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La ruptura con BBVA deja una incógnita en el futuro de Sabadell

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Sede de Sabadell. Europa Press

La ruptura de las negociaciones con BBVA devuelve a Sabadell a la casilla de salida. Sin cerrar la puerta a intentar otra operación corporativa, el futuro a corto plazo de la entidad que preside Josep Oliu pasa por continuar en solitario e intentar capear la tormenta que ha traído el Covid-19, que será, sin duda, una prueba de resistencia para la banca.

Los próximos meses van a ser muy complicados para los bancos españoles, que deberán que enfrentarse a la resaca que traerá la crisis económica en forma de morosidad y Sabadell no va a ser una excepción.

En busca de su propio rumbo, el banco lleva meses deshaciéndose de partes importantes de su negocio, como su gestora de fondos, que vendió hace diez meses a Amundi por 430 millones de euros.

Previamente, en el verano del pasado año, hizo lo propio con Solvia, su servicer inmobiliario, que quedó en manos de Oaktree tras desembolsar el fondo 882 millones de euros por él.

El viernes, tras conocerse la ruptura con BBVA, además, el banco se dio prisa en comunicar al mercado sus nuevos planes, que pasan por continuar en solitario, centrarse en el mercado español y analizar «alternativas estratégicas de creación de valor» en relación con sus activos internacionales. Eso implica la venta de TSB, para la que ya ha contratado a Goldman Sachs, según Reuters.

Precisamente, con su filial británica comenzaron las cosas a torcerse para Sabadell. El banco compró la entidad por 2.300 millones de euros hace unos cuatro años, pero no migró su tecnología a su propia plataforma hasta 2018. La operación, una de las fases más complicadas de una integración entre dos entidades, dio numerosos problemas a los clientes, que terminaron costando al banco unos 460 millones.

Desde entonces, el banco, que siempre ha defendido la continuidad de TSB dentro del grupo, ha intentado encontrar su rumbo, una búsqueda en la que ha dado pasos para intentar unirse a Bankia en 2018 y a BBVA en las últimas semanas, pero ambas negociaciones han terminado dando al traste y al banco se le van acabando las opciones.

Sabadell presentará en el primer trimestre del año que viene un nuevo plan estratégico que dará un paso más en la búsqueda de eficiencia, con impacto neutro en capital, según ha desvelado ya.

Sentencia del mercado

En las quinielas sobre la segunda ola de fusiones que los bancos viven en menos de una década siempre aparece el nombre de Sabadell, por lo que el anuncio oficial de sus negociaciones con BBVA entusiasmó al mercado. La ruptura lo decepcionó.

El rompecabezas de la fusión con BBVA encajaba perfectamente para el mercado, como ha demostrado durante las últimas semanas. No solamente las casas de análisis daban su bendición a la fusión, sino que, nada más anunciar el banco azul la venta de su filial estadounidense, los inversores se lanzaron desde el primer momento a la compra de títulos de Sabadell, lo que los encareció casi un 25% en una sola sesión. La euforia continuó al día siguiente (+6,8%).

En las dos semanas que han pasado desde que se confirmaron las negociaciones hasta que se ha anunciado la ruptura, en las que ha habido algunas sesiones con fuertes caídas, el banco ha acumulado una subida en bolsa del 20%, que ha perdido casi al completo en una sola jornada, la del viernes pasado, en la que se anunció el fin de las negociaciones.

En ese mismo plazo, la cotización de BBVA se encareció un 18%, pero la evolución ha sido muy diferente que en el caso de Sabadell. Los inversores castigaron con fuerza a las acciones de BBVA en la sesión inmediatamente posterior a la confirmación de las negociaciones (-4,4%) y aplaudieron la ruptura diez días después (+4,99%). El mercado ha dejado clara su sentencia.

Algunas voces del sector hablan de la posibilidad de que ambos bancos retomen más adelante las negociaciones para su fusión, que se han terminado rompiendo por cuestiones económicas.

Sabadell ha elegido su destino renunciando a unirse a un BBVA que infravaloraba sus activos y ahora deberá descubrir si puede sobrevivir en solitario o necesita un compañero de viaje. La puerta, por el momento, no está cerrada.

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