Ni la deuda ni el déficit. Ni Bruselas ni la regla de gasto. La primera medida de la nueva titular de Economía Nadia Calviño, una ministra con amplia experiencia en los cenáculos del Ministerio de Economía así como en la Unión Europea, va a ser levantar alfombras en el llamado banco malo o Sareb. Es decir, en la sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria que nació en 2012 con una deuda de 50.800 millones y que, seis años después, todavía mantiene un pasivo de 37.875 millones de euros.

Así lo confirman fuentes cercanas a la ministra consultadas por El Independiente. Entre los planes de Calviño está renovar la cúpula de la Sareb, presidida por Jaime Echegoyen; e impulsar una auditoría general, con el fin de averiguar cuáles son las pérdidas reales acumuladas del banco semi-público. La entidad, en la que el 49% del capital es propiedad del Estado, fue constituida para evitar la bancarrota de varias entidades por la acumulación de activos tóxicos inmobiliarios.

Según fuentes próximas a la nueva ministra, Echegoyen y, probablemente, los directores generales Alfredo Guitart (Negocio) y Manuel Ángel Gómez Gilabert (Control y Riesgos) serán convocados por el Ministerio, cuya titular toma posesión este miércoles. Portavoces oficiales de Sareb aseguran que sus directivos aún no han sido citados para ninguna reunión.

La cúpula de Sareb está preparando documentación para el equipo ministerial entrante

En el último ejercicio, Sareb perdió 565 millones. El banco malo subrayó que tales pérdidas eran un 15% inferiores a las del año anterior, que ascendieron a 663 millones de euros. La entidad alegó en la presentación de resultados relativos al curso pasado que las pérdidas de 2017 responden a los elevados costes financieros (541 millones de euros) por su alto endeudamiento. Y también a los costes relacionados con la gestión y comercialización de activos, a los de mantenimiento, tributos y comunidades de vecinos que gestiona.

Más enrevesados fueron los resultados de 2016. Una nueva circular contable de diciembre de ese año logró diluir artificialmente las perdidas de miles de millones. Las minusvalías latentes detectadas durante la retasación continua de la cartera dejaron de impactar en sus resultados. En otras palabras, Sareb recortó de la noche a la mañana sus pérdidas, que según El Confidencial ascendieron hace dos años a 3.200 millones de euros. La ingeniería financiera -o maquillaje contable, para los más críticos- ha estado siempre a la orden del día en una sociedad que nació con vocación de extinguirse en 2027.

La gestión de Sareb, en el punto de mira

En la primera reunión que se produzca en el Ministerio de Economía, un elenco de preguntas sobre la gestión de la sociedad podría aflorar, para dar respuesta a los expertos que, conociendo las cañerías de la sociedad, cuestionan algunas de las prácticas llevadas a cabo por el equipo de Echegoyen.

Sobre los objetivos marcados cuando se constituyó el banco malo y los resultados logrados, fuentes del sector financiero se preguntan: “¿Ha cumplido Sareb en algún ejercicio los objetivos de desinversión del plan de negocio original? ¿Cuál es el la brecha entre los objetivos y la realidad? ¿Cuáles son los resultados anuales operativos, sin ajustes contables, desde su creación?”

Los niveles de capital y el efecto de la futura subida de tipos también es fuente de incertidumbre. Está en cuestión si Sareb tiene capital suficiente para soportar los resultados de los dos próximos años. Del mismo modo, algunos economistas dudan de que Sareb tenga cobertura para los próximos cuatro años ante la posible subida de los tipos de interés.

A nivel el interno, la salida del equipo de riesgos a principios de 2017 generó cierto revuelo. Meses después, también el directivo que tomó las riendas de esta división dejó Sareb. En este sentido, fuentes del mercado dudan sobre si el área de riesgos ha mantenido independencia para la toma de decisiones en operaciones de quita o reestructuración o si, por el contrario, sufrió algún tipo de presión.

Otras fuentes señalan que el presupuesto destinado a consultoría externa, que ascendería a varios millones de euros, ha generado resultados escasos. Además, durante los úlitmos años, Sareb ha encargado la elaboración de varios informes independientes que no se han hecho públicos y cuyas recomendaciones habrían sido ignoradas.