Von der Leyen, haciendo como de hada madrina de las obviedades (ser la presidenta de la Comisión Europea a lo mejor es hacer eso todo el tiempo), ha dejado claro que Ceuta es Europa, aunque eso no se note mucho todavía por los palafitos del Trampolín. En Bruselas, todo de prescripciones y plexiglás, como una farmacia, Von der Leyen, con su cosa de boticaria de bicarbonato y juanolas, al menos ya entiende la dolencia. Hasta va enfocando su burocracia, lenta como unas gafas de costura, para modificar la legislación comunitaria y permitir devoluciones en situaciones de emergencia. Sí, porque lo que está pasando en Ceuta es tan absurdo como si hubieran conseguido colapsar o rendir todo el Estado pidiendo cita para el médico de cabecera, que aquí es siempre como un pobre cura sin milagros y sin velas. Bruselas, con Von der Leyen como esa maestra antigua de mapas y plinto, nos deja su apoyo, siquiera administrativo, aunque quizá es justo eso lo que necesitamos, el frío recitado de la ley como el de las conjugaciones, porque con lo emocional y lo solidario ya vemos cómo nos va. De momento, están más comprometidos en Bruselas que en la Moncloa y hasta que en el Real Madrid, que era más España que la España de los mapas y los tratados pero ya tiene objetores de conciencia de la cosa ceutí, española, europea o madridista, Vinícius o Mbappé.
En el partido contra el Elche, Vinícius, Mbappé y Konaté se enrollaron las camisetas de apoyo a Ceuta con el lema “todos somos caballas”. Parecían ellos mismos la lata de caballa a medio abrir, aunque no sé si captarían la comicidad de la cosa, el sarcasmo de ser ellos la caballa más auténtica del lugar, aun queriendo despreciar el lema, la causa o no sé si sólo la propia caballa como pobre alimento o pobre alegoría, ellos que serán más del fino caviar, aunque se lo coman con la gorra para atrás. La verdad es que los jugadores no tienen por qué adherirse a las causas que apoye institucionalmente su club, que si no todo el Barça tendría que estar con la estelada, la tea y ese cartel de “Free Puigdemont” con el president entre El Lute y cría de ballena. El jugador, con su propia conciencia y sus propios intereses y gustos, no tiene por qué ponerse la camiseta de “no a la droga” si le gusta la droga, o de “un juguete, una ilusión”, si es un poco Herodes o Grinch, o de “todos contra el fuego” si disfruta, o al menos no se disgusta demasiado, cuando se quema el bosque o quizá algún contenedor o escaparate por la Diagonal, o por donde sea. Ellos tienen libertad de expresión y los demás tendrán libertad de sentir un poco de espanto o asco, moral y deportivo.
En Bruselas se han puesto la camiseta de la caballa antes que estos millonarios del Real Madrid que todavía no sabemos si tienen conciencia, sarpullido o cague
Vinícius, Mbappé y Konaté, con la camiseta levantada y arrugada ridículamente, como si se lavaran en el bidé los huevazos de oro, es evidente que querían dejar claro que en lo de “todos somos caballas” veían algún tipo de agresión, insulto, menosprecio o posicionamiento que no comparten. Quizá los ceutíes les parecen nazis por querer recuperar su ciudad y su tranquilidad. Quizá es de las cosas que a Vinícius le parecen racistas, como esos penaltis o no penaltis que son racistas, o esa manía racista que tiene la gente de no soportarlo ni cuando juega ni cuando no juega, ni cuando habla ni cuando se desmaya. Puede que Vinícius, Mbappé y Konaté tengan la misma postura personal que la postura institucional, política o nacional del Barça, que no ha participado en la campaña. Tampoco se han explicado, así que no sabemos si es por eso, ni si van con Marruecos o sólo con Pedro Sánchez, o si van con la Madre África o con el padre Ángel, si es que les picaba la camiseta barata, como las de Pryca, o querían contrato aparte, como para los videojuegos. Todo puede ser, capricho o vahído, conciencia o negocio. O canguelo. Ez Abde, jugador marroquí del Betis que se puso la camiseta por considerarla de carácter social y no político, ha sido insultado y amenazado por ello. En cualquier caso, deberían aclararlo para que no estemos cogiéndoles más manía, si eso todavía era posible, imaginándonos cosas.
Von der Leyen, como una pálida monja con camiseta, ha declarado europeos los problemas y los lemas de Ceuta. En Bruselas se han puesto la camiseta de la caballa antes que estos millonarios del Real Madrid que todavía no sabemos si tienen conciencia, sarpullido o cague, o sólo han escogido bando en esta guerra de palafitos, miedo y mierda y no es el bando de los ciudadanos ceutíes, españoles y europeos. El Real Madrid a lo mejor ya no es más España que España, o ya no es siquiera España, sino un conglomerado internacional y empresarial de intereses sin bandera y nombrecitos con pedestal (“el belén”, que dice invariablemente mi padre, porque está lleno de figuritas y ninguna se mueve). Florentino, el pobre, que no tiene en realidad, como se creen algunos, mamachichos asesinas trabajando para él, ni nada parecido, tampoco puede hacer nada. No pudo evitar que los niñatos echaran al gran Xabi Alonso, ni puede evitar que los mismos niñatos estén haciendo que Mourinho parezca Von der Leyen, y va a evitar que se quiten una camiseta...
Vinícius, Mbappé y Konaté, con la camiseta arrugada bajo el sobaco, como pijos con esterilla del yoga, por supuesto que tienen libertad de expresión, de manifestación, de circulación, y todas las demás que les reconocen España y Europa, aunque desde luego no Marruecos. Ellos pueden hacer lo que consideren, ponerse la camiseta o no ponérsela, sudarla o no sudarla, marcar o lloriquear, tirarse o bailotear. Igual que el madridismo, que digo yo que seguirá por ahí en algún lado, por debajo de los contratos de publicidad y de la estrella o las palmeras del belén, también podrá hacer lo que considere. Yo, que soy del Madrid sin entusiasmo, por costumbre doméstica, por nostalgia ochentera y buitrera, estoy por decir que quizá debería venir Von der Leyen al Real Madrid. Sí, y que se fueran a Bruselas Vinícius, Mbappé y algunos cuantos más, ociosos y aciagos como Irene Montero.
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