Manifestación en Pamplona en defensa de la bandera navarra,

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España | Navarra

Las cinco facturas del 'avispero' navarro

La intención del PSN de apoyarse en el nacionalismo vasco, Podemos y la abstención de Bildu para gobernar Navarra, puede convertirla en la pieza de dominó que desestabilice acuerdos en todo el país y fracture al PSOE y sus alianzas

De los avisperos es difícil salir indemne. Demasiados riesgos que sopesar. La opción más favorable pasa por saber minimizar daños. Navarra es desde el pasado domingo un avispero político repleto de amenazas y riesgos. En realidad, lo ha sido desde hace tiempo. La Comunidad Foral es un enjambre agitado a conveniencia en ocasiones, apaciguado otras pero siempre empleado para dejar heridas abiertas. Su historia reciente está repleta de ejemplos, de heridas y heridos. En apenas dos semanas se habrá desvelado quién y a quién se clava el siguiente aguijón, y algo más, si la picadura deja consecuencias y de qué tipo.

El baile por ocupar el Gobierno de Navarra, y en menor medida el Ayuntamiento de Pamplona, tiene por ahora una sola bailarina en la pista: el Partido Socialista. En torno a él otros miran animando y algunos observan con la esperanza de que la música cese y sea su turno para salir a la pista. La líder del PSN, María Chivite, se ha propuesto intentarlo, encontrar parejas de baile hasta que el cuerpo aguante. La próxima semana sacará a bailar a quienes ya le cortejan y ella está dispuesta a cortejar: Geroa Bai, Podemos e Izquierda-Ezkerra. De lejos, mira con soberbia EH Bildu: sabe que tiene la llave de la sala de baile.

El juego de ‘apareamientos’ forales, a los que solía aludir el histórico dirigente del PNV, Xabier Arzalluz, tras unas elecciones, no sólo será determinante para Navarra. La clave de los contactos ya convocados por los socialistas pasa por conocer el precio de las facturas que se tendrán que pagar por gobernar. La mayor parte de los expertos coincide en que tome la decisión que tome, María Chivite, la secretaria general del PSN, tendrá que abonar un precio elevado. Su disyuntiva será decidir cuál es el más asumible; si gobernar Navarra en una suerte de ‘pentapartito’ liderado por ella pero junto a un enjambre de socios (PSN-Geroa Bai-Podemos-Izquierda/Ezkerra y cogidos siempre de la mano de EH Bildu), o ceder el paso a quien ha ganado, por mucho, las elecciones –Navarra Suma- con la esperanza de un mandato breve y convulso.

El PSOE desautorizó en 2007 al PSN un acuerdo de Gobierno con NaBai y que permitió a UPN acceder al Ejecutivo foral

La historia política de la Comunidad Foral, y la de las formaciones constitucionalistas en particular, muestra todo tipo de escenarios en Navarra: pasos atrás de la izquierda para que gobierne la derecha y evitar al nacionalismo, breves gobiernos de coalición UPN-PSN, desautorizaciones de Ferraz a acuerdos de gobierno entre socialistas y nacionalistas vascos, gobiernos en solitario de la derecha, de la izquierda…

El camino que ya ha comenzado a dibujar Chivite, el del ‘pentagobierno’ de izquierdas “progresista” apoyado en formaciones abertzales para evitar a la derecha, es sólo una variable más de la inacabable geometría variable de Navarra. Las dos semanas para evaluar los costes de las cinco facturas del avispero navarro ya están en marcha.

Fractura interna

La líder del PSN ya ha dejado clara su preferencia, gobernar a toda costa apoyada en el cuatripartito al que el PSN ha cuestionado con una dura oposición toda esta legislatura. Los últimos cuatro años los socialistas navarros han ejercido junto a UPN un enfrentamiento casi unánime sobre muchas de las cuestiones que han marcado el Gobierno ‘del cambio’ de Uxue Barkos. Su política de símbolos, la gestión educativa y linguïstica, los discursos identitarios… El viraje al que se vería ahora forzada para acceder al Ejecutivo y sustituir a Barkos requeriría apoyarse en EH Bildu. El PSN ya ha insistido en que no lo hará de modo expreso, que no pactará con la coalición de Arnaldo Otegi. En realidad, no le haría falta, Geroa Bai podría hacerlo por ellos. Chivite ya se ha adelantado al asegurar que si se abstienen el PSN no lo podría frenar. Dejarse querer.

Pero en Navarra las fracturas ideológicas están muy marcadas, incluso entre las familias políticas. A la tradicional triple clasificación social entre derecha foralista, izquierda constitucionalista y nacionalismo que dibuja la sociedad, se debe sumar los dos mundos que también oculta el PSN. El socialismo de dos almas, el vasquista y el tradicional, el del norte de Navarra y el de la Ribera. El primero quizá entendería la jugada de alianzas que explora ahora Chivite, el segundo difícilmente. “Hay sectores dentro del socialismo navarro que no entenderían que se entregue el PSN a las fuerzas que conformaron el cuatripartito, cuando han estado vendiendo que querían acabar con él”, asegura Carlos Barrera, director del Master de Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.

Hay sectores del socialismo navarro que no entenderían entregarse al cuatripartito contra el que el PSN ha ejercido una dura oposición»

Ella no es la primera que está intentando entenderse con los soberanistas navarros. El precedente en sus filas no es tan lejano. En agosto de 2007, el entonces candidato a la presidencia del Gobierno de Navarra, Fernando Puras, fue desautorizado por Ferraz por intentarlo. El PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero le paró los pies. Su acuerdo con el nacionalismo moderado que entonces representaba NaBai, liderado también por Barkos, enfilaba ya el camino hacia el Ejecutivo foral. La tensión interna en el PSOE frenó la operación y Puras dimitió.

Por ahora, Chivite se ha jugado su palabra. “En campaña se entendía que lo subrayara, que dijera que nunca permitiría que gobernara Navarra Suma, pero es que ahora está insistiendo en ello sin tener mayoría”, asegura Jordi Rodríguez Virgili, miembro en Navarra de la Asociación de Comunicación Política (ACOP). Asegura que con esa posición asume riesgos que pueden pasarle factura a ella y al partido: “Ella está demostrando una tremenda ambición por ser presidenta, incluso asumiendo grandes costes. De serlo, lo haría en un escenario muy complejo, gobernando entre cinco partidos y estando siempre su capacidad de gobierno en la mano de Bildu. De algún modo, dependería de la izquierda abertzale la aprobación de todas sus medidas, desde los presupuestos hasta las leyes”.

En esta situación, Rodríguez Virgili cree que alcanzar acuerdos será muy complicado. No descarta que nadie pueda lograr los 26 escaños necesarios para tener mayoría en el Parlamento de Navarra: “Eso nos llevaría a una repetición de elecciones en tres meses. O Chivite se suma a la abstención de Bildu o Ferraz le ordena que deje gobernar a Navarra Suma, no hay más opciones”.

O Chivite se suma a la abstención de Bildu o Ferraz le ordena que debe gobernar  Navarra Suma, no hay más opciones»

Ni Chivite es Puras, ni Zapatero es Sánchez. Tampoco NaBai era… EH Bildu. Por el momento, el líder del PSOE no se ha pronunciado. El partido se ha limitado a asegurar que la izquierda abertzale no entraría en ningún caso en una fórmula de Gobierno pese a que a nadie escapa que sin ella la operación fracasaría. ¿Corre el riesgo Chivite de reeditar una desautorización a lo ‘Puras’?

Viejos y nuevos ‘puentes’, en peligro

En realidad, la solución pasa por encontrar la opción menos mala. Dejar a NA+ gobernar por ser la más votada o intentarlo con el cuatripartito derrotado en las urnas. Elegir bando en la política navarra puede dejar secuelas para muchos años. El socialismo en esta comunidad foral tardó en recuperarse del desgaste que la corrupción de los tiempos de Gabriel Urralburu marcó a la formación. Después llegó la fractura interna por el ‘caso Puras’. La amenaza pasa ahora por abrir nuevas heridas en forma de complacencia con el nacionalismo e independentismo vasco, que se sumarían a las que ya sangran con Cataluña.

Mirar hacia Euskadi satisfaría al PNV, hacerlo hacia el conjunto de España –dejando gobernar o incluso coaligándose con NA+-, abriría una zanja con el partido de Ortuzar. Esta semana lo advirtió la formación en palabras de su presidente en Guipúzcoa, Joseba Egibar: lo que suceda en Navarra repercutirá en España. Y en Euskadi, donde la reedición de numerosos acuerdos de coalición PNV-PSE en ayuntamientos y diputaciones está ahora en juego. En esos acuerdos también se incluye el intercambio de apoyos para la gobernabilidad de varios ayuntamientos vascos.

Por ahora, el partido no se ha pronunciado. El lunes su Ejecutiva decidirá cuál será su estrategia en Euskadi, en Navarra y en las dos Cámaras. Fuentes del PNV señalan que “no necesariamente una cosa estará conectada con la otra” para apuntalar poco después que como a cualquier otro, al PSOE le exigirán “una coherencia” en su toma de decisiones en la conformación de gobiernos: “¿No es legítimo que queramos formar parte del Gobierno de Navarra a través de Geroa Bai? Nosotros lo vamos a intentar”, aseguran fuentes cercanas a la Ejecutiva. Recuerdan que el PNV no es ningún recién llegado a la Comunidad foral, «lleva 115 años en Navarra» y por tanto no se le puede ver co o «un extraño» en todo este proceso. Advierten, un entendimiento entre Sánchez y Rivera e incluso un pacto entre ellos para dar una salida en Navarra, “sería algo que tendríamos que medir muy bien”.

PNV: «¿No es legítimo que queramos formar parte del Gobierno de Navarra a través de Geroa Bai? Nosotros lo vamos a intentar»

El temor del PNV está justificado. La formación de Albert Rivera no pierde de vista lo que el socialismo haga en Navarra. Cs se embarcó en una aventura con UPN y el PP en la Comunidad foral que les ha dado buenos resultados. El ‘laboratorio’ navarro para presentarse de manera conjunta bajo las siglas de Navarra Suma amplió hasta 20 los hasta entonces 17 parlamentarios que ostentaba la derecha, (15 UPN y 2 el PPN). Si finalmente el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, deja hacer a Chivite y permite su ‘pentapartito’, el puente en construcción con la formación naranja puede resquebrajarse.

Apoyos de legislatura ‘en el aire’.

Al PSOE no le sobran apoyos. No en el Congreso de los Diputados. Y varios de ellos Pedro Sánchez se los juega en Navarra. La izquierda abertzale ya le ha recordado que el paso que dé el socialismo puede ser determinante. También lo ha insinuado el PNV, con seis escaños en la Cámara Baja.

Por el momento, EH Bildu ya ha pedido al PSN que apoye a su candidato en el Ayuntamiento de Pamplona, Joseba Asirón, quien disputaría el sillón municipal a la candidata del PSN, Maite Esporrín.

En sentido contrario, cerrar el paso al acuerdo sustentado en una abstención de Bildu podría sumar votos inesperados a Sánchez. La coalición Navarra Suma obtuvo 2 escaños en el Congreso el pasado 28-A. Facilitar el Gobierno de Navarra, a través de alguna fórmula, podría llevar como contraprestración dos votos más en Madrid de la ‘derecha naranja’ navarra.

Ciudadanos forma parte NA+ que ha ganado holgadamente. Los de Rivera han convertido Navarra en un símbolo a proteger del nacionalismo

Una investidura que en el caso de la Cámara Navarra el profesor Barrera considera que podría salir adelante pero limitando sobremanera la capacidad de Gobierno de ese Ejecutivo liderado por Chivite: “Sería pan para hoy y hambre para mañana, la aritmética le puede dar para ser presidenta pero su acción de gobierno estará condicionada desde fuera del Gobierno por Bildu”. A ello suma el desgaste que en el seno del PSOE puede suscitar una decisión de este tipo fuera de Navarra, “sobre todo entre los menos ‘Sanchistas’, el sector de Susana Díaz, por ejemplo”.

Las dudas que ese movimiento suscitaría le perseguirían toda la legislatura, con cada decisión, con cada medida. «La factura interna de Navarra al PSOE le podría durar toda la legislatura, o el tiempo que dure el Gobierno. Con esos mimbres sería un Ejecutivo débil. ¿Dónde pondría el foco? ¿Geroa Bai cedería tanto como para diluirse en unas políticas no nacionalistas?», señala Barrera.

Condicionar poder territorial

Son los equilibrios, el Sudoku propio de cualquier periodo postelectoral. Tú me das, yo te doy. En estas dos últimas campañas, y en particular la relativa a las elecciones generales, ha situado el valor simbólico de Navarra y el País Vasco en niveles importantes. Lo ha hecho el PP pero también Ciudadanos. Casos como el de Alsasua, o el resurgir de algunos episodios de acoso procedente del entorno radical abertzale o la ley de símbolos y banderas ha hecho que pese a su debilitada implantación, Rivera y Casado doten de gran relevancia a los mensajes y gestos en esta comunidad autónoma.

Un peso que se ha intentado apuntalar esta última semana con el levantamiento del secreto de sumario sobre el proceso de diálogo entre el Gobierno de Zapatero y ETA en 2006. En la documentación que portaba José Luis López Peña, ‘Thierry’, ahora conocida, se puede leer que entre otros beneficios a la banda, el Ejecutivo socialista habría recuperado el ‘órgano común’ Euskadi-Navarra’ recogido en Loyola como propuesta a la banda. Barrera señala que este tipo de «filtraciones» forman parte del juego político ahora iniciado y que sólo pretende «evitar que el PSN se alíe con partidos soberanistas vascos»: «No le doy mayor importancia, creo que Zapatero ya está amortizado y conociendo el personaje nadie se ha extrañado».

Lo que suceda en Navarra amenaza con desencadenar una suerte de dominó de alianza o rupturas en el resto del país

En este contexto la decisión que el PSN finalmente adopte en Navarra puede convertirse en determinante en la orientación que tomen los acuerdos autonómicos, y en menor medida, municipales. Navarra puede ser la ficha del dominó que condicione el sentido de muchas alianzas. Es ahí donde uno de los socios de Navarra Suma, Ciudadanos, puede jugar un papel fundamental para logros que el PSOE considera esenciales, como la llegada al poder más de tres décadas después, al Gobierno de Castilla y León o en Aragón.

Credibilidad maltrecha.

En juego está también la factura de la credibilidad. Los intentos por desmarcarse de los guiños hacia el independentismo podrían frustrarse si ahora Sánchez accede a apoyarse en otro independentismo; el vasco. EH Bildu ya ha dejado claro tras los buenos resultados electorales que empleará su peso en las instituciones navarras, vascas y estatales para dar pasos hacia el soberanismo. La llegada al Gobierno de Navarra sería “un hecho” y no una mera insinuación o gesto.

El profesor Barrera asegura que si finalmente el PSN continúa adelante con su fórmula ‘pentapartita’ estará poniendo munición valiosa para la oposición para toda la legislatura: “Le estarían poniendo en bandeja un argumento muy fácil. Lo que hasta ahora ha hecho el PSOE con los independentistas catalanes serían gestos, pero esto un hecho consumado, un argumento para todos los partidos constitucionalistas contra Sánchez”.

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