Parece que para lo de Maricarmen no hacían falta al final reales decretos, como bulas del papa con óleo y marbete, ni que saliera la izquierda a hacer el botellón quinqui y a echar el polvo de furgonetilla en la Puerta del Sol, entre virutas, doritos y chapas de botella. No, por lo visto se bastaba Almeida, que ya es un poco aguafiestas, el señor que baja en bata desde el quinto a chafarte la party de la revolución o del revolcón cuando ya hay banderas de braga izadas y el capitalismo de duro pelo negrísimo se rinde en el sofá como en una barricada o una duna. Quiero decir que si todo esto era por Maricarmen, Almeida ya ha solucionado la cosa y en Sol hay que desmontar las capillas dedicadas a Maricarmen, que uno se imagina como una capilla de Falete, y todos esos puestos de enamorados de Maricarmen, haciendo sus labores, escribiéndole cartas, tejiéndole bufandas y pintándole ceniceros amorfos. Y si todo esto no era por Maricarmen, que no lo era porque había Maricármenes por todos lados, a miles y desde hace años, y algunas, como Olga, incluso con final mortal, es que la izquierda de garrafón y la otra izquierda papal la han utilizado. ¿Cómo puede ser que Almeida en batín haya conseguido lo que no consiguieron las guerreras mohicanas del Sindicato de inquilinas, o sea un acuerdo? Pues porque el objetivo no era Maricarmen, ni siquiera todas las Maricármenes, sino la guerra o la fiesta alrededor de ella, como de una abuela con sótano, tarta, anís y aguinaldo.
Almeida ha solucionado lo de Maricarmen aunque, según él mismo, tampoco es que haya hecho nada especial. Apenas poner un escribiente del Servicio de Intermediación del Alquiler, que parece una cosa de Colau, también con sus mohicanas de duro pelo negro bajo el tinte azul o naranja, pero es del ayuntamiento de Madrid. No sabe uno si este servicio suele ser tan rápido y efectivo, hasta casi poder considerarlo milagroso en este caso, pero supongo que ahora mismo debe de haber miles de inquilinos pidiendo ese recurso, esa eficiencia, ese escribiente y hasta la presencia flotante y aniñada de Almeida, como esos amorcillos que sostienen un libro o una pluma o se agarran, como a un arpa, a la pata de león de la mesa. Me dice la secretaria (secretarIA) que hay unos 600 alquileres gestionados así en Madrid, apenas con buena voluntad, un mazo de folios virginal, como sábanas limpias, y, eso sí, un seguro que cubre el Ayuntamiento. Pero yo los veo pocos, esos 600 más Maricarmen con su valor icónico, para considerarlos milagro o solución. Me parece a mí que Almeida también ha querido ser uno de esos enamorados de Maricarmen, con servicio municipal en vez de con pandereteo, marquetería, botellón, porro o amor de casita del árbol o de aquí te pillo aquí te mato.
Va a resultar que todos han utilizado a Maricarmen, que es irresistible, como si fuera la abuela de Caperucita. Irresistible para la ternura, para la tragedia, para el lirismo y también para comérsela sin contemplaciones, con su cofia como la tapa de tela de un bote de confitura. Ya teníamos desahucios, y dramas, y caos, y abuelas mirando por la ventana el mundo pero viendo sólo los trenes de su infancia (hay trenes que siguen cruzando Madrid por el cielo, como cables de telégrafo, desde la panera alegórica de Atocha, que acogió a tantos muertos de hambre, a las vías casi achelenses de Guadarrama). Ya teníamos todo eso, pero no era tan importante como que teníamos a la vista, de nuevo, el fracaso de la izquierda, no ya ante la vivienda sino ante toda la realidad. No había que salvar a Maricarmen, sino a la izquierda. Por eso hemos tenido a Maricarmen en Madrid y no a Marimaite en Bilbao o a Olga en Hospitalet. Era el lugar, Madrid como trono aleonado de Ayuso, como torre del mal de la derecha con reloj y rayo, y era el momento, con las encuestas perdidas y Ceuta en llamas igual que una palmera, onírica y catastróficamente.
La izquierda ha salido de sus cuarteles de invierno y hasta hay ministras que han salido de los escombros de sus ministerios
Todo era por Maricarmen y a la vez no era por Maricarmen. Era por el morbo, por el momento, por la oportunidad y también por el ocio. Sí, la izquierda es una forma de ocio, por eso la practica tanta agente ociosa que, además, enseguida lo refleja pintando monas, tocando la flauta andina, fumando yerba con las chatis como con los ancestros, o follando contra la injusticia como el que folla contra la encimera. Han estado esperando a la mártir más tenebrista y mejor colocada para convencerla del martirio con posado y luego hacer con ella campaña y fiestuqui, que es lo mismo. Eso ha sido Maricarmen. Además, los que han organizado todo esto, proxis de Colau, comunes ya más bien descomunados, confluencias desperdigadas y núcleos irradiadores apagados como soles muertos, sabían que una juventud sin memoria, sin lecturas y sin domingo a lo mejor no hacía una revolución pero sí podía llenar un par de plazas. Una plaza con cúpula de toldos y percusión de palanganas, o varias plazas, o sea los cuatro gatos de siempre, no son ni la mayoría, ni el pueblo, ni el clamor social ni, otra vez, la venganza de la historia. Son, simplemente, la última oportunidad para muchos.
Todo lo de Maricarmen va saliendo según lo previsto, y eso es lo importante. Sánchez se une a la batucada, le ha puesto un decreto (o dos, uno para que salga y otro para que no) como si le hubiera puesto un estanco o un piso (el piso se lo ha puesto Almeida), y, entre eso y sus performances por Nueva York (debería ir a Sol con flauta o hula hoop), empieza a pensar que Ceuta se puede olvidar o enterrar y que las elecciones se pueden pelear. Todo va según el plan, incluso que se solucionara lo de Maricarmen estaba previsto, porque una vez que se ha singularizado la lucha en el sujeto y en el momento que te conviene, ya se puede retomar la lucha universal, eterna, teórica y retórica. Todo ha revivido, la izquierda ha salido de sus cuarteles de invierno y hasta hay ministras que han salido de los escombros de sus ministerios. Yolanda Díaz o Mónica García parece que acaban de llegar al Gobierno, o a la política, o a Sol, con una mochila y un pito, jóvenes de nuevo para la inconsciencia como para el tanga.
Nada se ha solucionado, tampoco con Almeida, que arreglando lo particular ignora lo general y cayendo en lo sentimental desprecia lo racional, o sea más o menos como la izquierda, e incluso con sus mismos aires beatíficos e infantilones. Nada se ha solucionado ni se solucionará, que si no ya lo habrían hecho hace mucho. Pero todo volverá a comenzar, que es de lo que se trataba desde que alguien se fijó en Maricarmen y vio no una señora del barrio de Salamanca, un poco condesa de sus rebequitas, ni una anciana desalojada con loro, sino la Virgen de Lourdes para esta izquierda que es la que está de verdad desahuciada.
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