Economía

Sólo el Covid frena el desmadre en Magaluf

El Govern balear corta por lo sano las imágenes de juergas masivas sin mascarillas cerrando el epicentro del turismo de borrachera y lo hace en un verano en que se juega la imagen de destino seguro en plena crisis sanitaria.

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Sólo el Covid frena el desmadre en Magaluf

Resumen:

La fama, buena o mala según los gustos, está ganada a pulso. Con perseverancia y superándose año tras año, verano tras verano. Tras cerca de cuatro décadas alimentando el monstruo –el fenómeno empezó a gestarse de manera evidente ya en los ochenta-, Magaluf es es uno de los grandes iconos de la juerga sin control. Un verdadero símbolo internacional del turismo de borrachera para varias generaciones (no sólo, pero muy especialmente, para sucesivas generaciones de británicos).

Este verano ya prometía ser raro. Con una temporada alta que no iba a ser tal, con muchos menos turistas, con medidas de seguridad especiales contra el Covid-19 en todos los locales y en las calles. La temporada ya empezaba tarde: muy a finales de junio comenzaba a moverse el turismo nacional y ya en julio arrancaban con cuentagotas las llegadas de turistas internacionales a Mallorca.

Pero con el turismo recién relanzado, apenas unos días después de reabrirse Mallorca al viajero internacional, ya empezaron a circular vídeos virales demasiado similares a los que en los últimos años han alimentado en las redes sociales la marca Magaluf. Imágenes de turistas bailando y cantando en la calle de madrugada, subiéndose y saltando sobre coches aparcados, sin guardar distancia de seguridad alguna y sin mascarilla.

Todos queremos acabar con el turismo de excesos, pero se ha aprovechado el Covid para hacerlo a las bravas», se quejan los comerciantes

Las imágenes, como en otras ocasiones, corrieron por otros países europeos de móvil en móvil. Pero en esta ocasión esos vídeos virales suponían un mazazo especial en plena crisis sanitaria, con Baleares jugándose el verano, y buena parte de su economía y de su empleo, a la carta de asentar su imagen como destino turístico seguro para atraer los pocos viajeros que este años quieren ser tal.

El Govern balear decidió cortar por lo sano y adoptar medidas drásticas inéditas ante el efecto devastador que se temía para el conjunto del sector turístico de las islas. Un decreto ley diseñado rápidamente para clausurar durante dos meses (hasta el 15 de septiembre, y con posibilidad de prolongar el plazo) todos los locales en los que se sirve alcohol de dos calles en Platja de Palma y de otras tres en Magaluf. Durante todo el verano, discotecas, bares y restaurantes de esas vías tienen prohibido abrir.

«No nos merecemos esos empresarios ni esos turistas (…) No los queremos, que no vengan», sentenció el conseller de Turismo, Iago Nogueruela, para defender la nueva normativa. El decreto ley se aprobó a las 12.00 horas del 15 de julio. A primera hora de la tarde de ese mismo día la policía empezó a ir de local en local para comunicar la orden de cierre. Todos los establecimientos de la mítica Punta Ballena, la calle principal del desbarre en Magaluf, han tenido que echar la persiana. Días después se sumaron los de otras dos calles aledañas para evitar que la juerga simplemente se desplazara unos metros.

El Magaluf de la nueva normalidad pasó, de un día para otro, a estar en las antípodas de la vieja normalidad del desfase. La música a todo volumen, el jaleo casi permanente y los incidentes demasiado recurrentes se han convertido en calles medio vacías (cada vez más, tras el frenazo de la llegada de turistas británicos por la decisión de Londres de imponer cuarentenas forzosas a los viajeros procedentes de España y de incluir Baleares entre los destinos no recomendables para viajar por la crisis sanitaria).

«No es cuestión de estigmatizar el ocio, hay que estigmatizar el exceso», defendía Alfonso Rodríguez Badal, alcalde de Calviá, el término municipal en el que se incluye la localidad de Magaluf. «No podemos poner en riesgo la salud de todos y la economía de todos (…) Comprendemos la preocupación e incluso el enfado de los empresarios afectados, pero cuando se es gobierno hay que pensar en el interés general y global».

Y es que, como anticipaba el alcalde, el cabreo de los dueños de discotecas y de los comerciantes de la zona es tremendo. Empresarios y trabajadores ya han realizado manifestaciones contra la medida, y las patronales de comerciantes y de ocio nocturno han emprendido acciones legales para tumbar el cierre de las calles pidiendo como medida cautelarísima que se suspenda de manera inmediata el cierre de los locales.

En Magaluf y Palmanova hay 88 hoteles, en este verano de crisis sólo están abiertos 28

«Todos queremos acabar con el turismo de excesos, pero el Gobierno balear ha aprovechado el Covid para intentar hacerlo a las bravas», resume Pepe Tirado, el presidente de la Asociación de Comerciantes y Empresarios de Servicios Turísticos de Mallorca (Acotur). «Es una injusticia total. Una medida arbitraria que afecta a todos los comercios de esas calles; no sólo bares y discotecas, también a zapaterías o tiendas de ropa por las que ya no pasa nadie. Muchos no van a poder subsistir».

El pasado enero, antes del golpe de la pandemia, el Govern regional ya aprobó una nueva normativa para acabar con el turismo de borrachera y evitar que este verano volvieran las imágenes de juerga sin control habituales. Un decreto que prohibía sólo en las tres zonas más conflictivas de las islas (Sant Antoni de Portmany, en Ibiza, Platja de Plama y también Magaluf) prácticas como las barras libres, la contratación de tours por varios bares (pubcrawls), las horas felices, los 2×1 y los 3×1 o la venta de alcohol en tiendas a partir de las 21.30 horas, y que permitía a los hoteles la expulsión inmediata de clientes que practicaran balconing.

En plena emergencia sanitaria y con el estado de alarma, no se ha podido comprobar la eficacia de la denominada ley de excesos. La patronal del ocio nocturno balear denuncia que la falta de medios para hacer cumplir esas restricciones es lo que ha hecho que el Govern haya decidido cortar por lo sano y cerrar directamente los establecimientos este verano.

«El Gobierno no intenta solucionar un problema epidemiológico. No podían hacer cumplir la ley y han aprovechado que el Covid pasaba por aquí para cerrar los locales. Ha adoptado medidas económicas y turísticas excepcionales haciéndolas pasar por medidas sanitarias excepcionales», sostiene Jesús Sánchez, presidente de Asociación Balear de Ocio Nocturno y Entretenimiento (Abone), que advierte de que la práctica totalidad de restricciones recogidas en la ley de excesos ya estaban prohibidas por las ordenanzas municipales de Calviá.

«Las imágenes del turismo de borrachera son la demostración de la incompetencia de las sucesivas administraciones municipales. Los políticos gastan muchas energías en hacer normas que no pueden aplicar», resume Sánchez. «El Gobierno balear se ha pegado un tiro en el pie y nos lo ha pegado a nosotros. Tomando una medida tan drástica como cerrar las calles y los establecimientos se lanza el mensaje a todos los turistas de que aquí está pasando algo grave. Han elegido una estrategia equivocada».

Cerrar Punta Ballena para salvar a todo el sector

«Cerrar los establecimientos ha sido una decisión drástica, pero valiente. Es una operación quirúrgica, que sólo afecta a unas calles para proteger todo lo demás», contrapone Javier Pascuet, el director general de Turismo del Ayuntamiento de Calviá. «Hay que actuar con toda firmeza contra este tipo de turismo. No podemos permitir que sea por lo que se nos conoce».

El ‘otro’ Magaluf: el 75% de los hoteles son de 4 y 5 estrellas y el 70% del negocio es turismo familiar

En plena crisis sanitaria y la temporada recién estrenada, los vídeos virales de desmadre en Magaluf eran un mazazo contra la apuesta de toda Baleares la de presentarse al turismo internacional como un destino plenamente seguro frente al Covid para salvar el verano. Esas imágenes «hipotecaban toda la temporada, a todo el sector. Hipotecaban nuestra imagen… nuestro futuro», alerta Pascuet.

La polémica de las juergas sin distancia y sin mascarilla llegó, además, a las puertas de un verano que ya iba a ser horrendo para el negocio por el Covid y al que las restricciones de Reino Unido han dado la puntilla. En Magaluf y Palmanova hay 88 hoteles, este verano sólo tenían previsto abrir 33. La decisión de Londres de imponer cuarentenas forzosas y de incluir Baleares en la lista negra de destinos no recomendables ha hecho que ya sólo sean 28 los hoteles operativos.

Otros establecimientos amenazan con cerrar también sus puertas de manera anticipada por el parón en un destino en el que 55% de los clientes son británicos, y en el que en las últimas semanas se han frenado las reservas, se han disparado las cancelaciones y muchos clientes siquiera se han presentado en el hotel el día de entrada esperado.

El otro Magaluf que no se hace viral

En los últimos años el sector hotelero de Calviá, y especialmente el de Magaluf, ha ejecutado inversiones millonarias para mejorar los establecimientos y alejar el destino del turismo de bajo coste. Meliá emprendió en 2012 un ‘macroproyecto’ de 250 millones de euros con el que ha remodelado 10 de sus hoteles en la localidad y reconstruido por completo otro más. Otras decenas de hoteles siguieron el ejemplo para elevar su categoría y buscar clientes de mayor poder adquisitivo para configurar realmente un nuevo Magaluf.

«Si nos traen clientes vip, damos oferta vip. Si nos traen turistas de alpargata, nos adaptamos», dice el comercio, que culpa a TTOO y hoteles

«Estamos totalmente en contra del turismo de excesos. Lo que pasa en los 300 metros de calle de Punta Ballena mancha nuestra imagen y estropea todos los esfuerzos del sector hotelero. Hay que conseguir acabar con esa lacra. Nuestra apuesta es por el turismo de calidad, ése es nuestro futuro», proclama Mauricio Carballeda, el presidente de la Asociación Hotelera de Palmanova y Magaluf. El 75% de las plazas hoteleras de ambas localidades hoy se encuentran en hoteles de cuatro y de cinco estrellas, y la planta de establecimientos dedicados al segmento low cost no ha dejado de menguar.

Hay otro Magaluf que no se viraliza en las redes sociales. Y que además es mayoritario. La patronal hotelera subraya que más del 70% de los clientes en Magaluf y Palmanova son familias y que sólo un 17% son jóvenes. «Y de estos jóvenes sólo una mínima parte, realmente pequeña, son los que vienen por el turismo de excesos. Magaluf ya ha cambiado mucho, pero sólo sale lo malo», se queja Carballeda, que reclama que la ley contra el turismo de borrachera «se cumpla a rajatabla y con todo el rigor, y para eso hace falta que la policía tenga medios suficientes y que su presencia en la zona sea constante para ser disuasoria» frente a los comportamientos incívicos y los excesos de algunos locales.

Los comerciantes responsabilizan del turismo de borrachera directamente a los grupos turísticos que crean paquetes de bajo coste y a los hoteles que se prestan a vender sus habitaciones a precios ridículos. «Son los touroperadores y los hoteles los que traen a esta gente y los que eligen qué turismo hay. Nosotros sólo nos adaptamos. Si nos traen clientes vip, les damos una oferta vip. Si nos traen turistas de alpargata, nos tenemos que adaptar a ese perfil si queremos trabajar», sostiene Pepe Tirado, de Acotur, que clama contra el todo incluido y contra los paquetes vacacionales de 20 o 30 euros al día que se siguen comercializando. «El sector del comercio también prefiere un turismo de calidad. Pero siguen viniendo muchos turistas diésel: andan mucho y gastan poco».

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