Se puede hablar de un efecto dominó. El cambio de sede social y también fiscal de Caixabank y el Banco Sabadell más allá de las fronteras catalanas ha tenido su réplica en muchas otras grandes empresas. Toda una desbandada.

En un tejido productivo en el que el 43% de las empresas y establecimientos tienen menos de 250 empleados, según los datos disponibles de la Generalitat, no es de extrañar que también entre estas pequeñas y medianas empresas haya retiradas. De hecho, los registradores mercantiles han cifrado esta marcha en 531 compañías hasta la fecha, lo que incluye sin duda cientos de pymes.

Sin embargo, el eslabón más débil de esta cadena son los autónomos, que en muchos casos dan servicio a esas mismas pymes y otras compañías y que en la actual tesitura tienen muy limitada la posibilidad de moverse de una provincia a otra.

Cataluña es la comunidad con más autónomos de España

En otros casos, sus productos o servicios también están en la primera línea de fuego de posibles boicots en ambas direcciones o, simplemente, de una caída de las inversiones o del consumo en medio de la incertidumbre. Qué decir si se cumplen los vaticinios del Gobierno de una posible recesión en Cataluña si las tensiones se prolongan.

El colectivo es además especialmente numeroso en la comunidad autónoma: Más de medio millón de personas trabajan por cuenta propia en estos momentos en Cataluña, la mayor concentración de España dentro de un colectivo que reúne a algo más de tres millones de profesionales en toda España.

Las asociaciones piden calma y diálogo para proteger al colectivo

“Están en la situación más delicada”, señalan desde la Confederación de Trabajadores Autónomos de Cataluña (CTAC), la cabeza visible de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) en esa comunidad autónoma, en la que se ha percibido un incremento de consultas por parte de autónomos para resolver dudas sobre la actual situación.

Más de medio millón de autónomos operan en Cataluña

Porque la movilidad de un autónomo, que en muchos casos regentan locales comerciales o negocios minoristas, es escasa, si no prácticamente nula en comparación con las pymes, que también tienen grandes limitaciones en términos de movilidad, y las grandes compañías. Así es que, estos trabajadores, tendrán que lidiar, algunos de acuerdos con el procés, pero otros no, con lo que acontezca en Cataluña.

Desde la organización se habla de “inquietud” ante la “deslocalización de las empresas a las que prestan servicio los autónomos”. Así es que, según apuntan, “ningún conflicto debe llevar a una disminución del tejido productivo”, pero de todos los peldaños empresariales, el de los trabajadores por cuenta propia “es el más desfavorecido”.

Desde CTAC se hace, a la vista del momento político y económico, una llamada a la “serenidad, el diálogo y la negociación”.

La secretaria general de la Unión de Asociaciones de Trabajadores de Autónomos y Emprendedores (Uatae), María José Landaburu, admite que «son tiempos de incertidumbre, pero corresponde llamar a la calma».

Inquietud ante la deslocalización de empresas a las que prestan servicios

Según dice, en medio de la «preocupación», al menos «la mayoría de los autónomos sigue teniendo clientela de proximidad», como es el caso de aquellos que regentan locales comerciales y, los que no, «pueden seguir operando por vías telemáticas». «La preocupación es más global por la inestabilidad de todo el sistema», apostilla.

Un temor creciente desde el 1-O

Las alarmas se encendieron al día siguiente de la celebración del referéndum del 1-O, cuando se convocó un paro de país para el día 3 de octubre en Cataluña. En ese momento, el presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA) aseguraba que muchos de sus afiliados “estaban acongojados”.

“Se sienten acosados. Muchos autónomos tienen miedo a ser tachados de infieles o de antipatriotas con Cataluña”, afirmaba. No obstante, otros también estuvieron a favor de la huelga.

Independientemente de la postura elegida, lo cierto es que los autónomos en Cataluña son el eslabón más débil de la cadena y su futuro dependerá, más que para otros agentes económicos, del devenir del procés.