El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, ha anunciado este martes 13 en Madrid en unas jornadas organizadas por Deloitte que su ministerio abrirá siete nuevos tramos de AVE en lo que queda de legislatura. Tarragona-Vandellós, en el Corredor Mediterráneo, ya terminado; Antequera-Granada, ciudad esta última que lleva más de mil días sin tren por las obras; el conflictivo AVE a Murcia; el tercer túnel de la risa entre Chamartín y Atocha, cuya inauguración llegó a estar prevista en tiempos del ex ministro José Bono; el tramo zamorano del AVE gallego, por la zona de Sanabria; Venta de Baños-Burgos y el recientemente estrenado Valencia-Castellón, que presentó averías el día de su inauguración, con el presidente Mariano Rajoy en su interior.

Se trata de una batería de promesas que, aunque en líneas generales ya se conocía, implica muchas inauguraciones y más kilómetros de alta velocidad en un país con cerca de 3.300 kilómetros, el segundo del mundo solo detrás de China. “Hemos licitado un 116% más de obra pública en los dos primeros meses de 2018”, ha celebrado De la Serna. “La mitad, el ferrocarril, que ha tenido un crecimiento espectacular”.

El objetivo no declarado es inaugurar líneas antes de 2019, un año superelectoral con comicios europeos, municipales y autonómicos de entrada, sin descartar cualquier convocatoria legislativa.

Anuncios antes de 2019

Sobre ferrocarriles, el ministro ha hablado del “interés especial sobre la red de transporte de mercancías por ferrocarril” que espera “revertir la situación” de este sector. También ha anunciado un Plan de Cercanías o de un Plan de sustitución del material rodante. Ha sido una mañana de grandes anuncios, habituales en este tipo de desayunos.

Sobre las autopistas de peaje quebradas, De la Serna ha recordado los “dos grandes concursos” que se licitarán igualmente este año, “la zona de Madrid y la zona de Levante”. Igualmente se licitarán aquellos tramos de las concesiones actuales no sujetas a peaje que estaban en los contratos de las radiales que luego entraron en bancarrota. En concreto, 200 kilómetros que tiene la M-50.