El escándalo persigue a la industria alemana del motor. Desde que hace casi dos años se destapó el fraude de las emisiones diésel de Volkswagen, las principales firmas germanas de automoción se han visto envueltas en casos controvertidos.

Y los últimos meses han sido especialmente fecundos en este tipo de episodios, de los que no se ha librado casi ninguna de las grandes marcas. Audi y Porsche, ambas del grupo Volkswagen, han visto aparecer sus nombres en investigaciones también relacionadas con las emisiones de gases nocivos -el también denominado dieselgate. Y lo mismo le ha pasado a Daimler, la matriz de Mercedes, lo que le ha costado la pérdida del primer puesto del sector por capitalización.

A las sospechas de fraude relacionadas con los motores diésel se han sumado, en las últimas semanas, las acusaciones de que estas cuatro marcas, junto a BMW, habrían formado parte desde inicios de la década de 1990 de una especie de cártel que habría servido para coordinar aspectos de tecnología, costes o selección de proveedores en los vehículos.

Volkswagen y Daimler se han dejado más de un 12,5% de su valor desde mayo

Esta persistente sombra de sospecha sobre los grandes fabricantes de automóviles alemanes ha tenido un reflejo bastante perceptible sobre el parqué. En los últimos tres meses, tanto Volkswagen como Daimler han sufrido recortes superiores al 12,5%, BMW se deja un 11,5% y Porsche retrocede cerca de un 10%. Este castigo ha supuesto, en términos de capitalización, la pérdida conjunta de más de 26.700 millones de euros de valoración. Todos ellos cotizan cerca de sus mínimos anuales.

Ni siquiera una campaña de resultados que ha dejado, por lo general, un buen sabor de boca ha conseguido detener la sangría que sufre el sector desde el pasado mes de mayo. «Aunque los resultados de la actual temporada de resultados son principalmente sorprendentes por el lado positivo, los inversores parecen estar centrados en términos clave como escándalo diésel o cártel«, corrobora Christoph Riniker, responsable de análisis de estrategia en renta variable de Julius Baer.

Antes de que sean determinados cualquier tipo de sanciones, las marcas están tomando medidas preventivas, especialmente en la revisión de los motores diésel afectados por las sospechas de fraude.

En cualquier caso, en qué puedan materializarse estas acusaciones es todavía una cuestión por determinar y en ningún caso se espera que los costes alcancen las cifras asumidas por Volkswagen por el escándalo de las emisiones. Además, hay firmas como BMW que han rechazado de plano estar involucradas en los escándalos que se les atribuyen.

Los retos del sector

Sin embargo, todas estas noticias no han hecho sino aumentar la desconfianza hacia una industria cuyo negocio atraviesa una coyuntura compleja.

Y es que, aunque sean los fabricantes alemanes los más penalizados en los últimos tiempos, firmas como Fiat Chrysler, Peugeot o Renault no han salido indemnes en los últimos tiempos y observan sus máximos anuales a más de un 7,5% de distancia.

De este modo, índice que agrupa a las principales compañías de automoción europeas retrocedió este miércoles acumula ya una caída próxima al 9% desde el pasado 10 de mayo, cuando registró cota más elevada en el ejercicio. Y las dificultades vienen desde más lejos: desde marzo de 2015, pierde más de un 22% de su valor, lo que contrasta con el 5% que pierde el Stoxx 600 -que agrupa a las 600 principales empresas europeas de todos los sectores- en ese mismo periodo.

El sector, que se enfrenta al desafío del vehículo del futuro, ha perdido un 22% desde 2015

Uno de los factores más inmediatos que está pesando en la evolución del sector de automoción es la percepción de que el mercado estadounidense ha alcanzado un pico, una sensación reforzada por los últimos datos de ventas en el país, que reflejan notables descensos de los volúmenes.

Pero más importante es la batalla en la que se halla inmerso el sector por adaptarse al coche del futuro, un reto que conlleva en el corto plazo un exigente volumen de inversiones con resultados inciertos y con la creciente competencia de las grandes compañías tecnológicas.

«Puede haber alivio a corto plazo para la industria, pero los principales problemas siguen sin resolverse», observa Riniker, quien cree que los cambios a los que se enfrenta el sector, está haciendo cundir la idea de que las ganancias de las grandes compañías bajaran de forma sustancial en los próximos ejercicios.