge 'Absalón' Bustos: el riesgo de presumir de corona antes de haberla heredado
El escritor y periodista Jorge Bustos. | ACEPRENSA

El pasado domingo, el diario El Mundo publicaba una portada con un titular contundente: «Jorge Bustos, Aimar Bretos y Rafa Latorre, los nuevos reyes de la radio». Y un subtítulo no menos rotundo: «Cogen el relevo de una generación histórica con otra forma de competir en la mañana de las ondas». Además colgaron un bonito vídeo en el canal de Youtube de este periódico.

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Es habitual llamar coloquialmente «reyes» a aquellos que lideran programas de radio y televisión consolidados. Como María Teresa Campos fue «la reina de las mañanas» durante años en televisión hasta ser destronada por Ana Rosa Quintana, y de un tiempo a esta parte Quintana comparte reinado con Susanna Griso, que, no pocas veces, se apunta el liderazgo.

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Aimar Bretos y Rafa Latorre acaban de estrenarse. Calificarles ya de «nuevos reyes de la radio» podría resultar un poco apresurado aunque, estando en portaviones de la magnitud de la SER y Onda Cero, y dada la profesionalidad que ambos arrastran, puede darse por descontado que se harán merecedores de dicho título. Lo que chirría más es el tercer caso, Jorge Bustos, proclamado «rey» de las mañanas de la COPE cuando el programa en el que él trabaja aún se llama Herrera en COPE y no Bustos en COPE.

El reportaje muestra fotos de Bustos, Bretos y Latorre y, de una manera un tanto sobreactuada, afirma su convencimiento de que seguro que a algún lector «le resultará insólito», como si juntar a esos tres conductores radiofónicas fuera hazaña equiparable a unir al presidente de Argelia con el Rey de Marruecos. No se emocionen tanto. El hecho de que Bustos sea subdirector de El Mundo, que Latorre sea columnista de El Mundo y que el reportaje de marras sea para El Mundo reduce el mérito del reportaje conjunto a sólo uno de sus protagonistas, que es Bretos, el único que muestra «talante» por aceptar un reportaje para un periódico que compite con el de su grupo. Y, desde el punto de vista editorial, no se puede decir que Bustos y Latorre sean, precisamente, antagónicos en sus planteamientos.

Más mérito aún para Bretos el aceptar participar ante la clara intención del reportaje de promocionar a los dos locutores que pertenecen a su casa como «nuevos reyes de la radio» y, especialmente, hacerlo con el que aún no es director del programa de la mañana de la emisora en la que trabaja. Se dejaron a Juan Ramón Lucas, de RNE, pero no hubiera encajado en la excusa que usa el reportaje para igualar a Bustos con Bretos y Latorre, que es que los tres son cuarentones. Y para que Losantos, el otro locutor de radio que tiene El Mundo en su plantilla, no se mosquee, más adelante también había un reportaje con él.

No es anómalo que locutores de distintos medios posen para reportajes conjuntos. El que lo crea es que, simplemente, desconoce la historia del sector, pues no tendrán problemas en encontrar en los noventa reportajes de revistas, donde igual podían salir Iñaki Gabilondo con Luis del Olmo y los «Herreros», o Concha García Campoy con Julia Otero o la misma Encarna Sánchez posando en pandilla. Y no sólo reportajes fotográficos: también entrevistas conjuntas, charlas en escuelas de verano, mesas redondas y un largo etcétera. La dura competencia y la agresividad de la época fue compatible con la cortesía. Harían bien estos nuevos reyes en no caricaturizar a sus antecesores. Lo que sí es anómalo es la presencia de Bustos en dicho reportaje como si fuera un igual a los mandamases de Hoy por Hoy y Más de Uno.

Era una guerra empresarial, no personal

Esther Mucientes, la autora del reportaje, recurre al ejemplo más trillado para defender la idea de que los locutores de radio antes se sacaban la piel a tiras: «Hubo un tiempo en que la guerra de las ondas fue bastante más literal. José María García y José Ramón de la Morena llevaron durante años su duelo por las noches deportivas hasta el terreno personal. Insultos, acusaciones y querellas formaban parte del espectáculo».

Llevan un tiempo intentando vender la chorrada de que aquella competencia entre el Butano y el de Brunete era una pelea en la que ambos se enfurecieron mucho por sus movidas personales. Idea que intentó reforzar la intonsa serie Reyes de la Noche de Movistar: que todo era un «tema personal», algo que tiene poco o nada que ver con la realidad. ¿Alguien sostendría que la Segunda Guerra Mundial en África era un tema «personal» entre Rommel y Montgomery?

Aquello era, principalmente, una guerra empresarial y, también, política, en donde De la Morena y García sólo eran los peones de una partida de ajedrez en la que los verdaderos reyes estaban bastante por encima de ellos. Y la mejor prueba es que, una vez García hubo roto con sus socios por la derecha, y una vez De la Morena quedó fuera de PRISA, se acabó la guerra para ellos porque, precisamente, fue todo menos personal. Es lógico que Movistar no quisiera profundizar en ello en su seriecita, dado que en su cúpula tenía algunas piezas de aquella partida mucho mayores que los peones. Y una cosa es caracterizar en ficción al «cóndor» y otra a los prebostes de Telefónica.

Las prisas son malas consejeras

Cuando el año pasado El Mundo publicó aquel reportaje de «Jorge Bustos salta a Herrera en COPE», los del periódico de Joaquín Manso ya lo presentaban como si ellos hubieran tomado la emisora. Y ahora, sólo un año después, se atreven ya a presentar a Jorge Bustos como uno de los «reyes de la radio» de España y como un homónimo del director de Hoy por Hoy de la SER y del director de Más de uno en Onda Cero, cuando Bustos no es el director de Herrera en COPE, y cuando la única explicación lógica para que sea proclamado «príncipe heredero» de Herrera por el periódico El Mundo se encuentra en su condición de subdirector de ese periódico.

Seguramente lo consiga. Está en el lugar adecuado, en el momento adecuado y con un referente del sector, pero, dado que en el reportaje Jorge Bustos asegura que le han gustado mucho las fonotecas (y, es de suponer, las hemerotecas), sería recomendable que repasara algunos episodios célebres de aquellos que se exhibieron como herederos demasiado pronto. Ana Patricia Botín cometió el error de realizar un reportaje para la revista de un periódico en el que daba por hecho que ella iba a suceder a su padre en la presidencia del Banco Santander, y ese reportaje le costó la cabeza y no pocos disgustos que incluyeron un destierro temporal. Lo que dijo era una obviedad: ella era la princesa heredera, pero, precisamente por serlo, tenía que haber entendido que no era el momento. Es verdad que luego volvió, era la hija, a fin de cuentas, y en este contexto Bustos no es el hijo, pero a quien más debe temer no es al padre sino a los padres de más arriba.

La historia de la política y de los medios está repleta de inminentes reyes que tenían planificado hasta el más mínimo detalle una coronación que, al final, nunca se produjo, a lo Areilza. Y en la radio hay bastante jurisprudencia en ese campo. Javier González Ferrari hasta tenía casi elegido su despacho como primer ejecutivo de COPE, para el que había sido nombrado por José Manuel Lara, y todo se quedó en un espejismo. Antonio Jiménez estaba fichando tertulianos como director de La Brújula cuando se enteró que al final no contaban con él. Jiménez Losantos creyó en la palabra de quienes le dijeron que su espacio volvería a la COPE y nanai.

Proclamarse rey, o heredero inminente, no sólo es un riesgo de cara al actual director de Herrera en COPE, sino un riesgo de cara a los dueños de esa corona, los que de verdad tienen en su mano decidir cuándo y cómo esta se desplazará y sobre la cabeza de quién. Y si todas las empresas son complicadas, la Conferencia Episcopal lo es al cubo. Intentaron controlarla Galdón, los de Planeta, los de Prensa Española, los de Vocento, los de Telefónica, los de Libertad Digital o Pedro Jota, y esperemos que Joaquín Manso no sea tan ingenuo como para pensar que los obispos o el ABC dejarían que El Mundo se hiciera con el control de su cadena de emisoras a través de Bustos si en algún momento tuviera tal intención. La historia de COPE demuestra que las palabras y promesas de un mandamás de ayer pueden haberse desvanecido al día siguiente, incluso las de los que llevan sotana. Que se lo pregunten a Colmenarejo.

Nada más adecuado para heredar una corona que la discreción hasta que llegue el momento. Presentarse como príncipe heredero del reino, y, encima no hacerlo en este, sino en el reino vecino de la avenida de San Luis, históricamente caracterizado por su deseo de dominar aquellas tierras, no es lo más prudente que se puede hacer para ser rey. Por usar un ejemplo bíblico, que no olvide Bustos ni los amigos de su periódico la historia de Absalón y los riesgos de presumir de corona antes de haberla heredado.

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