Flickr/ Frankieleon

logo
Ponga su dinero en manos de un robot

Economía

Ponga su dinero en manos de un robot

Y qué hago con mi dinero? Esta pregunta resultará familiar a cualquiera que haya tenido una mínima relación con el mundo de las finanzas. En un país de escasos conocimientos financieros como España, la necesidad de asesoramiento lleva a muchas personas a apoyarse en aquellos a quienes se presupone un conocimiento mínimamente superior, en busca de alguna pista para la gestión de su patrimonio.

Esta misma fue la pregunta que se hizo Pedro Perelló en 2015. Acababa de vender la empresa que había creado cuatro años antes y, de repente, se vio con un dinero que no sabía cómo emplear. «Me puse un poco nervioso», rememora. Perelló recurrió entonces a un amigo con experiencia en el mundo de la gestión financiera, Jorge Sieiro, quien le habló de las distintas opciones de inversión y, entre ellas, de los robo advisor, unas plataformas de inversión que estaban cosechando un importante éxito en Estados Unidos pero aún no habían hecho su aparición en España.

Aquella solución le pareció tan interesante que Perelló decidió no sólo resolver a través de ella su dilema sino que se animó, con el apoyo de Sieiro, a importarla a España, con el objetivo de «solucionar la inversión a muchísima gente que no tiene grandes patrimonios», explica. Este sería el origen de un proyecto que vería la luz a inicios de 2018, bajo el nombre de Fintup.

En aquella idea había mucha osadía pues suponía romper con los patrones esenciales de la inversión en España. ¿Sería posible convencer al ahorrador español de que pusiera sus ahorros en manos de un ‘robot’?

El mundo de la inversión en España ha estado tradicionalmente canalizado por los bancos

El mundo de la inversión en España ha estado tradicionalmente canalizado por los bancos. Los españoles han visto siempre en la extensa red de sucursales de la banca el acceso más cómodo, directo y evidente al mundo de la inversión, mientras que otras opciones de asesoramiento y gestión son, amén de menos conocidas, consideradas más caras o menos seguras.

Aún hoy, según los datos de Inverco, las gestoras de los grandes bancos nacionales copan los ocho primeros puestos por patrimonio en fondos de inversión, concentrando más del 70% del dinero destinado a estos productos.

Un dominio abrumador que apenas da muestras de resentirse a pesar de las continuas críticas que han perseguido en los últimos años a la operativa de los bancos en este terreno. Las escasas rentabilidades de algunos de los fondos más vendidos del mercado parecen respaldar la idea de que fiar la suerte de nuestro patrimonio a los consejos de la banca no suele ser una buena idea. Y, aún más, polémicas como la de las preferentes refuerzan los recelos de la clientela sobre el sector.

Unai Ansejo tiene claro que el problema parte de los conflictos de interés que afectan a las áreas de gestión de las entidades financieras. «Un banco hace otras muchas cosas que gestionar fondos y a veces los intereses generales del banco se contraponen con los de la gestora», apunta.

Para luchar contra ese problema, lanzó a finales de 2015 Indexa Capital, un proyecto de gestión automatizada de inversiones, creado junto a sus socios François Derbaix y Ramón Blanco, que ha logrado situarse como líder de este incipiente mercado en España, con un volumen bajo gestión superior a los 260 millones de euros.

Democratizar la inversión

Indexa Capital como Fintup y el resto de empresas de este segmento que han ido surgiendo en los últimos tiempos tienen como principal reclamo la posibilidad de ofrecer, con el apoyo de la tecnología, un asesoramiento y gestión independientes a bajo coste. Tan bajo que Indexa estima que sus comisiones llegan a ser hasta un 81% inferiores a las que imperan entre las firmas tradicionales de inversión.

Al sustituir en muchos de sus procesos la gestión humana por la tecnología, estas compañías se permiten cobrar unas comisiones más ajustadas que pueden acabar resultando determinantes en el resultado final de una inversión

Unos descuentos que, defienden, deben servir para «democratizar» unos productos y servicios que, hasta ahora, habían estado vedados a la mayor parte de los ciudadanos por sus elevados costes.

El uso de la tecnología permite llevar al público general productos y servicios hasta ahora limitados a grandes patrimonios

Es esta la idea que inspiró el lanzamiento de Micappital. Sus fundadores, Borja Nieto y Miguel Carmiña, consideran que hasta ahora los ahorradores e inversores españoles han estado «a merced de la colocación de productos bancarios».

Es con el objetivo de liberarles de esa atadura con la que pusieron en marcha su proyecto en 2018, que se presenta como la oportunidad de disfrutar de unos servicios al estilo de la banca privada pero accesibles para todos los bolsillos.

«Nuestro objetivo es romper las barreras de entrada que hay a la hora de invertir y alinear nuestros intereses con los del cliente», explican.

Para ello es necesario, no obstante, conseguir la confianza del cliente. Que éste acepte dejar de lado su tradicional inclinación a fiar sus inversiones al banco y se ponga en mano de unos algoritmos.

«Sin duda es un reto. ¿Cómo podemos generar confianza sin unas personas en contacto directo con el cliente?», señalan los cofundadores de Micappital. Para facilitar esa labor, Nieto y Carmiña han optado por un servicio que permite al cliente mantener su dinero en su propio banco y en el que solamente cobran si le hacen ganar dinero.

Con esas premisas, ofrecen a los clientes unas carteras de inversión personalizadas adaptadas a unos perfiles de riesgo definidos con ayuda de la tecnología. «Nuestro cliente es un particular que en su banco no cuenta con asesoramiento personal. Por eso no tenemos competencia, porque la alternativa que tiene a nosotros es no hacer nada», subrayan.

El de Micappital es un modelo destinado exclusivamente al asesoramiento, sin limitaciones de productos o plataformas como sí ocurre en otros robo-advisor. De hecho, resaltan que éstos no son su competencia y que incluso recomiendan algunos de ellos en las carteras de inversión de sus clientes.

Grandes bancos como Bankinter o CaixaBank ya han dado sus primeros pasos en el campo de los ‘robo advisor’

En lo que sí coinciden Micappital y el resto de compañías de gestión automatizada es en la necesidad de crear unos vínculos de confianza con el inversor que compensen esa pérdida de un trato directo que implica el modelo digital de sus negocios y el escaso arraigo de unas marcas que tienen que competir con los gigantes de la banca nacional.

Todos ellos coinciden que gran parte de ese camino sólo se podrá recorrer con el tiempo, que haga que sus nombres pasen a formar parte habitual del ecosistema financiero español.

Pero para allanar esta carrera por la confianza del cliente cada una de ellas recurre a sus propias estrategias, en las que un punto habitual suele ser la renuncia a la custodia del dinero de sus propios clientes. Así, si Indexa Capital tiene acuerdos con Inversis para el cuidado del dinero de sus clientes, en el caso de Fintup es la aseguradora CNP Partners la que recibe directamente el dinero de los inversores.

«Le puedes decir a los clientes que si Indexa tiene algún problema puede dejar de tener gestor, pero el dinero sigue estando ahí y lo puede seguir retirando cuando quiera», recalca Ansejo, quien exhibe también el prestigio de los miembros de su consejo asesor -el ex consejero delegado de BBV Pedro Luis Uriarte, el expresidente de la CNMV Manuel Conthe, el catedrático de Harvard Luis Viceira o el inversor Luis Martín Cabiedes- para subrayar la seriedad de su proyecto.

De lo que nadie en el mercado parece tener duda es que este tipo de empresas de asesoramiento y gestión automatizados tienen un interesante futuro por delante. No en vano, algunos grandes bancos como Bankinter (Popcoin), CaixaBank (Smart Money) u Openbank ya han puesto en el mercado sus propios robo advisors.

Junto a éstos y los ya citados figuran nombres como Finizens, Finabest o Nextep Finance, entre otros muchos… un amplio abanico de posibilidades que puede llevar al inversor a preguntarse cuál es la mejor de las opciones que se le presentan.

Lógicamente, en unas plataformas que se presentan como una alternativa más asequible a los servicios tradicionales de inversión, el coste del servicio es una variable que puede resultar determinante. Pero ni mucho menos la única.

De hecho, Perelló no tiene ningún reparo en reconocer que su plataforma, Fintup, está lejos de ser la más económica del mercado. La razón: ofrecen un servicio de asesoramiento personalizado que no suele formar parte de este tipo de plataformas. «En eso sí que somos diferenciales», afirma.

El responsable de Fintup considera que, con solo un 8% de la población española declarando tener conocimientos altos o muy altos de finanzas, complementar la plataforma de inversiones con un servicio de asesoramiento financiero es esencial para alentar a muchas personas a dar el salto a este mundo.

«Hay mucha gente que no tiene el tiempo ni la capacidad de establecer cuáles deben ser sus estrategias y tampoco tiene los conocimientos para hacerse una mínima planificación financiera», observa.

Y afirma que los episodios de tensión del mercado en 2018 reforzaron su convicción de que «la gente entra en pánico, no le gusta estar sola en determinadas cosas y una de esas suele ser el entorno financiero. Porque, además, actúan de manera errónea, cuando el mercado cae la gente entra en pánico y vende, y es el único sitio donde harías eso, porque lo normal es que cuando hay rebajas compres y no vendas».

Desde su irrupción en los últimos años, los robo advisors y el resto de empresas de servicios financieros automatizados han disfrutado de un entorno de mercado global positivo, en líneas generales. «¿Pero qué pasará cuando llegue una crisis?», se pregunta Perelló para subrayar su confianza en que el servicio de asesoramiento de Fintup les sitúa en una mejor posición de cara a ese escenario que muchos de sus rivales.

En Indexa no son ajenos a este riesgo, pero renuncian a cualquier forma de asesoramiento personal. De hecho, Ansejo rehúsa la etiqueta robo advisor: «Nosotros no asesoramos, gestionamos», explica.

Una de las grandes dudas es cómo reaccionarán los clientes de estas plataformas ante un escenario prolongado de crisis

El fundador de esta plataforma se muestra confiado en que los recursos que ofrece la tecnología permitan instruir a los inversores para que, llegados los momentos de tensión, no se dejen llevar por el pánico y actúen de forma razonada.

De hecho, Indexa acaba de lanzar una iniciativa para que los clientes firmen un contrato consigo mismos. Se trata de «un compromiso libre entre su yo actual y su yo futuro», que será escrito por el propio cliente y que se le mostrará cuando solicite una retirada tras las caídas, «para que recuerde su promesa y para que piense una segunda vez si está actuando llevado por el miedo y el malestar de las pérdidas», señalan desde la firma.

Los gestores de Indexa son defensores de la teoría de que no merece la pena trata de anticiparse al mercado, sino que la clave está en diversificar al máximo las inversiones y confiar en que a largo plazo los mercados siempre ofrecen rendimientos positivos. Por eso sus carteras, adaptadas hasta a diez perfiles diferentes de riesgo, están compuestas exclusivamente por fondos indexados, que replican el comportamiento de sus indices de referencia, y apenas sufren modificaciones a lo largo del año.

¿Gestión activa o pasiva?

Lo cierto es que la gestión automatizada y la gestión pasiva están muy estrechamente vinculadas. La razón es que los menores costes de ésta favorecen la pretensión de estas firmas de ofrecer sus servicios al menor coste posible. Y la convicción, sustentada en diversos estudios, de que a largo plazo una gran mayoría de los fondos de gestión activa fracasa en su intento de batir a sus índices de referencia respalda esta apuesta.

Sin embargo, ambos mundos no están reñidos. En Fintup, por ejemplo, donde articulan sus servicios de inversión a través de productos de seguros como los Unit Linked, reconocen incluir una pequeña parte de gestión activa (de tipo value) a sus carteras.

Perelló, de hecho, rechaza la idea de que la gestión pasiva pueda acabar con la activa. «La gestión pasiva al final lo que busca es que el cliente obtenga la rentabilidad que tenga el mercado. Pero eso no es suficiente para todo el mundo, siempre habrá una gestión activa que trate de batir al mercado. Creo que se llegará a un equilibrio», observa, antes de pronosticar que la gestión pasiva sí puede acabar por «barrer» la gestión activa de peor calidad, «que se vende como tal pero tiene poco de activa».

Algunas plataformas de gestión automatizada dan espacio a los fondos de gestores activos en sus carteras

Precisamente, la idea del equilibrio entre la gestión activa y la pasiva parece estar imponiéndose en el mercado en los últimos tiempos. Es la idea que defiende Guillermo Santos, socio de iCapital: «Son perfectamente compatibles y tienen sentido en función de momento y perspectivas de mercado y tipo de activo que se trate», indica.

Con esta misma visión, los gestores de Micappital consideran que «la gestión activa de calidad puede ser tan buena como la pasiva», reconociendo que quizás ésta última es preferible en periodos de subidas, mientras que «la gestión activa se adapta mejor a los escenarios de caídas».

La práctica totalidad de las plataformas de gestión automatizada promueven la readaptación de las carteras de sus clientes para mantenerlas en todo momento ajustadas a sus perfiles de riesgo y objetivos.

Pero existe más debate sobre la conveniencia o no de una continua readaptación de las carteras a las circunstancias del mercado. Mientras Indexa o Fintup optan por estrategias mucho menos cambiantes otras firmas como Finanbest o Accurate Quant responden a la imagen clásica de la inversión a través de algoritmos que gestiona y modifica sus carteras de forma continua con base en unos modelos cuantitativos propios.

Los modelos cuantitativos defienden la ventaja de unas estrategias que excluyen el error humano

Desde Accurate Quant defienden las ventajas que aporta una estrategia de inversión diseñada en torno a modelos matemáticos y estadísticos, capaces de predecir los movimientos de mercado, excluyendo el factor humano de las decisiones de inversión, que suele estar influido por sentimientos como el miedo o la euforia.

Guillermo Santos reconoce a estos modelos la ventaja de excluir el error humano en sus inversiones, aunque también advierte de que sin este filtro estos modelos cuantitativos pueden no ajustarse a un entorno de mercado que es siempre cambiante.

En cualquier caso, decidirse por uno u otro modelo -o por incluir ambos- forma parte de las múltiples posibilidades que se abren al inversor a la hora de gestionar su patrimonio. Decisiones que en muchos casos puede no estar preparado para adoptar por sí mismo pero cuya solución, tal vez, pueda dársela un robot.