El estallido de la guerra en Irán rompió la tendencia de desaceleración de los precios que comenzó tras el máximo inflacionista de 2022, el más alto desde 1986. En apenas siete meses, el Banco de España ha elevado del 3% al 3,9% su previsión de inflación media para 2026 y del 2,5% al 3,7% la de 2027.
Es decir, pese a los tres paquetes de medidas anticrisis aprobados por el Gobierno, estas no han evitado que el Índice de Precios de Consumo (IPC) se dispare hasta el 4,9% interanual en septiembre. De hecho, España se sitúa como una de las economías más afectadas por la escalada de precios: el diferencial con la eurozona se ha ensanchado, según describe el organismo en el informe de Proyecciones macroeconómicas que ha publicado este viernes.
El turismo, la inmigración y la vivienda ensanchan la brecha con Europa
A principios de año, la diferencia entre España y las economías europeas se fue estrechando hasta situarse en 0,56 puntos porcentuales en febrero. Sin embargo, el encarecimiento de la energía tras el estallido de la guerra en Irán volvió a presionar los precios al alza. Si bien las rebajas fiscales aprobadas por el Gobierno amortiguaron parte de este impacto (en agosto, la inflación energética fue del 17,1%, frente al 21,6% que habría alcanzado sin esas medidas, según los cálculos del Banco de España), el diferencial con la eurozona siguió ampliándose y alcanzó los 1,22 puntos en septiembre.
La energía explica buena parte del repunte reciente, pero no toda la diferencia con Europa. El Banco de España señala que "los servicios constituyen el componente que contribuye de manera más sostenida al diferencial de inflación entre España y la Unión Económica y Monetaria". Según calcula el organismo, el sector servicios, en septiembre aportó 0,64 puntos de los 1,22 totales, frente a los 0,24 puntos que supuso la energía en el diferencial con Europa.
De hecho, el Banco pone el foco en dos sectores concretos: "el turismo y la hostelería, cuyo peso en la cesta de consumo es mayor en España que en la UEM y cuyos precios crecen a un ritmo mayor en España". Es decir, el gasto en restaurantes, hoteles y otros servicios similares influye más en el cálculo de la inflación española que en el de otros países europeos porque estos sectores tienen un mayor peso sobre el PIB que en el resto de países.
Y es que España podría alcanzar este año los 100 millones de turistas internacionales (sería el segundo país del mundo en lograr esta cifra, tan solo por detrás de Francia), lo que incrementa la presión sobre hoteles, restaurantes y otros negocios, especialmente en los destinos con mayor afluencia. Así, cuando la demanda crece más deprisa que la capacidad para atenderla, los establecimientos elevan sus precios. Algo que queda registrado en el INE, donde el crecimiento de la inflación de estas actividades económicas se sitúa a doble dígito desde la pandemia.
En la misma línea lo explicaban este martes desde BBVA Research durante la presentación de su informe Situación España. "El crecimiento relativo de la demanda agregada con respecto a la oferta en España es mayor que en Europa". No obstante, no solo atribuían al turismo este diferencial; el centro de estudios también apuntó al crecimiento de la población y al incremento del precio de la vivienda como factores determinantes.
El crecimiento de la población añade presión sobre esta demanda. España recibe cada año alrededor de medio millón de inmigrantes, a los que se suman los jóvenes que se emancipan y los nuevos hogares que se forman cuando las familias se separan. Todos ellos necesitan vivienda, transporte, alimentación y otros bienes y servicios. Y, cuando el número de consumidores aumenta más deprisa que la capacidad de las empresas para atender sus necesidades, los precios suben. La vivienda es uno de los ejemplos más visibles de este desequilibrio. La demanda de alojamiento crece mientras la oferta no consigue incorporar suficientes inmuebles al mercado, lo que contribuye a mantener las subidas de precios a la compra y alquiler en tasas de dos dígitos en los últimos años.
Los servicios explican toda la brecha en la inflación subyacente
La inflación subyacente permite observar con mayor claridad las presiones sobre los precios más allá de los movimientos de la energía y los alimentos no elaborados, cuyos precios suelen experimentar mayores oscilaciones. Al excluir estos componentes del cálculo, se puede analizar mejor si el encarecimiento se está extendiendo al resto de la economía. Pues bien, en este indicador España también se ha distanciado del promedio europeo: en septiembre, el diferencial alcanzó los 0,99 puntos porcentuales y, según el Banco de España, 0,92 correspondieron a los servicios.
Su evolución es ahora uno de los indicadores que siguen de cerca los gobiernos, bancos centrales y centros de estudios, porque permite observar si el shock energético provocado por la guerra en Irán termina trasladándose de forma más generalizada a los precios. No obstante, BBVA Research señaló que, por el momento, este contagio no está reproduciendo la intensidad que alcanzó en 2022, lo que alivia las expectativas.
Los datos del INE revelan que desde marzo, la inflación subyacente se ha mantenido relativamente estable, en una horquilla de entre el 2,9% y el 3,1%. Sin embargo, cuanto más se prolongue el conflicto en Oriente Medio, mayor será el riesgo de que el encarecimiento de la energía termine trasladándose al resto de los bienes y servicios y presione al alza este indicador en los próximos meses.
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