Mientras media España contenía la respiración y estaba pendiente de un vuelo que daba vueltas durante horas a la espera de un aterrizaje de emergencia en Madrid, un piloto de la compañía Air Canada no sólo consiguió llevarlo a tierra sin problemas, también logró mantener la calma de todo el pasaje, coordinarse de manera permanente con el amplísimo dispositivo de seguridad desplegado y conseguir personalmente que el propio Ministerio de Defensa movilizara un caza F-18 para comprobar in situ y de cerca el estado de la aeronave.

El viaje había empezado a torcerse antes de despegar. El vuelo ya tenía casi dos horas de retraso. La hora de salida estaba prevista para las 12:55, pero el cierre del espacio aéreo en el aeropuerto de Madrid por la alerta provocada por un dron había desbaratado los horarios de centenares de vuelos.

Superada la incidencia y restablecidas las operaciones en Barajas, el vuelo AC837 de Air Canada consiguió el permiso para salir a pista a las 14:33 horas. El destino, Toronto, y por delante casi nueve horas de vuelo. Pero cuando el avión, un Boeing 767-375, aún rodaba por pista un fuerte ruido –“como un golpe, como una explosión”, contaba uno de los 128 pasajeros a bordo- hizo saltar las alarmas.

Una de las ruedas de la aeronave había reventado y se había desprendido y –a la espera de que se conozcan detalles técnicos sobre la investigación del incidente- fragmentos del neumático acabaron afectando también a uno de los motores. El piloto de Air Canada dio la voz de alerta a la torre de control de Barajas casi de manera inmediata.

El comandante solicitó permiso a los controladores de Madrid para abortar el vuelo transatlántico, regresar al aeropuerto y aterrizar de emergencia. Y se iniciaba un vuelo de algo más de cuatro horas que mantuvo en vilo a media España a la espera de que se resolviera la crisis.

El piloto y la tripulación de Air Canada mantuvieron informados en todo momento a los pasajeros que durante las horas de vuelo han mantenido una asombrosa calma. «Hemos tenido un problema en el despegue con una de las ruedas y estamos volviendo al aeropuerto de Madrid», relataba el comandante por megafonía a los viajeros, según un audio adelantado por el diario El Mundo. “Les pedimos mucha calma y también mucha paciencia». Y la tuvieron.

El Boeing cambió de dirección en apenas unos minutos después del despegue, viró hacia el sur y realizó un vuelo a muy baja altura –apenas 850 metros- sobre la capital, alarmando a centenares de madrileños sorprendidos por el fuerte estruendo provocado por la cercanía del aparato. «En esas condiciones el avión sube muy poco», pero la altura alcanzada en esta situación fue «aceptable» y el riesgo corrido no fue «para tanto», explica el comandante Francisco Cruz, miembro del departamento técnico del Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA). Aún así, Cruz considera que «es muy poco habitual» ver un avión comercial atravesar una ciudad como Madrid a esa distancia sobre tierra.

Lejos de ser un problema frecuente, una de las piezas que «más falla» en un avión comercial es el tren de aterrizaje debido a las cargas de peso que soporta, asegura este piloto. Cuando deja de funcionar una de las cuatro ruedas que forman la pata del aeroplano, las tres restantes pueden sobrecalentarse. El aparato recién despegado llevaba los tanques llenísimos del combustible necesario para atravesar el Atlántico. Los aviones comerciales no pueden aterrizar con seguridad con tanto peso y hacerlo con el depósito de queroseno dispara el riesgo de explosión o incendio en caso de un aterrizaje con problemas.

El Boeing 767 no dispone del mecanismo de otros modelos para soltar directamente el combustible, así que tenía que quemarlo. Al avión le esperaban más de tres horas de vuelo sólo para quemar el combustible y aligerar peso. Un tiempo en el que ha volado casi en círculos en las proximidades de la localidad madrileña de Chinchón y también sobre Tarancón, en Cuenca.

“El piloto nos tranquilizaba a nosotros”

Los controladores se volcaron entonces para encontrar espacio aéreo suficiente para el avión de Air Canada y estuvieron horas desviando otros aparatos de sus rutas previstas. “Había que dar prioridad absoluta al vuelo que tenía la emergencia. Hemos estado apartando otros aviones para que no volaran cerca del aparato de Air Canada, para garantizar una separación suficiente. Todo ha salido rodado durante horas”, explican fuentes del sindicato de controladores USCA.

Cuando se producen situaciones de este tipo, la aerolínea se pone en contacto con el control del aeropuerto y se lleva a cabo una ‘ruta de contingencia’, es decir, una trayectoria que realiza el avión averiado para mantener una mayor separación sobre el terreno y con el resto del tráfico aéreo hasta llegar a una zona de espera desde donde pueda gestionar el incidente, según detalla el SEPLA.

Fuentes de los equipos que han participado en el dispositivo de emergencia alaban la profesionalidad y la templanza total que ha demostrado el piloto de Air Canada. “Era él quien nos tranquilizaba a nosotros. Era él quien ha estado todo el tiempo tranquilizando a su tripulación y a todos los pasajeros”, subrayan desde la Guardia Civil. De hecho, el usuario de Twitter ‘Carlos Castañeda’, que supuestamente viajaba a bordo del avión, publicó un vídeo en el que se apreciaba a algunos pasajeros del Boeing sin mayores sobresaltos: “Aquí todo está tranquilo”.

Y, además, según relatan estas fuentes, la diligencia del piloto ha llegado hasta el punto de ser directamente él quien ha reclamado que un caza del Ejército volara junto al avión para comprobar in situ los daños en su tren de aterrizaje. “El comandante ha solicitado personalmente que un F-18 se acercara al avión de Air Canada para saber el estado de las ruedas”.

Y siguiendo la petición del comandante, un caza F-18 de la fuerza aérea española despegaba de la base de Torrejón de Ardoz. “Hasta que el caza se ha cerciorado de que sólo faltaba una rueda de la parte trasera, no sabíamos cómo se podría aterrizar. Ha sido la orden del piloto la que nos ha permitido valorar la operación”, indican efectivos que han participado en el dispositivo.

«El dispositivo fue tan bien que parecía un simulacro»

La coordinación de todos los equipos y cuerpos implicados ha sido total. Apenas unos minutos de que la torre de control de Madrid recibiera la petición del piloto de regresar al aeropuerto, los equipos de bomberos de Aena y los primeros efectivos sanitarios ya estaban en las inmediaciones de la pista donde tendría que aterrizar la aeronave. Mientras el avión volaba casi en círculos durante horas para quemar el combustible siguieron incrementándose los equipos de bomberos, Samur, Cruz Roja, Guardia Civil y Policía.

Todo el despliegue de estos efectivos era coordinado por un gabinete de crisis que preparaba en Barajas el aterrizaje de emergencia. “El dispositivo ha funcionado tan bien que ha parecido un simulacro”, aseguran fuentes de la Guardia Civil. “El aeropuerto de Barajas realiza cada año dos simulacros de este tipo de emergencias y eso hace que esté todo a punto. En cuanto se ha dado la llamada de alerta el despliegue ha sido muy rápido. Todo estaba preparado”.

“Como país, hay que estar orgullosos de la capacidad de respuesta. Ha sido prácticamente un simulacro”, señalaba anoche exultante el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, desde el propio aeropuerto de Barajas. Las administraciones, los dispositivos de seguridad, los servicios de Aena y Enaire y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, «todos han actuado bien en coordinación y eficacia».

Fomento ya ha puesto en marcha una comisión de investigación para aclarar que le ocurrió al Boeing 767-375. «Es muy importante que no sea reactiva y que se produzca en un entorno proactivo, no para buscar culpabilidades», apunta Carlos San José, vicedecano del Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial (COPAC).

Cuando el avión llevaba cuatro horas de vuelo, cuando quedaban apenas unos minutos para intentar el aterrizaje de alto riesgo, el piloto volvió a trasladar un mensaje de calma. «Todo está bajo control. Todo el mundo está contento aquí delante», le decía el piloto a los pasajeros y a sus tripulantes.

A las 19:07 horas, el vuelo AC837 de Air Canada regresaba a Barajas, aterrizaba sin incidentes, con una aparente y sorprendente normalidad y entre los aplausos de los pasajeros. Como colofón, el piloto bromeó con las 130 personas que le acompañaron durante esas cuatro horas de vuelo inesperadas: «Welcome to Barcelona«.