Economía

El Gobierno descarta revisar sus previsiones económicas a pesar de la inflación histórica y el impacto de la nueva variante

Las mantiene tal y como las presentó en el mes de abril, pese a la oleada de acontecimientos que han llevado al resto de instituciones a actualizar a la baja sus pronósticos

La vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, interviene en la presentación del Kit Digital, en Madrid.

La vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, interviene en la presentación del Kit Digital, en Madrid. Gustavo Valiente / Europa Press

El Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital descarta revisar sus previsiones macroeconómicas. Las mantiene tal y como las presentó en el mes de abril, a pesar de la oleada de acontecimientos -de la desbocada inflación a la crisis de suministros o la nueva variante del Covid- que han llevado al resto de instituciones y casas de análisis a actualizar sus predicciones.

Consultadas al respecto, fuentes del departamento que dirige Nadia Calviño insisten en que las previsiones del Gobierno están «marcadas por la prudencia», que están bien alineadas y que son datos que se publican dos veces al año, como se establece en el cuadro macroeconómico y en los presupuestos generales del Estado. Y así va a continuar.

El planteamiento de Economía, de este modo, no va a cambiar pese a que este lunes se conoció que el dato de la inflación de noviembre fue el más alto en 29 años (+5,6%), después de un octubre en el que también se marcó un récord (+5,4%, todos los datos en tasa interanual). La cifra implica que no se alcanzaba tal cota desde septiembre de 1992.

Además, la nueva variante del Covid-19, conocida desde la pasada semana como Ómicron, amenaza la normalidad en el consumo que ya se había impuesto tras el levantamiento de las últimas restricciones. Este lunes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a los países prepararse ante el riesgo mundial «muy alto», sobre todo por las elevadas mutaciones de la variante, con potencial de ser más resistentes a la inmunización y más contagiosas, que disparan las posibilidades de que se transmita por todo el planeta.

Los mercados, por su parte, ya reaccionaron la semana pasada a la amenaza de Ómicron después de que la Comisión Europea decidiese paralizar el viernes los vuelos con países africanos afectados por la nueva variante, a saber, Sudáfrica, Lesoto, Botsuana, Zimbabue, Mozambique, Namibia y Suazilandia. El Ibex sufrió el viernes su mayor caída desde junio de 2020, con las principales compañías turísticas cayendo incluso por encima del 15%.

Así, IAG se hundió un 15,41%, Amadeus perdió un 8,97% y Aena se dejó un 8,83%, mientras que Meliá terminó con un descenso del 7,81%. Sucedió de forma similar en el resto de plazas europeas, con el Dax alemán cerrando con una caída del 4,22%; el CAC 40 perdiendo un 4,75% y la bolsa de Londres cayendo un 3,6%.

Pero la nueva variante es solo el último revés que se ha sumado a una larga lista de factores que ya hacía desconfiar a los expertos de las (optimistas, opinaban) previsiones macroeconómicas del Gobierno. Otras amenazas que han hecho revisar sus cálculos a servicios de análisis como BBVA Research han sido los precios de la electricidad, la revisión del PIB del segundo trimestre que llevó a cabo el INE, el retraso en la llegada de los fondos europeos y los cuellos de botella, es decir, la crisis de suministros y materiales a nivel global.

El más preocupante es el primero. Desde el citado banco no tienen certezas sobre cuándo se va a estabilizar el precio de la energía, y, con él, todos los demás. Además, advierten que la subida de los precios pone en peligro el repunte del consumo que estaba impulsando la recuperación económica. Por otro lado, el alza del IPC lleva a que el Gobierno deba desembolsar más de lo previsto en pensiones y en sueldos de funcionarios, por lo que la inflación no solo desestabiliza las cuentas macro del lado de los ingresos, sino también de los gastos.

La misma Comisión Europa revisó recientemente sus previsiones de crecimiento para España para este 2021 en casi dos puntos, del 6,2% que esperaba en julio al 4,6%, y también lo hizo para 2022, en este caso, ocho décimas, del 6,3% al 5,5%. El organismo lo justificó apuntando a la persistencia de la Covid-19 que puede amenazar al turismo a España, los cuellos de botella que están impidiendo la llegada de productos, y los precios de la energía y el transporte.

Asimismo, el Banco de España anunció hace unas semanas que en diciembre llevaría a cabo una «revisión significativa a la baja» de sus previsiones de crecimiento, sobre todo por la fuerte corrección del INE del PIB del segundo trimestre, pero también por los cuellos de botella en la industria y el encarecimiento de materias primas y otros costes intermedios.

De cumplir con esta amenaza, se sumaría a la cascada de revisiones a la baja de diferentes instituciones, del Fondo Monetario Internacional (FMI) a la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), de servicios de estudios del BBVA Research a la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

Por su parte, el Gobierno aún sostiene que el PIB del país avanzará un 6,5% a lo largo de este año y un 7% a lo largo de 2022, tal y como pronosticó en abril. Sin embargo, en octubre del año pasado era aún más optimista, cuando creía que el PIB crecería un 9,8% en 2021 gracias al impacto de los fondos europeos en la economía española.

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