Economía

La banca del Ibex pierde 83.500 millones en bolsa en cinco años de tipos negativos

La perspectiva de que el BCE no subirá los tipos en, al menos, los próximos 12 meses agudiza la presión sobre un sector muy castigado

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La banca del Ibex pierde 83.500 millones en bolsa en cinco años de tipos negativos
La banca del Ibex pierde 83.500 millones de euros en cinco años de tipos negativos.

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín. EFE

Resumen:

Un año más y más allá. Los tipos de interés negativos en la Eurozona tienen por delante un largo futuro. Eso es lo que se desprende del mensaje lanzado este jueves por el Banco Central Europeo (BCE). La institución presidida por Mario Draghi ha anunciado que no tiene intención de elevar los tipos al menos en los próximos 12 meses y, de hecho, ha vuelto a abrir el debate sobre la posibilidad de recortes adicionales.

Estas perspectivas han vuelto a encender las alarmas de la banca europea. El índice sectorial del EuroStoxx restó este jueves algo más de un 1,4%, borrando de este modo todas las subidas acumuladas en 2019, tras dejarse un 17% de su valor en las últimas siete semanas. En este tropiezo la banca española volvió a protagonizar un papel destacado, con Sabadell cediendo un 5%, Bankia un 4,24%, Bankinter un 2,77% o CaixaBank un 2,03%.

La medida que llegó como una solución de emergencia a un problema inédito se ha convertido en una parte esencial del escenario monetario europeo, sin visos de desaparecer en un horizonte predecible. Fue un 5 de junio de 2014 cuando el BCE anunció por primera vez en su historia un recorte de la tasa de la facilidad de depósito (la caja fuerte en la que los bancos de la Eurozona guardan sus excesos de liquidez) hasta niveles negativos, situándola en el -0,1%.

Y hoy, cinco años después (y con la tasa situada en el -0,4% desde marzo de 2016), la banca europea sigue clamando por una solución a una situación que ha hecho estragos en el sector. Al menos en bolsa.

El sector financiero europeo ha perdido un 45% de su valor en bolsa desde junio de 2014

Sólo los bancos españoles cotizados en el Ibex han visto esfumarse a lo largo de este lustro alrededor de 83.500 millones de euros de capitalización. Si el 5 de junio de 2014, las entonces siete (con Popular) entidades cotizadas en el índice español alcanzaban un valor conjunto de 214.515 millones de euros, al cierre de la sesión de este jueves esta cifra se reducía a 130.991 millones. Y eso que desde entonces varias de ellas han realizado ampliaciones de capital por una suma total que supera los 10.000 millones.

Obviamente, la mayor parte de estas pérdidas se derivan de la evolución de los grandes bancos nacionales: BBVA, que ha perdido cerca de 24.000 millones de capitalización en el periodo, y Santander, con un recorte su valor superior a los 25.000 millones, a pesar de haber absorbido Popular (que se valoraba en 2014 en 10.762 millones de euros) y haber ampliado capital en algo más de 7.000 millones en el verano de 2017.

No obstante, desde un punto de vista proporcional, han sido mucho más dramáticos los desempeños de entidades como Sabadell o Bankia, que han visto diluirse alrededor de un 50 y un 60%, respectivamente. CaixaBank, por su parte, pierde casi 9.000 millones, mientras que Bankinter resalta por ser la única entidad que ha salvado este lustro sin pérdidas de capitalización.

El descalabro no ha sido, en cualquier caso, exclusivo del sector financiero español. No en vano, la banca europea del EuroStoxx arrastra en este periodo una caída media del 44,5%, con algunos grandes bancos como Deutsche Bank o UniCredit cediendo más de un 70% de su valor.

Sin duda, todas estas pérdidas son difícilmente achacables en exclusiva a la política de tipos negativos. El sector financiero europeo, en general, y el español, en particular, se ha enfrentado en este tiempo a un escenario de notables dificultades, en medio de una economía débil, con alta presión competitiva, una creciente presión competitiva e importantes problemas de salud heredados de la crisis financiera iniciada en 2008.

Pero los tipos en negativo han sido, indiscutiblemente, el gran caballo de batalla para la industria financiera europea a lo largo de estos años. La medida tiene como objetivo que, al ver penalizados sus ahorros, los bancos se sientan más predispuestos a conceder créditos a empresas y familias, lo que, a la postre debería resultar en una aceleración del crecimiento económico.

Sin embargo, son muchas las voces que han advertido en el sector de que los bajos niveles de préstamo en la región son consecuencia de la falta de demanda solvente y que al penalizar sus depósitos el BCE está contribuyendo a debilitar a unas entidades que pierden por esta razón alrededor de 8.000 millones de euros cada año.

El BCE estudia medidas para aliviar el castigo al sector, pero insiste en que hoy predominan los efectos positivos de los tipos negativos

Esta cuestión no pasa desapercibida para el BCE. Que ya en 2016 reconocía, a través del miembro del Comité Ejecutivo Benoît Coeuré, que “los bancos centrales deben tener en cuenta un posible ‘límite económico’, en el que los efectos perjudiciales de las tasas bajas en el sector bancario superan sus beneficios, y los recortes de tasas adicionales corren el riesgo de revertir la postura de política monetaria expansiva”.

Más recientemente, el propio Draghi ha abierto la posibilidad de implementar medidas que alivien el castigo para los bancos de este prolongado escenario de tipos en negativo, pero hasta la fecha la institución ha seguido insistiendo en su valoración de que, hoy por hoy, son más los efectos positivos de los tipos negativos (al fomentar una mayor actividad económica, permiten al sector mejorar sus volúmenes de negocio) que los nocivos.

Estas palabras parecen estar refrendadas por los diversos análisis sobre este asunto que el banco central ha realizado en los últimos años. Pero a los inversores la explicación parece no resultarles convincente y la perspectiva de que este escenario se prolongue por mucho más tiempo no augura nada bueno para el sector.